Friday 20 de January de 2017

La verdad en el amor en tiempos cambiantes

Sigifredo Noriega Barceló      27 May 2014 22:20:07

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Es la hora de la verdad en el amor de/para los discípulos testigos. La palabra de Dios es maravillosa porque no solo nos revela el corazón misericordioso de Dios, sino también el corazón del discípulo-testigo y el corazón de la comunidad de los discípulos enviados a ser testimonio vivo y gozoso del resucitado.

El Evangelio escuchado y celebrado este domingo lo anuncia, promete y revela de distintas formas, en un ambiente de despedida y de misión.

Tres indicaciones pascuales de la palabra del Señor para los cristianos posmodernos:

1. La presencia del Señor es en serio y para todos los días. De tres modos nos lo recalca el Evangelio: su vuelta y nuevo vivir en nosotros, la donación del Espíritu Santo y la presencia del padre y del hijo en cada persona. Dios está tan cerca como grande sea nuestra fe. Su presencia está en el interior de las personas y en la comunidad de los creyentes. Somos templos vivos. Entonces la relación con Dios y con las personas no es de súbditos, sino de hijos, hermanos y amigos.

2. La presencia del Señor en su Iglesia nos compromete a servir cercanos, alegres, efectivos, creativos y corresponsables. Cuando Dios habita en la persona y en la comunidad, hay frutos abundantes.

En la visita que hacemos los obispos mexicanos estos días a la sede de Pedro, el Papa Francisco nos ha insistido en que nos acerquemos al pueblo, entremos en sus necesidades y aspiraciones y tengamos las actitudes del buen pastor, no de príncipes.

Tenemos la alegre corresponsabilidad de hacer creíble y fructuosa la presencia del señor en los tiempos nuevos que vivimos. Se trata de hacer presente a Cristo, de ser sus testigos, de apacentar la comunidad de los discípulos del siglo 21.

3. La novedad más novedosa de la Pascua: la presencia del señor en el corazón de la persona:
“Vendremos y pondremos nuestra morada en él/ella”. La tentación que nos acosa es no creer en esta presencia, pasar de largo, inventar lo que quisiéramos que fuera Dios... Si Dios ha elegido esta presencia, quiere decir que a él lo encontramos y le servimos en la persona y las personas. Por eso el prójimo es el examen continuo y permanente de la verdad en/para el amor del discípulo de todos los tiempos.

Creer en tiempos de indiferencia y apatía es dejarnos conducir por el espíritu. Él nos llevará a ser personas inspiradas, fortalecidas, comunitarias, audaces, visionarias, alegres... Lo peor que nos pueda pasar es retirarnos, replegarnos, mirar atrás, pensar que la verdad está terminada y basta creerla... La presencia del resucitado debe significar para el cristiano la invitación permanente a la novedad del espíritu, es decir, la novedad de vida personal, familiar, eclesial, pastoral... ¿No es lo que queremos decir cuando pedimos: "ven, Espíritu Santo, a renovar la tierra"?

Los bendigo desde Roma, la Ciudad Eterna.




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