Friday 24 de February de 2017

La romería de El Montecillo

Javier Torres Valdez      12 May 2014 22:00:05      1

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Un amigo, lector asiduo de esta columna, preguntaba hace unos días por qué nunca habíamos escrito sobre aquellos memorables días en que se festejaba al Señor de la Ascensión en la ranchería de El Montecillo, hoy convertida en colonia de nuestro creciente pueblo de Jerez.

Empezaremos diciendo que esa hermosa fiesta desapareció a causa de la cerveza. Todavía en los años 50, a primera hora de la mañana grupos de danzantes, acompañados de rítmico tamboreo que marcaba el paso y del estruendo de los cohetones, hacían su recorrido desde el atrio de la parroquia hasta el pequeño templo ubicado a unos metros del río Mortero.

Los vecinos del templo sacaban de sus hogares grandes recipientes con “cafela”, como algunos denominaban al café mezclado con canela y endulzado con piloncillo, que saboreaban aquellos que habían encaminado la imagen de Cristo hasta su pequeño templo en El Montecillo.

No faltaba quien, desde el día anterior, se dedicara a preparar tamales, verdes y rojos, que al ser vendidos eran acompañados del café gratis. Una o dos personas más vendían gordas de cuajada o pan ranchero.
Cerca de las 11 de la mañana, las familias jerezanas empezaban su recorrido cargadas con las viandas que habrían de disfrutar, compartir y de intercambiar con otras familias conocidas.

Quienes llegaban temprano escogían los mejores lugares colindantes al arroyo, luego de limpiarlos y quemar la basura o el zacate seco extendían una cobija de lana y sobre ella algún mantel bordado con aguja de gancho, que señalaba indirectamente que aquellas mujeres jerezanas todavía eran dueñas del arte de bordar y tejer.

Los hombres de esas familias eran los responsables de cargar con el carbón y de encender el fuego, con el que habría de calentarse aquella comida; algunos preferían juntar ramas secas y hacerlo en forma más rudimentaria, aunque no faltaban aquellas matronas que llevaban su bracero y hasta su comal de barro para calentar las tortillas o hacer quesadillas con rajas de chile asado.

La mayoría de los participantes de ese gran día de campo comían tacos preparados con anticipación y otros los preparaban al aire libre esparciendo los olores a chorizo o carne asada.

—¿Gustan unas gorditas de chicharrón?
—Sí, claro que sí. Gracias.

— Lleve un pedazo de queso o unas quesadillas con chorizo.

Las familias asistentes eran por lo general de la clase media. Los ricos del pueblo nunca se animaron a participar, pues no tendría caso ir a comer al aire libre en medio del humo y los olores a comida.

Era obligatorio que aquellos que participaban en aquella fiesta, primero acudieran al templo, oraran brevemente y luego se distribuyeran por los mejores lugares sobre los linderos del arroyo o sobre las orillas del río Mortero, que todavía no era contaminado con las descargas residuales de los drenajes de las colonias situadas aguas arriba.

En los grupos familiares no faltaba quien se acercara guitarra en mano a amenizar a los conocidos, quienes obsequiaban con los antojitos preparados, por alguna jerezana merecedora de esos halagos musicales.
Ya de regreso, los jóvenes de aquellas épocas ayudaban a cargar con las ollas, cazuelas, platos o utensilios.

Los pocos policías que tenía el pueblo vigilaban los tramos del camino para resguardar el orden.
Pasó el tiempo y luego empezaron a crecer los grupos de bebedores de cerveza, quienes pretendiendo cantar, lanzaban destemplados gritos, haciendo que las familias se retiraran del lugar o definitivamente no asistieran.

Todo ha cambiado y esa fiesta familiar y hermosa prácticamente ha desaparecido; se ha perdido la devoción religiosa y el respeto que debe existir en las familias. Ahora los linderos del pequeño arroyo y del río Mortero tienen mal olor y se encuentran llenos de basura.

Y como dijo el Chapulín Colorado: "¿Ahora quién podrá ayudarnos?".




Comentarios
tetillasjerez:
Usualmente en esa fecha se poblaba de visitantes debido a que antes los comercios cerraban en Jerez los Jueves y ahora cierran los Sábados, aunado a que ya todo esta circulado por los propietarios adyacentes del área, ahora ha disminuido tanto la asistencia como también hay muchas gentes que no profesan la misma religión. Pero esa tradición no a desaparecido, mientras los principales organizadores, de apellido Moreno y sus familias existan en esa comunidad. Ahí ellos los esperan con los brazos abiertos en cada Jueves de la Ascensión.   Wednesday 10 de September de 2014 15:21:59
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