Thursday 08 de December de 2016

La incompetencia electoral que se avecina

J. Luis Medina Lizalde      7 May 2014 23:00:06

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Cuando el gobernador Miguel Alonso Reyes se dirigió a los integrantes del gabinete ampliado para conminarlos a afiliarse al PRI o renunciar “ahora que ya se acerca el 23 de marzo”, con ello dejó sin margen de maniobra a los que hubieran preferido mantenerse al margen de la actividad partidista.

Se sabe que no son aceptados por el priísmo, que se considera desplazado por quienes durante los dos últimos sexenios eran connotados perredistas y ahora con el PRI formalmente en el poder se mantienen por tercer sexenio consecutivo en el primer círculo del poder local.

La incomodidad que el episodio les provocó duró poco (a mí me lo contaron cuando acababa de suceder). Veteranos en el arte de obedecer obedecieron.

Cualquier gobernante en cualquier parte del mundo, por regla general, designa colaboradores de su propio partido y de su personal confianza, sin que eso se considere lesivo a la democracia, pero una vez que se designa a un colaborador y este carece de credenciales partidistas, su permanencia no puede ser condicionada a una filiación partidista sin atentar contra la libertad del individuo.

La desafortunada reiteración de partidismo gubernamental hace inatendible cualquier gesto de acercamiento con las fuerzas opositoras. Todavía no se entiende que si para alguien es fundamental la interlocución con el entorno y sus actores, también lo es para el que cumple la función de gobernar.

Sin embargo, ¿cómo hacerlo cuando el convocante, por su propia voluntad, en vez de asumirse por encima de las partes susceptibles de ser convidadas al encuentro, se asume tan solo como una más? En todo caso, nada impide que los líderes de cada partido se autoconvoquen y dialoguen. De hecho y de informal manera siempre lo hacen, a pesar de la rutinaria rijosidad declarativa.

Valvos peléandose por un peine
Zacatecas no vive al borde de la ingobernabilidad por la falta de músculo de los grupos en pugna. En Jerez, el cabildo se amotina contra sí mismo sin conciencia alguna de su patético extravío; en Sombrerete la discordia amenaza con abrir un periodo de parálisis tan ominoso como el del conflicto minero; el Congreso local está en acelerada pérdida de peso.

El fracaso de las alternancias federal y local se origina en la reproducción del mismo comportamiento autoritario de parte de los opositores que accedieron a gobernar, desembocando todo en la frustrante debilidad política de nuestro estado. Diego Fernández de Cevallos solía argumentar que “donde no hay competencia, hay incompetencia”, en referencia a la ausencia de vida democrática.

En efecto, cuando estamos en un sistema político donde lo que pavimenta el éxito político es la incondicionalidad y no la capacidad, donde ofrece mejores resultados callar lo incómodo y adular sin límite que la capacidad y la congruencia, no es razonable esperar calidad en la gestión de los intereses colectivos.

Es hora de tomar conciencia de que el autoritarismo envuelto en apariencias democráticas produce políticos estériles para el interés general, obedientes hasta la abyección como subordinados y arbitrarios al extremo cuando les toca mandar.

En una fase de descomposición aguda, en otras entidades se procede contra corruptos; en Zacatecas ni siquiera tenemos la certeza de que las notas periodísticas que aluden a graves desfalcos, endeudamientos, desvíos, fraudes y demás lindezas son hechos reales o filtraciones interesadas en quemar adversarios. No hay instituciones capaces de hablar de frente y con los pelos en la mano.

Cayendo y levantando
La política es una válvula de escape al desempleo, muchos activistas no tienen más motivación que encontrar trabajo una vez que triunfe su candidato. El candidato triunfante, una vez en ejercicio del cargo, no puede escapar a la maldición de ser el verdugo de unos a los que debe correr, el odioso favorecedor de otros a los que les da empleo por servicios en campaña y la gran desilusión de otros a los que no le fue posible acomodar.

La inmensa mayoría de nuestros políticos tienen vida mientras tienen puesto desde el cual puedan otorgar favores. Cuando no es el caso, nadie se acuerda de su cumpleaños ni recibe arcones de navidad. Solo unos cuantos son capaces de mantener la atención pública en torno a sus definiciones sobre los temas de interés general.

La partidización del gobierno, al cargar los dados en favor de un partido, impide la sana competencia mediante la cual se forjan políticos competentes. Si aspiramos a mejores regidores y presidentes municipales, mejores diputados y gobernadores que los que nos han tocado, dejemos la simulación y abramos las puertas a la real competencia democrática.

Muchos de los males que nos atosigan se originan más en la incapacidad que en la mala fe.
Nos encontramos el lunes en El recreo.




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