Thursday 08 de December de 2016

La pasividad ciudadana, apuesta autoritaria 

J. Luis Medina Lizalde      5 Jan 2014 20:30:04

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Tan seguros están en el Gobierno del Estado de la pasividad de los afectados, que esta vez se decretó el incremento de precio del pasaje del transporte urbano sin recurrir a las tradicionales coartadas para justificar la medida.

En esta ocasión se ahorraron las promesas de renovación de la planta vehicular, los cursos a los choferes para el trato amable y hasta la exigencia de que los mismos se pusieran corbata, que en algunas ocasiones esgrimieron como argumentos para autorizar las alzas.

Además del autoritarismo extremo, podemos notar que un segmento de concesionarios hizo patente que la medida los tomó por sorpresa y aventuraron la explicación de que, tras el anuncio, subyace la intención de “echarles encima a la opinión pública” y lograr de ese modo derrotar las resistencias al proyectado Metrobús.

No podemos reprochar la desconfianza de los transportistas cuando conocemos sus señalamientos de que la empresa Senda será la que llevará a la realidad este negocio que pone en juego más de mil millones de pesos. Nos dicen que dicha empresa ya introdujo 40 unidades que desde hace poco menos de medio año trasladan a trabajadores a los destinos industriales en nuestro incipiente corredor y que dichos autobuses son operados por personal pagado por nuestros impuestos mediante el Servicio Nacional de Empleo (SNE).


Años de desidia institucional
Siendo el transporte un servicio público, el orden jurídico mexicano contempla varias modalidades para el cumplimiento del cometido, que van desde la prestación del servicio mediante empresas públicas o la delegación del mismo a particulares sin que eso exima al estado de su función regulatoria y supervisora.

El metro de la ciudad de México está a cargo de una empresa paraestatal y hasta la fecha es de vital importancia para la vida diaria de millones de capitalinos; en contrapartida, la quiebra de Mexicana de Aviación muestra una fallida gestión empresarial privada.

El servicio público del transporte en Zacatecas ha transitado por la vía de las concesiones sin que la autoridad cumpla su función adecuadamente; el otorgamiento de concesiones ha sido motivo de vulgar tracaleo y siempre ha sido discrecional. El resultado de tantas décadas de negligencia oficial se ha traducido en un servicio de los más caros e ineficientes de la República.

La compraventa de concesiones, el alineamiento corporativo del sector al equipo gobernante y la pasividad de los usuarios se han combinado para hacer del tranporte público lo que es; la pertinencia de mejoras sustanciales es indiscutible y una nueva planeación es impostergable.

En ese sentido, la posibilidad de que la zona metropolitana de Zacatecas acceda a un esquema como el del Metrobús no debe descartarse antes de examinarse, aun si eso significa el desplazamiento del núcleo de concesionarios por no poder satisfacer los requerimientos que plantean los tiempos actuales, pero antes de acceder a conclusiones vale la pena que se respondan algunas interrogantes básicas.


¿Cuál es el compromiso del Gobierno del Estado con la economía local?
Uno puede entender que vivimos un régimen económico en el que el pez grande se come al chico, pero no que los gobiernos ayuden a los grandes contra los chicos, sobre todo cuando los chicos son los nuestros.

Se subsidió a una empresa foránea mediante programas del Servicio Nacional de Empleo para que monopolicen el transporte industrial. ¿No sería más solidario con Zacatecas que las concesiones para ese servicio fueran para zacatecanos en vez de para una empresa foránea? Además ¿sería factible que los concesionarios locales recibieran dicho beneficio y otros bajo el compromiso de renovar sus unidades? ¿Es cierto que también se le subsidia con el diesel a la mencionada empresa?

El injustificado aumento a la tarifa del transporte tambien plantea la necesidad de revisar en qué se gasta el presupuesto de los zacatecanos. Los impuestos son para financiar los servicios públicos y en el caso del transporte, no hay un lugar en el mundo donde no se subsidie el traslado cotidiano de la gente, pues la participación privada es complementaria y subordinada al interés general.

¿Cuál es la razón por la que no se fija una política transparente de subsidios que evite agravar la ya de por sí difícil situación de los habituales usuarios del transporte urbano?

También en el tema del transporte falta transparencia y sobra autoritarismo; el incremento del 18% al transporte público debe ser revertido; enfrentar a hechos consumados a la gente aprovechando su dispersión es una provocación que tarde o temprano encontrará respuesta social. Ningún gobierno del partido que sea tiene derecho a tratar así a la gente. Miguel Alonso tiene oportunidad de mostrarse capaz de reconocer y corregir lo erróneo.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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