Saturday 10 de December de 2016

La Iglesia de Cristo resucitado vive bajo la presencia y la acción del Espíritu Santo

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      24 May 2014 21:00:08

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En este domingo se anuncia la efusión del Espírito Santo sobre los apóstoles.  (Cortesía)
En este domingo se anuncia la efusión del Espírito Santo sobre los apóstoles. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
La cincuentena pascual como tiempo de Cristo resucitado en la liturgia y vida de nuestra Iglesia, nos presenta diversos aspectos o facetas de su rica personalidad como Dios y hombre verdadero.

Hemos venido contemplando con ojos de fe iluminada por gracia de Dios, que Jesús es nuestro buen Pastor; que es la puerta del redil que acoge y protege a sus ovejas.

Es la piedra angular que han desechado los constructores, pero que es sobre la cual se asienta el edificio de su Iglesia construida con piedras vivas que representan a todos los que creen en él y tienen la fuerza y la cohesión por el amor, en medio del mundo y de la humanidad que Dios quiere salvar con la mediación sacerdotal de su hijo, Jesucristo.

Dando ahora, en este domingo un paso adelante en nuestra contemplación de Jesucristo resucitado, lo comenzamos a ver como el dador del Espíritu Santo, quien anima y vivifica a la comunidad eclesial, inhabitada y llena de perenne juventud.

Precisamente la presencia y acción de este espíritu, con cuya energía, dones, carismas y frutos la hace ser fuente de vida para todos los creyentes que quieran responder libremente y con verdadero amor leal, al llamado de Dios para participar en la plenitud de vida que nos otorga a todos los hombres, por medio de Jesucristo y por medio de su Iglesia como comunidad del Espíritu Santo.

JESÚS PROMETE A LOS QUE CREEN Y ESPERAN EN ÉL, EL DON DEL ESPÍRITU SANTO
Dentro de dos domingos próximos, celebraremos jubilosos el Domingo de Pentecostés, que nos recuerda vivamente la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles y la Virgen María en el cenáculo de Jerusalén, para dar inicio a la expansión misionera y universal de la Iglesia.

Pero, en este domingo se anuncia ya esa efusión del Espíritu Santo.

En efecto, Jesús comunicó a sus discípulos y apóstoles que enviaría a ese paráclito o consolador que estaría con sus seguidores fortaleciéndolos y recordándoles todo cuanto él les había enseñado y para que fuesen testigos de su resurrección en medio de los hombres de todos los pueblos, naciones, idiomas y culturas, a los cuales serían enviados.

El evangelio de este domingo nos dice: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro paráclito para que esté siempre con ustedes, el espíritu de la verdad.

El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; ustedes, en cambio, sí lo conocen, porque habita entre ustedes y estará en ustedes”.

Indudablemente, la inhabitación del Espíritu en los creyentes, es la nueva forma de vivir del Señor resucitado entre sus discípulos por siempre.

Este espíritu de Cristo es el que mantiene unida a la comunidad pascual, como ahora la nuestra en esta eucaristía y la impulsa para que con audacia los creyentes seamos auténticos y comprometidos testigos de su resurrección de entre los muertos.

El término de paráclito, significa abogado, defensor, testigo interior y exterior, que actúa en defensa de Jesús, portavoz que habla en su nombre cuando es juzgado por sus enemigos: maestro y guía de sus discípulos, consolador y el que asegura por la fe viva y comprometida de los cristianos, la presencia del espíritu en la Iglesia y en el mundo a salvar, según los designios de Dios Padre.

El evangelista San Juan, nos presenta al Espíritu Santo en una misión bien concreta: ser la presencia personal de Cristo junto a los cristianos que glorifican su nombre, mientras el mismo Jesús permanece junto al Padre para interceder siempre por sus discípulos, con la eficacia y el poder de su resurrección, como prenda y arras de la futura gloria que todo creyente en él, quiera alcanzar y conquistar con su poder y gracia de resucitado.

Completando un poco más, la fisonomía del Espíritu Santo que Cristo promete a los suyos, podemos esbozar, que el Espíritu de Cristo, es el que acompaña, asiste, sostiene, aboga, ruega, procura, aconseja, ilumina e intercede y es el que ayuda a desarrollar y comprometer la fe de lo seguidores de Cristo Jesús, en la misma Iglesia y ante el mundo tan complejo y difícil en el cual los cristianos han de ser luz del mundo y sal de la tierra.

DEJÉMONOS LLEVAR POR LA ACCIÓN VIVIFICANTE DEL ESPÍRITU SANTO
Completo esta homilía con una exhortación para ser dóciles y activos testigos de Cristo por su espíritu en nuestras vidas, trabajos y en el desarrollo de nuestra misión evangelizadora para que los hombres creamos en Dios y nos salvemos.

El Espíritu Santo prometido por Cristo a su Iglesia está presente en las alegrías y sobre todo en las penas, enfermedades y pruebas que nunca faltan, ni faltarán a todos los que transitamos por este mundo en pos de la vida plena y feliz que Cristo resucitado nos promete alcanzar con la ayuda del Espíritu Santo.

Estamos llamados a ser los heraldos audaces y valientes para proclamar ante el mundo, de que a través de pruebas, dificultades y retos que la existencia nos presenta siempre, triunfaremos más allá de la muerte con la seguridad que estaremos con Cristo, luz de resurrección, para toda la eternidad.




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