Wednesday 07 de December de 2016

La transfiguración de Jesús en el monte nos sigue hablando acerca del misterio de Dios en nuestras vidas

Fernando Mario Chávez Ruvalcaba      15 Mar 2014 23:13:05

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El evento fue narrado por tres evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas.﷯ (Cortesía)
El evento fue narrado por tres evangelistas, Mateo, Marcos y Lucas.﷯ (Cortesía)
Introducción
Queridos hermanos, en este segundo domingo de Cuaresma en el Ciclo A, la palabra de Dios que la Iglesia nos ofrece para que sea vida nuestra y transforme nuestros pensamientos, criterios y modos de actuar conforme al Evangelio, nos relata el hecho sorprendente de la transfiguración de Jesús en el monte (el tabor, según la tradición). 

Con fe renovada y alimentada con esta eucaristía que nos hace avanzar en el tiempo de la Cuaresma, que ya hemos comenzado desde el pasado M﷯iércoles de Ceniza, intentemos contemplar y ahondar en su significado para que a la luz de este hecho aumentemos nuestra fidelidad a la voluntad del Señor y caminemos por la senda de la santidad personal y comunitaria, hacia la celebración culminante y renovadora para nuestra existencia, de la Pascua gloriosa y triunfante de nuestro querido Salvador. 

El hecho sorprendente de la transfiguración de Jesús en el monte
Este hecho es narrado por los tres evangelistas llamados sinópticos, porque puestos en forma simultánea, lineal y comparativa, van revelando la vida y la acción salvadora de Jesucristo en forma esencial, pero también complementaria en algunos de los aspectos que presentan a la mirada de fe de los creyentes en Cristo. 

En los tres ciclos de nuestra liturgia católica, se van presentando las narrativas de estos sinópticos: Mateo, Marcos y Lucas, y todos ellos coinciden en presentar el hecho de la transfiguración de Cristo como elemento central y alentador para todo el tiempo de la Cuaresma, que si bien es tiempo penitencial y austero que culmina con la resurrección.

Sin embargo, dentro de la enseñanza pedagógica de la Iglesia se intenta animar y dar como un girón de gloria acerca de nuestro Salvador, en el caminar penitencial y arduo de la renovación cristiana.
¿En qué consiste la transfiguración de Jesucristo en lo alto de la montaña? En primer lugar los evangelistas, y para este año San Mateo, nos dicen que Cristo subió a lo alto de una montaña acompañado de sus tres discípulos Pedro, Santiago y Juan, para hacer oración, poniéndose a tono con su Padre en las alturas de la contemplación. 

Precisamente en el seno y en el centro de la oración de Jesús, sus ropas cambian de aspecto: “su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve”.

A los discípulos que dudaban y estaban llenos de miedo, les son dirigidas unas palabras que son una clara y resplandeciente revelación del Padre eterno sobre su hijo hecho hombre, enviado por él para salvar a los hombres del pecado y de la muerte: 

“Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias: escúchenlo”. Estas palabras nos recuerdan otras semejantes cuando también se dejaron escuchar desde el cielo al ser bautizado Jesús en el río Jordán por San Juan Bautista (Mt 3,17).

La narrativa de San Mateo, continúa, cuando nos revela que “de pronto aparecieron ante Jesús y sus tres discípulos,  Moisés y Elías, conversando con Jesús”.

Moisés representa a la ley  del antiguo testamento y Elías al profetismo anterior al de Jesús. 

Ambos son anuncio y figura de Cristo, quien en la plenitud de los tiempos reúne y lleva a plenitud tanto la enseñanza y revelación de la Ley Mosaica,  que desemboca en la Ley de Cristo incluyendo la antigua como adelanto y el profetismo que alcanza su perfección con la revelación mesiánica del mismo Cristo.

La nube que envolvió a Cristo y sus tres discípulos como testigos cualificados de este acontecimiento en el monte elevado y las palabras del Padre eterno,  hicieron que Jesús fuera revestido de poder y luz y que sus discípulos quedasen arrobados y maravillados ante esta teofanía (revelación divina), tanto que Pedro manifestó el deseo de que se quedasen con el Maestro en la dicha de esta contemplación.

En realidad no sabía todo el alcance de esta manifestación. Sin embargo, Cristo conversaba con Moisés y Elías de lo que tenía que padecer en el futuro en Jerusalén, allí donde se realizaría su pasión y muerte para poder entonces resucitar y que la transfiguración era un adelanto o “ventana abierta” a la perfección de la glorificación del Mesías en el cielo, como fruto de su acción y presencia en la tierra.
 
Nuestra transfiguración con cristo en este mundo
A partir de nuestro bautismo, quedamos configurados con Jesucristo, esperanza de la gloria, que estamos llamados a conquistar. 

Este sacramento nos “transfigura” para pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte, a la vida luminosa y bella que nuestro Redentor nos invita libremente a participar.

Según lo anterior que acabamos de decir, en estos tiempos, en que parece que nos hemos acostumbrado a ver rostros angustiados por el desempleo; rostros por el hambre y la miseria como resultados de la insolidaridad de los hombres.

Cuando de continuo constatamos los crímenes y amarguras de la delincuencia organizada y por los desequilibrios sociales de injusticias e impiedad de unos con otros y en medio de la soledad, abatimiento con enfermedades terribles que nos hacen perder la esperanza de tiempos mejores, el Evangelio de este domingo nos invita fuertemente a poner nuestra mirada en Jesucristo y escucharlo como hijo predilecto del Padre y con la fuerza arrolladora del Espíritu Santo.

¡Confiemos en nuestro buen Jesús, quien ha vencido las tinieblas del pecado y la misma muerte; a bajar, por así decirlo, al encuentro de nuestros hermanos y continuar con nuevos bríos apoyados en la transfiguración del Señor, nuestra misión de testigos y como discípulos misioneros en la Iglesia y frente al anchuroso mundo, teatro de nuestras vidas terrestres y camino abierto hacia nuestra propia resurrección, al final de nuestras vidas con santa impaciencia de conquistar esa gloria de nuestra feliz resurrección con Cristo y sus santos en la comunión celeste por toda una eternidad!...




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