Friday 02 de December de 2016

La hipnosis como novedad

Marco Antonio Flores Zavala      3 Feb 2014 21:00:08

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Publicidad que alude a los espectáculos de hipnotismo y adivinanzas. (Cortesía)
Publicidad que alude a los espectáculos de hipnotismo y adivinanzas. (Cortesía)
La ciudad de Zacatecas, al mediar enero de 1914, seguía siendo la capital del estado y sede de la jefatura de operaciones militares subordinadas al Gobierno Federal del general Victoriano Huerta.

En cambio, múltiples comunidades de Zacatecas eran controladas por grupos de rebeldes constitucionalistas.

Ellos todavía no tenían un mando militar único, pero reconocían a Venustiano Carranza como el jefe de su movimiento político nacional.

Los enfrentamientos entre huertistas y revolucionarios eran cotidianos. No diarios. Unas veces eran en los cañones de Juchipila y Tlaltenango, otras en la sierra de Valparaíso y al norte de Fresnillo.

Mientras la guerra civil sumaba escenarios y experiencia para los derrotados y vencedores, la vida cotidiana en la vetusta Zacatecas fue alterándose.

La afectación a la apacible estabilidad fue tanto por el asedio de grupos rebeldes, como por las distracciones públicas que impulsaron las autoridades.

Agréguense las intervenciones de empresas privadas que medraron merced a la tensión social existente.

Una acción gubernamental fueron los conciertos dominicales. Eran tres. Uno al mediodía, en el jardín Hidalgo (actual Plaza de Armas). Otro, a las 4 de la tarde, en la Alameda. El tercero era, otra vez, en el jardín Hidalgo, iniciaba a las 7:30 de la noche.

El primero estaba a cargo de la Banda del Estado, dirigida por el militarizado Carlos Wittman. El segundo por el grupo del primer regimiento, lo conducía el subteniente Julio Nungaray. El tercero lo tutelaba el subteniente José García, del 14 regimiento.

En el Salón Azul se ofertaban cintas italianas, como Robinet y Los últimos días de Pompeya.

La segunda fue promocionada varias semanas en los periódicos de la ciudad. La inversión que hizo la empresa cinematográfica indujo a solicitar el Teatro Calderón, con el fin de reunir más espectadores. Pero la petición fue negada.

La denegación se debió a que el teatro estaba rentado a la empresa de espectáculos Darnier Chic, cuyo número principal eran “los fenómenos telepático-adivinatorios”. Lo complementaban cupletistas cubanos con actuaciones “morales y de buen gusto”.

Con el afán de atraer más asistentes a su actuación, el hipnotista propuso a la dirección del Casino zacatecano, el club de la élite local, esconder un par de objetos en diferentes lugares de la ciudad.

Aceptada la invitación, el actor procuró los objetos. Los encontró teniendo los ojos vendados.

Durante el recorrido que hizo el actor, fue seguido por cientos de espectadores que finalmente disminuyeron la asistencia al concierto dominical del mediodía en el jardín Hidalgo y feligreses a la misa de Catedral.






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