Thursday 08 de December de 2016

La puerta para la vida 

Sigifredo Noriega Barceló      13 May 2014 20:30:07

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¡Abre la puerta! ¡Cierra la puerta! Oímos decir con frecuencia a mamá. Es una de las primeras experiencias que tenemos en la vida acerca de “la puerta”. La orden/mandato es para cuidarnos de algo o de alguien.

¡Qué gran maestra y buena pastora es nuestra madre! No hay duda, ninguna duda. A ella, junto con papá y la familia, se les ha confiado la vida para que la engendren, gesten, cultiven y, llegado el tiempo, la dejen ir en las alas del amor a Dios y al prójimo. Puerta, mamá, familia, vida… Puerta amor, mamá amor, familia amor, vida amor… ¡Gracias, mamá! ¡Felicidad eterna, mamás, puertas para la vida y el amor!

Estamos en la mitad del tiempo pascual. Hasta ahora los evangelios dominicales nos han relatado las apariciones del resucitado. Desde hoy se nos presenta quién es el resucitado en la comunidad de los creyentes de todos los tiempos. La respuesta es: Yo soy luz, yo soy pastor, yo soy camino, verdad y vida.

Este domingo del Buen Pastor y de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Jesús dice a los suyos: “Yo soy la puerta… yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”. Otra vez la relación/alianza/enlace entre puerta y vida, puerta para la vida, vida que entra y sale por la puerta.
En la experiencia cotidiana usamos varias expresiones referidas a la puerta y las puertas: “Están las puertas abiertas…”; “entró por la puerta grande…”; “dar con la puerta en las narices…”; “salir por la puerta trasera…” Abrir la puerta, entrar por la puerta, ser la puerta es una imagen significativa. Abrir la puerta de casa y dejar entrar a alguien es un bellísimo gesto de confianza, de cercanía, de intimidad. No invitamos a casa a cualquiera; no abres la puerta a cualquiera… También oímos decir con frecuencia en casa: “¡no abras la puerta a nadie!”. Es que, por otra parte, no falta alguien que esté al acecho para entrar y robar, entrar y hacernos el mal. En fin…

Hoy el resucitado se define: Yo soy la puerta. ¿Qué puede/pudiera significar para los cristianos de nuestro tiempo que se empiezan acostumbrar a las puertas automatizadas y a los portones ornamentales? ¿Las puertas grandotototas de nuestros templos y catedrales? ¿La gran cantidad de porteros para dejar entrar previa identificación, o con una tarjeta magnética, con un billete…? Jesús, puerta de la vida, significa libertad, amigo, hogar-casa… La fe encuentro con él no encierra, ni hace autómatas; más bien hace salir, envía, lanza hacia la vida plena… Con Jesús como puerta entras libremente porque su voz te interesa, te colma, te abre horizontes de familia y comunidad que “ni ojo vio, ni oído oyó”. Él, siempre buena nueva, es el alimento para el camino… En la comunidad del resucitado el creyente encuentra la compañía, la fuerza y la consistencia para vivir referenciado, consolidado y vivir con sentido y con alegría… ¿Necesitamos porteros?

Una bendición, llena de ternura agradecida, a todas las mamás.

Otra bendición, llena de gratitud, a todos los maestros.




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