Thursday 08 de December de 2016

La resurrección de Cristo es la fuente que canta la vida

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      9 Nov 2013 21:10:06

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Ejemplo de la fe en Cristo son los macacebos, quienes mueren en manos del rey Antíoco IV Epífanes. (Cortesía)
Ejemplo de la fe en Cristo son los macacebos, quienes mueren en manos del rey Antíoco IV Epífanes. (Cortesía)
INTRODUCCIÓN
La resurrección del Señor Jesús es el centro y la fuente de donde brota la vida. Los textos bíblicos de nuestra eucaristía de este domingo nos hablan precisamente de la resurrección como vida plena, bella y radiante, que se despliega primeramente en nuestro peregrinar por este mundo hacia la casa del Padre eterno, impulsados siempre con el soplo poderoso del Espíritu Santo.
Esta resurrección de Cristo ilumina y orienta toda la actividad de la Iglesia universal para dar testimonio de ella y dar gozo y esperanza en este mundo con sus luces y sus sombras.
Es la fuente que canta la vida para que sea una realidad llena de esperanza, fe y amor en la aceptación y seguimiento de Jesucristo. Para todos los que creemos en él, participando del misterio del reino de Dios, como adelanto en la historia de la salvación, de lo que seremos en la luz inapagable y perfecta del cielo, nuestra meta final.
Estamos ya cercanos al fin de este Ciclo C de nuestra Liturgia Católica y la Iglesia nos invita a renovarnos poniendo nuestro ojos en Cristo, principio y fin de nuestras vidas y del cosmos entero.
Debemos tener muy presentes los siguientes acontecimientos históricos que estamos viviendo en la Iglesia universal y en la Iglesia particular: la clausura del Año de La Fe en la solemnidad de Cristo Rey del universo, con la cual cerraremos este Ciclo C de nuestras eucaristías dominicales y luego, con el Primer Domingo del Tiempo de Adviento, dar comienzo al Jubileo de los 150 años de instituida nuestra Diócesis de Zacatecas por el Papa Pío IX.
Estos acontecimientos en este domingo los queremos iluminar con la resurrección de Cristo, como fuente que canta la vida, ahora en nuestro presente y para el futuro.

LA RESURRECCIóN DE CRISTO COMO FUENTE QUE SALTA LLENA DE VIDA PARA QUE PARTICIPEMOS DE ELLA
Este tema para la homilía de hoy se nos presenta en la primera lectura y en el evangelio. Ambas lecturas nos hablan del misterio de la resurrección, que Dios nos hace participar desde el bautismo y demás sacramentos, teniendo como centro y fuente la eucaristía, síntesis de la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo.
Cristo nos ha traído vida abundante; él no quiere la muerte de los hombres pecadores; desea su conversión dejando el pecado, para llenarse de la luz y la fuerza de su Resurrección.
En la primera lectura tomada del segundo libro de los Macabeos, vemos que la fe de los judíos en la resurrección ya es una verdad de fe inquebrantable.
Los siete hermanos macabeos tienen al frente a su valerosa madre que los sostiene, alienta e impulsa a no sucumbir en la apostasía, ante las amenazas de muerte y persecución del rey seléucida de Siria, Antíoco IV

Epífanes ( siglo 2 antes de Cristo).
Ellos afrontan el martirio echándole en cara a ese rey asesino e impío, que Dios los premiaría por su fidelidad en esta tierra, para alcanzar victoriosamente la felicidad eterna y perfecta del cielo.
La madre de esos jóvenes murió también al final del sacrificio de sus siete hijos, sellando para siempre su testimonio de amor y fidelidad a Dios, autor y reparador de la vida, esperando con fe y esperanza la feliz resurrección de entre los muertos.
El evangelio de San Lucas narra el hecho cuando los saduceos, que no creían en la resurrección, plantean mañosamente a Cristo el caso de una mujer que tuvo sucesivamente por esposos a siete hermanos para que dejaran descendencia de acuerdo a la ley del levirato que esto establecía.
Y le preguntan a Cristo ¿de cuál sería esposa porque todos habían sido esposos sin dejar descendencia?
Cristo les hace ver que estaban completamente equivocados, respondiéndoles de la siguiente manera: “En esta vida, hombres y mujeres se casan, pero en la vida futura, los que sean juzgados dignos de ella y de la resurrección de los muertos, no se casarán ni podrán ya morir, porque serán como los ángeles e hijos de Dios. Y que los muertos resucitan, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza ardiente, cuando llama al Señor, Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para él todos viven”.
Cristo recurre a los contenidos del Pentateuco o primeros cinco libros del Antiguo Testamento, que eran lo único que admitían los saduceos y con las mismas armas con las cuales atacaban a Jesús, él sapientísimamente les responde ampliando el horizonte de la revelación divina, dentro del cual ya se incluía implícitamente la resurrección de los muertos.

CONCLUSIÓN
Por medio de Cristo y con el sello del Espíritu Santo, el Padre eterno nos ha preparado con toda la certeza que nos revela nuestra fe, un destino de vida, porque Dios, con su Hijo Jesucristo es la fuente de donde brota el canto de la vida verdadera y eterna y aunque la existencia de los cristianos, como la del resto de los mortales, es una trama de preocupaciones, miserias, tentaciones, luchas, desalientos y dificultades, el amor que Dios, uno y trino, nos tiene y nos ha manifestado por Cristo es “un consuelo permanente y una gran esperanza”, como dice hoy también San Pablo en la segunda lectura.
¡Acerquémonos, pues, y unámonos fuertemente arraigados en Cristo, para que seamos con él, un canto de alegría y gozo perdurables que brotan de su persona y su evangelio como fuente que canta y salta con toda la fuerza de su amor, desde estos días de peregrinos hasta la meta de nuestro destino final que es la vida eterna en la comunión de los Santos como Iglesia triunfante!




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