Sunday 11 de December de 2016

Las dedicatorias de La sangre devota

Salvador Lira      25 Jul 2016 00:05:49

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Eduardo J. Correa exalumno del Seminario Conciliar de Aguascalientes y amigo de López Velarde. (Cortesía)
Eduardo J. Correa exalumno del Seminario Conciliar de Aguascalientes y amigo de López Velarde. (Cortesía)
Ramón López Velarde es un escritor que debe leerse entre múltiples referencias. Se encuentran los símbolos que crea, las referencias judeocristianas y la transgresión, además el plano de las alusiones biográficas.

Dentro del texto, desfilan nombres pertenecientes a su mitología personal. Están Fuensanta, Charles Baudelaire, Águeda, Sara, Rubén Darío, entre otros. Transitan entre el plano de lo real y lo literario-imaginario por el poeta.

En correspondencia con lo anterior se encuentran las dedicatorias que Ramón López Velarde antecede en poemas particulares y en general en la escritura de sus dos poemarios. Las “dedicatorias” son paratextos, es decir, anotaciones que acompañan a la obra literaria, que otorgan directrices entre el sentir, el momento creador, la ofrenda o el espíritu con que la voz se torna en el poema. 

Las dedicatorias en La sangre devota se pueden dividir en tres conjuntos: La concordia literaria, la amistad infatigable y el insoslayable amor. 

Del primer conjunto, al principio del libro, aparecen los nombres con que el espíritu literario inunda la voz poética de López Velarde: Manuel Gutiérrez Nájera y José Othón. En ambos se encuentran justificadas razones para invocar sus alientos en la devoción del jerezano; el primero padre del Modernismo en México y creador de una corriente decadente a la luz de su ducado por las prensas de Azul, el segundo es el romántico y modernista del Idilio Salvaje.

Del primer conjunto se diferencia con respecto a los de la amistad infatigable, debido a que éstos López Velarde los considera dialogantes de igual a igual. 

Se encuentran Eduardo J. Correa, promotor y compañero de El observador y exalumno del Seminario Conciliar de Santa María de Guadalupe; Alfonso Cravioto poeta hidalguense; Enrique Fernández Ledesma célebre poeta y bibliófilo de Pinos Zacatecas; Pedro de Alba médico que entregó el acta de defunción del jerezano; Jesús Villalpando de los primeros reseñistas críticos de La sangre devota; Jesús B. González amigo de prensas y andanzas; Armando J. Alba poeta católico del Seminario Conciliar; José Juan Tablada poeta de vanguardias y hermano asiduo del jerezano; Artemio de Valle Arizpe escritor coahuilense, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua; y José de Jesús Núñez y Domínguez, constante colaborador en prensa, así como de la Revista Moderna. 

Del tercer conjunto, ya en la segunda edición, la develación del nombre de Fuensanta: Josefa de los Ríos y el α-ω de su Zozobra. 

También, dos evocaciones en el prólogo: La figura de Saturnino Herrán, a quien en Zozobra le dedicará El minuto cobarde y la siguiente aclaración: “Paréceme de justicia, por dentro de la recta continuidad espiritual de que he hablado, mencionar aquí a Angelita Díaz de León, para que viva lo que mis versos puedan defenderse de la capa de polvo del tiempo”. 
 
*Escritor e investigador





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