Saturday 03 de December de 2016

La primera piedra

Juan Carlos Ramos León      14 Sep 2014 21:00:04

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Casi todos los días nos enteramos, a través de los medios de comunicación, de un nuevo escándalo protagonizado por figuras públicas.

Regularmente solía tratarse del medio del espectáculo. Eran la comidilla de todos y hasta programas de televisión y revistas especializadas en chismes tomaron un auge tremendo vendiéndose como pan caliente. Otra industria.

Ahora, los escándalos han trascendido a personajes públicos de otras esferas. Me refiero, de forma más específica, al del mundo de la política.

Que si tal político fue exhibido en estado inconveniente llorando sus penas en el hombro de una vedette, que si el exgobernador de tal o cual estado tiene orden de aprehensión por supuesto enriquecimiento ilícito o que si el presidente -o dueño- de determinado partido es propietario de no sé cuántos complejos inmobiliarios a pie de playa.

Es más, en un ámbito distinto, un conocidísimo periodista de talla más bien conservadora, fue captado echándose su canita al aire con una dama considerablemente más joven que él a grado tal que renunció al medio en el que se desempeñaba y ofreció una disculpa pública.

Dicen los que saben que, detrás de todo esto que llega a salir a la luz, obra la mano negra de quienes se cobran venganzas de tipo político. O sea que esto es lo que vemos, pero lo más probable es que haya más. Total, ojos que no ven…

Luego, entonces, pareciera que es requisito, para pasar a ser un político de renombre, no contar con mayores principios que los de los siete pecados capitales.

Y acá, en la tribuna de los ciudadanos de a pie, seguimos pasando de decepción en decepción. Y si bien considero que ninguno de nosotros somos libres de pecado, el hecho de que nos precipitemos en arrojar la primera piedra cada vez que nos enteramos de un nuevo escándalo, es a causa de que en el fondo de nosotros existe el anhelo de que aquellos que nos gobiernan sean, por lo menos, un poquito mejores que nosotros.

¿Acaso no debería de ser así? Digo, volvamos a la teoría: somos un grupo de personas –comunidad-, necesitamos de alguien que nos organice, represente, lideré. ¿A quién escogemos? ¿No será a aquella persona que nos convence porque representa de forma transparente todos aquellos valores que traemos en la sangre porque son inherentes a nosotros? Integridad, justicia, honor, lealtad…

Al igual que usted, ciudadano de a pie, yo no me siento representado por nuestros gobernantes. Soy, en esa comunidad que clama liderazgo, un “huérfano político” y, si bien no me considero digno de arrojar la primera piedra, quiero unir mi voz a la de usted para que la clase política se entere de que necesitamos más personas íntegras en las filas de sus partidos y menos de la escoria que hasta el momento nos han estado ofreciendo -con sus muy pocas excepciones, claro está-.




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