Thursday 08 de December de 2016

La Isla de las Muñecas

Raúl Muñoz del Cojo      31 Oct 2014 19:29:35

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Este fin de semana tendremos la experiencia de vivir otro Día de Muertos, fecha que si es celebrada como nuestras costumbres mandan expone a todo el mundo lo más profundo de nuestras raíces y tradiciones y muestra la manera tan peculiar que tenemos los mexicanos de ver la muerte.

Si recuerda, para estas fechas hemos publicado calaveras y compartido la manera correcta de hacer altares de muertos y su significado. Ahora, a sabiendas de las leyendas que se escuchan para estas fechas, le platicaré de la Isla de las Muñecas en Xochimilco.

Este lugar es una de las 16 delegaciones del Distrito Federal en México. Se localiza al sureste de la capital mexicana y posee una superficie de 122 kilómetros cuadrados. Los orígenes de Xochimilco se remontan a la época prehispánica y, desde el periodo preclásico mesoamericano, sus riveras e islas fueron el hogar de diversos pueblos de filiación desconocida.

Al inicio del posclásico, Xochimilco era un importante Altépetl que fue sometido por los mexicas en el siglo 15. Durante la colonia y los primeros años de vida independiente de México este territorio se convirtió en el principal proveedor de alimento para la ciudad de México. Xochimilco tiene particular importancia por la existencia de las chinampas. Son el testimonio de una antigua técnica agrícola mesoamericana que fue desarrollada y compartida por varios pueblos del Valle de México.

Tras la desecación de los lagos del Anáhuac, solo Xochimilco y Tláhuac conservan la chinampería. Por ello, es uno de los principales destinos turísticos del Distrito Federal que atrae a visitantes mexicanos y del extranjero. Gracias a esto, la UNESCO proclamó las chinampas de Xochimilco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Esta leyenda no es vieja, se remonta al último cuarto de siglo pasado; sin embargo, por méritos propios, se ha hecho del clamor popular en estos días. En los canales de este turístico lugar se encuentra la famosa Isla de las Muñecas, cuyo único habitante, don Julián Santana, se aposentó desde mitades de los años 70 y permaneció en ella por más de 25 años. Los lugareños lo ubicaban como un viejo ermitaño y para otras personas simplemente era un anciano que daba pavor.

Ese mismo temor del que le hablo se sentía cada vez que se pasaba frente a su chinampa. El frente de su choza se caracterizaba por tener en la periferia a cientos de muñecas colgadas de troncos o puestas en estacas que a este hombre servían para “espantar el espanto”.

Se dice que en los 50 este ilustre personaje paseaba por los barrios de Xochimilco con su carretilla de verduras y hortalizas que él mismo cultivaba, las cuales llevaba a vender siempre al tianguis con su calzón blanco amarrado a las rodillas y un jorongo. Al término de su venta, acudía a una pulquería llamada Los Cuates, pero a ninguno de los clientes le dirigía la palabra, ya que era sumamente retraído.

Tiempo después le dio por pregonar la palabra de Dios y lo hacía en cada esquina, sin importarle que en aquella época hablar de Dios y no ser sacerdote podría ser tomado como sacrilegio para la grey católica. Por eso, como no tenía autoridad sacerdotal, fue agredido varias veces por el pueblo.


Después le dio por recoger en todos los barrios las muñecas que estaban tiradas en la basura, luego el hombre se perdió y debido a lo antisocial que era, nadie tenía información de dónde se encontraba o si aún vivía.

Dicen las leyendas urbanas que don Julián empezó a poner muñecos para ahuyentar el espíritu de su hija ahogada. Según uno de sus sobrinos, la historia es otra: este personaje comenzó a poner muñecas debido a las apariciones de una mujer ahogada en esas aguas y para calmarla comenzó a tomar las muñecas abandonadas o perdidas en los canales.

En los 90, cuando se realizó el rescate ecológico de Xochimilco, debido a que estaba totalmente invadido por el lirio acuático, llamó mucho la atención que en aquella chinampa viviera un ermitaño con una choza rodeada de muñecas.

Al principio este viejo ermitaño no quería decir nada de sus muñecas hasta que un día lo hizo; así cuando nos enteramos de que las muñecas las había puesto para que mejoraran sus cosechas y alejaran de su territorio a los malos espíritus. Comentaba también que las muñecas se le aparecían de repente y eran quienes le hacían compañía la mayoría de las noches.

Este hombre tenía una muñeca preferida que era la Moneca y de todas las chozas que tenía, siempre la trasladaba de un lugar a otro, ya fuese para que lo ayudaran en la confección de mulitas con hojas de maíz o de cruces hechas con pedazos de madera.

Actualmente la isla sigue desarrollando sus propias leyendas. Por ejemplo, se dice que una vez un turista simuló tener sexo con una de las muñecas y murió días después de su visita. Otras leyendas dicen que en ocasiones los mecanismos rotos de las mismas funcionan nuevamente y lloran pidiendo a su mamá.

Como verá, la leyenda actual es tan valiosa como las de antaño. Vayamos a Xochimilco y disfrutemos como cada año del Día de Muertos y las historias que lo acompañan. Hasta la próxima.




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