Sunday 11 de December de 2016

La represión al acecho

J. Luis Medina Lizalde      16 Nov 2014 19:59:07

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Vivimos coyunturas que hacen necesario insistir, una y otra vez, en que los mexicanos agraviados que nutren la protesta social extremen cuidados a favor de lo pacífico de sus manifestaciones. Todo episodio de crispación será usado en su contra.

Los políticos, en su mayoría, siguen haciendo y diciendo lo mismo de siempre sin percatarse de que hay un antes y un después de Ayotzinapa. Allá ellos.

En México, la impotencia social está instalada desde hace mucho tiempo. El empoderamiento ciudadano es más discurso que realidad, como lo demuestra la imposición de reformas que a todos afectan, sin consultar a la ciudadanía, utilizando como coartada legitimadora a diputados y senadores que ni por equivocación ejercen su función de representar a otra instancia que el Ejecutivo en turno.

La impotencia del Estado es fruto de una estrategia adoptada en México hace 30 años mediante la eliminación de funciones públicas y el desmantelamiento del sector público de la economía para que las fuerzas del libre mercado se convirtieran en la trompa de la máquina.

Tal “desinfle” del Estado nos condujo a la subordinación funcional de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial a los poderes fácticos constituidos por círculos empresariales legales y extralegales.

Esta impotencia es estructural, puesto que obedece a las reformas estructurales de corte salinista plasmadas en nuestro orden constitucional antes, durante y después de la gestión de Carlos Salinas de Gortari.

La impotencia de Peña Nieto combina con la anterior peligrosamente. Está haciendo de la necesidad virtud en el caso Iguala, pero no hay que confiarse. Atenco nos enseñó de qué está hecho.

No reprime hasta ahora por miedo al aislamiento internacional. Sabe lo letal que ha sido para regímenes autoritarios, pero eso no desaparece el riesgo de que ceda a las voces que en lo interno le piden que ponga orden al precio que sea y desate un baño de sangre de impredecibles consecuencias.

Un presidente que no necesita enemigos
Peña Nieto se ha propinado a sí mismo los golpes más debilitantes en las últimas semanas. Su error inicial: tratar como asunto local la crisis de Iguala.

Luego, la no remoción del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, cuando este aceptó haber conocido la información (que es su obligación corroborar) de que José Luis Abarca asesinó a tres personas y a una de ellas personalmente, mucho tiempo antes de que se produjera el horrendo crimen. Igual destino cabría para Miguel Ángel Osorio Chong.

Otro golpe devastador que él mismo se propinó es la licitación y posterior cancelación del tren rápido México-Querétaro, que deja ver la sospecha de acaparamiento de las grandes obras para constructores favoritos del estado de México. ¿Dónde habré oído algo parecido, dónde?

Otro autogol monumental es la subida escena de la lujosísima mansión que, según su decir, es de su esposa, la actriz Angélica Rivera, que ha dejado profundamente cuestionada la ética del Presidente cuando no cumple un tercio de su mandato. A sus antecesores, ese tipo de tormentas los “bañó” al final o cuando ya eran emisarios del pasado.

Pero el más grande de los errores en la coyuntura es su viaje a China y Australia. Se mostró distante y desobligado ante la grave emergencia nacional. Sin duda los mandatarios con los que se reunió fueron los más sorprendidos por su asistencia, aunque tienen vedado manifestarlo.

También les está vedado a los que, en función de su investidura, tienen que dar la cara y aguantar callados. ¿Verdad, secretario de Gobernación; verdad, procurador general de la República?

La lucha pacífica es el camino
“México sabe mejor cuantos más galones de petróleo exporta al día, que cuantas personas desaparecidas tiene en su país; esto pone en su dimensión cuáles son las prioridades del Estado mexicano”.

¿De quién es tan grave veredicto? No de los políticos que guardan silencio para no comprometerse, sino de Ariel Dulitzky, comisionado de la ONU al frente del grupo de trabajo de desapariciones forzadas del organismo mundial, que pone de relieve la conciencia mundial de nuestra catástrofe. Se espera el anuncio oficial de una salida política a la imparable crisis, pero fallará si se reduce a medidas para salir del paso. Las aspirinas para Ayotzinapa no curan ni quitan el dolor.

En vez de preocuparnos por las crecientes manifestaciones de ciudadanos indignados, debemos alegrarnos de que surjan por todas partes destacamentos de cívicamente activos, críticos, amantes de una autonomía que los métodos democráticos hacen realidad, capaces de conducir el proceso de cambio desde abajo y desde afuera sin dar paso a la tentación de la violencia desde la justa indignación ciudadana.

...Y sin dejar cancha libre a la infiltración de provocadores.
Nos encontramos el jueves en El recreo.
luismedinalizalde@gmail.com
twitter: @ luismedinalizal




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