Tuesday 06 de December de 2016

La influenza nos agarró mal parados

J. Luis Medina Lizalde      2 Feb 2014 21:00:05

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De las cifras que dé el doctor Raúl Estrada Day sobre enfermos y fallecidos por la influenza, la duda y la convicción de que miente serán mayoritarias, aunque nos esté diciendo la verdad. Esto es porque lo hace en un país donde la mentira oficial es cosa de todos los días.
Si en el pasado no dimos por buenas las cifras oficiales de caídos en la matanza de Tlatelolco ni el número de muertos por el terremoto de 1985, ahora nos reímos abiertamente del “descenso” de homicidios en un 30% respecto al año anterior que presume Peña Nieto.
Tal carencia de credibilidad facilita que los opositores al régimen lo acusen en automático de minimizar la realidad sin la necesidad de sustentar su dicho y con más probabilidades de que la gente les crea, aunque de todos modos no pasa nada debido a que, a diferencia de otras sociedades, todavía no castigamos con severidad penal y política el acto de mentirle a los ciudadanos desde la función pública.
No obstante, el régimen es un presentador de cifras destinadas a la controversia y al reducirse a eso empobrece la visión colectiva sobre las realidades dudosamente cuantificadas. Así lo constatamos con la comunicación oficial respecto a la grave temporada de influenza que azota a la República, donde se han usado muy mal las posibilidades gubernamentales de hacer de la difusión de la información preventiva una herramienta de salud.
¿No hubiera sido mejor utilizar los convenios con los medios de comunicación para divulgar exhaustivamente lo que se puede hacer para prevenir el contagio? Nos dicen los que saben del tema que no es el mejor momento para acudir a instalaciones hospitalarias si no tenemos estricta necesidad de hacerlo, que hay que portar cubrebocas, que rehusemos el contacto físico al saludar, que evitemos las aglomeraciones, etcétera.
Tanto dinero público que se despilfarra difundiendo intrascendencias en vez de dar a conocer suficientemente, en casos como el que nos ocupa, todas las precauciones al alcance.


¿Qué falló esta vez?
Una vez que lo urgente cede paso a lo importante, es momento de que los zacatecanos sepamos si las vacunas contra la influenza AH1N1 estuvieron disponibles en el momento oportuno o si, como todo parece indicar, llegaron a destiempo y en cantidad insuficiente. Lo mismo hay que responder en torno a la posibilidad de desabasto de los medicamentos que se requieren para combatir el mal.
De ser así, la responsabilidad de la deficiente respuesta a la epidemia corresponde al Gobierno Federal, pero en un régimen altamente centralizado que hace de la preservación de la buena imagen su preocupación principal. Es difícil encontrar autoridades estatales dispuestas a decir la verdad incómoda para las altas jerarquías, prefiriendo muchas veces asumir culpas que no les corresponden.
Con todo y que de la Federación dependen muchas de las posibles soluciones en materia de salud, las fallas estatales que se acumulan a través de los sexenios juegan un papel no menos importante. Una de mucha trascendencia estriba en la grosera partidización de las estructuras de salud (igual que otras).
Es práctica reiterada utilizar la inserción territorial de los servicios de salud en los procesos electorales, lo que crea la necesidad de que, más que el perfil profesional, se toma en cuenta el alineamiento político a la hora de los nombramientos en los puestos de mediana y elevada jerarquía. Tal circunstancia introduce severas distorsiones en el funcionamiento del sector salud en perjuicio de la población.



Poco y mal aprovechado
Además, somos muy malos para usar óptimamente lo que tenemos. ¿Se acuerda usted de los años perdidos en la inacabable remodelación del edificio de Tesorería? ¿Dónde quedó la programación intensiva del Palacio de Convenciones? ¿Se ha puesto a contar los días del año en que se utiliza el Teatro Ramón López Velarde?
Todo esto viene a colación por el calvario cotidiano originado en la falta de camas de hospital suficientes para atender la demanda, al mismo tiempo que tenemos desde hace más de tres años el anterior Hospital Civil totalmente desperdiciado, en espera del anunciado Hospital Infantil.
Por distintos rumbos del estado se han inaugurado centros de salud sin médico y vemos a muchos médicos y enfermeras haciéndose pedazos en dichos centros por falta de medicamentos. El sector salud es empleador de personal altamente calificado en condiciones precarias, sin prestaciones ni salario digno y sí con muchas responsabilidades.
El debate esclarecedor se necesita, la indiferencia de la clase gobernante terminará el día que no puedan atenderse en la medicina privada con cargo a los impuestos. La tarea de pensar la salud corresponde a la comunidad médica y a los ciudadanos.
Nos encontramos el jueves en El recreo.
luismedinalizalde@gmail.com
twitter: @ luismedinalizal




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