Friday 20 de January de 2017

Inteligencia y música 

Miguel G. Ochoa Santos      19 Oct 2014 21:29:49

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Hoy en día existen grupos de científicos que abordan procesos creativos del ser humano sin orientarse por el dogma del racionalismo extremo. Es decir, estudian objetivamente procesos mentales y prácticas estéticas que poco tienen que ver con el cálculo y la cuantificación matemática, lo cual en sí mismo es un acto paradójico.

Lo novedoso de su perspectiva es que no descalifican aquello que no pertenece al reino de la razón, como tampoco lo marginan por ser algo irracional. Todo lo contrario, a los estudiosos del tema les atrae un enigma relevante del cual se sabe muy poco: ¿estas acciones estéticas cuyo fin es azaroso e incierto forman parte de una inteligencia más amplia de la cual la lógica racional sería una parte, pero no la única ni la más importante?

Hasta ahora el misterio no ha sido resuelto, a pesar de los avances significativos de las neurociencias el desarrollo de estas disciplinas es aún incipiente y los estudios apenas iluminan algunas zonas de la mente que están involucradas en estos fenómenos. La cosa permanece todavía en el territorio de la identificación topológica de las zonas del cerebro que intervienen en la fruición y la producción artística.

No obstante, prodigiosos resultan los hallazgos en este nivel básico de la investigación. Por ejemplo, algunos investigadores encontraron que el cerebro realiza tareas muy complejas cuando escuchamos música, poniendo en funcionamiento diferentes áreas de éste que van más allá del empleo de la zona del raciocinio. Mas esta actividad se potencia significativamente en el ejecutante de un instrumento.

Por medio de la resonancia magnética y de otros instrumentos, los neurocientíficos han podido observar que el cerebro de los músicos utiliza todas sus áreas cuando ejecuta una pieza, principalmente la región del córtex visual, auditivo y motriz. Y la reiteración de este uso integral incrementa el potencial cerebral, incluso de manera fisiológica, ya que aumenta el volumen y actividad del cuerpo calloso que sirve como interfaz para conectar los dos hemisferios del cerebro.

Son complejos e integrales los procesos asociados a la ejecución de un instrumento, ciertamente intervienen aquellas zonas donde reside la capacidad lingüística y también la matemática, pero al mismo tiempo conecta regiones emocionales y motrices que permanecen inactivas cuando realizamos otro tipo de actividades, incluso artísticas.

Aprender a tocar un instrumento fortalece el cerebro y la inteligencia de forma integral. Expande sus efectos positivos a otras áreas del quehacer humano, como las referentes al desarrollo de las relaciones sociales y de los vínculos afectivos. Desafortunadamente, nuestros burócratas institucionales no están interesados en este tipo de investigaciones, siguen pensando que la educación debe ser únicamente técnica y pertinente.




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