Friday 09 de December de 2016

La punta del iceberg

Mara Muñoz Galván      5 Aug 2014 22:30:02

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Viví ocho años en la Ciudad de México, en este tiempo perdí la cuenta de cuántas veces se acercaron a mí personas para pedirme algunos pesos para su pasaje en transporte público.

En el metro de una de las ciudades más grandes del mundo pululan seres que no son mendigos, sino gente de clase trabajadora que simplemente no alcanza a cubrir su transporte del día a día. No es difícil entender esta situación pensando en que el salario mínimo real es menor a los 60 pesos diarios.

Imagine usted que ganando el mínimo en la Ciudad de México tenga que pagar hasta 30 pesos entre combis, metro o metrobuús.

Además, debido a las enormes distancias millones de personas no pueden regresar a casa para comer, por lo que tienen que tomar sus alimentos en la calle. "La Ciudad de la Esperanza" atrapa como un verdadero infierno a esos trabajadores que viven con menos de 2 mil pesos al mes.

Según el Coneval, instancia encargada de medir la pobreza en México, para cubrir sus necesidades diarias una persona trabajadora necesitaría 168 pesos diarios.

Aproximadamente, tres salarios mínimos vigentes. De aquí la pertinencia de la propuesta del jefe de Gobierno del Distrito Federal de incrementar el salario mínimo en su ciudad.

Propuesta que deberían apoyar todos los estados del país para conseguir que el aumento sea nacional y uniforme al país, ya que actualmente se divide en zona A y B para efectos de su salario mínimo.

La propuesta de la Ciudad de México no es muy arriesgada, pues pide que el salario aumente 20 pesos para el 2015 y así paulatinamente cada año, hasta los 10, cuando debería haber otra revisión del salario para ajustarlo a la inflación.

Hasta hoy el discurso que ha evitado que aumenten los salarios mínimos en México es que provoca mayor inflación.

Pero los resultados apuntan a la catástrofe para la economía familiar: el salario mínimo ha perdido 77% de su valor adquisitivo en los últimos 35 años.

Se ha dejado de lado la posibilidad de una estrategia económica en la que el mayor salario del trabajador aumente su poder adquisitivo y con esto se impulse la economía.

Vivimos bajo un modelo económico que ha sacrificado a millones de mexicanos en pos de las cifras macroeconómicas.

En estos días se busca que en la Ciudad de México exista la convergencia de todos los actores sociales para validar el aumento al salario.

Si los trabajadores del país estuvieran suficientemente organizados, esta propuesta gubernamental tendría eco en toda la República; sin embargo, las asociaciones sindicales también se han visto mermadas en su funcionamiento; algunas al transformarse en sindicatos blancos o pro empresa, o sindicatos charros que venden contratos de protección a particulares para que no sea un sindicato legítimo el que agrupe a sus trabajadores.

Pase lo que pase con este intento de aumento, nos vemos lejos de alcanzar a corto plazo los 168 pesos que una persona necesita para vivir sin hambre, sobre todo en zonas urbanas. Sin embargo, más que cualquier otro lugar en México, el Distrito Federal deberá dar la lucha por alcanzar su meta de subir paulatinamente su nivel salarial.

Aunque esto solo represente la punta del iceberg de la gran iniquidad en que sobreviven sus habitantes.




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