Sunday 04 de December de 2016

Agravio

Huberto Meléndez Martínez      21 Apr 2014 21:30:08

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Ejemplificar las virtudes es el mejor acto de enseñanza.

Estaba sentado en la banqueta de su salón, agachado y garabateando en la tierra con una pequeña rama. Un profesor se acercó a sentarse junto a él. Notó que estaba llorando, las rayas en el suelo eran para despistar su congoja.

-¿Qué pasó, joven?, por qué no estás dentro del salón, en clase?

Tardo unos segundos en contestar, la tristeza le detenía las palabras en la garganta y las lágrimas nublaron más su vista.

Es que me robó mis cosas. Ese señor me robó mis cosas. Alcanzó a escucharse.

A ver, vamos a ver, cuáles cosas, dijo su maestro de matemáticas.

Mi loción, mi jabón, un rollo de papel sanitario.

Vamos, no tiene importancia, todo eso puede recuperarse, vente, vamos a clase. Dijo el maestro ocultando su indignidad.

Todavía se resistió a ponerse de pie. Limpió sus lágrimas, se recompuso la ropa entrando al salón.
Sus compañeros estaban distraídos en otras cosas. Había terminado la clase y, como Gilberto se sentó en el primer pupitre, los demás no se percataron de su congoja.

Era justificable la tristeza y las ofensas que aquel estudiante emitía hacia el protagonista del hurto. Se encontraban en un internado, por ende, este estudiante sentía impotencia al reconocer que estaba a muchos kilómetros del hogar paterno. No acertaba a quién dar la queja.

Por la mañana encontró abierto el cajón de su locker, el candado había sido violado con otra llave, y sus pertenencias sustraídas.

La depresión era enorme porque toda su fortuna se veía reducida a esas tres cosas. Un rollo de papel a medio uso, un envase de loción casi vacía y media pastilla de jabón de baño.

¿Qué sentimientos aflorarían en nuestros lectores, si algún día se diera cuenta que fue despojado de todas sus pertenencias?

Lo peor del caso, es que el ladrón, era la persona responsable de estar al cuidado nocturno de ese dormitorio. A decir de otros estudiantes, ese empleado nunca se había distinguido por ser eficiente o profesional en su trabajo.

Es imprescindible la auscultación del perfil profesional de las personas a las que se les confiere el cuidado de menores.

Ese sentimiento, esa frustración fue compartida por el alumno y el maestro al no encontrar qué hacer, en dónde denunciar, cómo reclamar o ¿inconformarse ante quién?

Por muchos años al maestro le persiguió esa lamentable escena. Tuvo sentimientos de culpa por su falta de acción en contra de aquel trabajador. Se sintió acobardado al omitir la denuncia del hecho.

Gilberto se sintió agraviado no solo por aquel sinvergüenza, sino decepcionado de todos los adultos de su entorno.

La formación de niñas y niños acontece en su convivencia cotidiana, la familia, la escuela, la sociedad. Lo que ven en los mayores, es considerado como lícito y permisible.

¿Por qué para muchos adultos es difícil entender la importancia de dar un buen ejemplo a los pequeños?




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