Sunday 26 de February de 2017

La Pamplonada, invento de Kacho de la Torre

Javier Torres Valdez      13 Jan 2014 20:30:06

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A las nuevas generaciones de paisanos quizá les pueda parecer novedoso, extraño, fuera de contexto, superficial o vulgar, la celebración de un evento que solo resulta una modesta copia del que año con año es celebrado en la provincia de Pamplona, España.

Para los que somos más viejos, no nos parece así, pues en nuestras mocedades vimos varias veces como se “encosaban” los toros que debían de lidiarse en las dos corridas de la feria de primavera.

Por aquellos entonces, el perímetro de nuestro pueblo era muy reducido: sus límites eran hacía el norte la calle Galeana, hacia el sur la calle Alameda, al oeste la calle Alameda Poniente y rumbo al oriente, el cauce del río.

Las ganaderías contratadas eran por lo general de El Saucillo del general Anacleto López Morales, del jerezano Jesús Cabrera o Valparaíso.

Los toros eran transportados por tierra, acompañados por media docena de cabestros (toros mansos) y al llegar a la población, se adelantaban algunos de los jinetes que a caballo acompañaban a los bureles, para prevenir a los habitantes, al grito de ¡viene toro, viene toro...! La gente cerraba sus puertas y por las rejillas, ventanas o barandales se asomaban a ver la llegada de los ejemplares.

En el carnaval, era celebrada una corrida de toros y decían que como estuvieran los festejos de carnaval, así estaría la feria de primavera, pues se suponía que el carnaval era solo un preparativo.

Desde aquellos ayeres, existía el desfile de mascaritas, que era organizado por algunos entusiastas, entre los que podemos recordar a Santos y Ramón Ávila, La Lupa, El Rorro Cid, Juancito, La Juaniquilla, Reyitos y quien esto escribe.

De mi memoria se escapan algunos nombres y espero que de aquellos que ahora quedan, alguno me aporte datos, para hacer más vivo el relato.

La plaza de toros cubría las necesidades y el eterno juez de plaza era Chema Díaz, padre de una de las mujeres más guapas que haya tenido Jerez; nos referimos a Vivy Díaz, mujer famosa por su belleza.

En aquellas memorables tardes de toros existía la costumbre de que la “palomilla” que asistía a sol, se divirtiera gritando calificativos a los de sombra. Esos gritos eran en su mayoría chuscos e ingeniosos, pero al calor de las copas, se tornaban agresivos. Para calmar a la “plebe”, algunos de los matadores, por indicaciones de Isidro de Santiago les brindaba un toro y les pedía silencio.

A las gradas de sol, asistían tres locos, a saber: El Loco Castellanos, El Loco Flores y El Loco Chávez. El primero de ellos buen futbolista que militó en el equipo Huracán, y los dos restantes magníficos beisbolistas. El temor a sus gritos hacía que comerciantes se encargaran de sufragar los gastos de las bebidas que se consumieran.

Carlos Acuña, hijo de don Pepe Acuña Novoa, era el encargado de prepararles su “cuba gigante” a todo el grupo de gritones, pero como en la puerta se oponían a dejar pasar botellas de vino, Carlitos conseguía un garrafón de aproximadamente 20 litros, le ponía hielo, 4 litros de tequila y lo llenaba con refresco de cola, luego compraban unas barras de hielo, la partían en tres pedazos, desechaban uno, metían otro en un costal con paja, luego el garrafón y al final el otro pedazo de hielo, para evitar que se rompiera el contenedor de cristal, metían una tabla para darle solidez y poderlo cargar, así lograban meterse dos personas sin pagar boleto.

Hubo algún carnaval, cuyo año no puedo precisar, que hubo corrida de toros el primer domingo, charlotada el jueves y novillada el segundo domingo, la charlotada siempre era con jóvenes de la localidad, La Ticha, El Gorupo (grande), El Judas, Memín Varela , El Rompenubes, Javier Torres y El Chilano, en su momento fueron un éxito, pues tampoco faltaban los hombres de aserrín, ponían banderillas sentados en una silla, de rodillas, se hacía la suerte de Don Tancredo y se realizaban “pegas” con los hombres gordos.

No fueron pocas las veces que hubo que animar a los paisanos con un buen “pajuelazo” de tequila para que se animaran y le salieran al toro y al final de su corrida, salían abrazados para dar una vuelta al jardín, acompañados del famosísimo tamborazo de Severo.

 




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