Tuesday 06 de December de 2016

Las mujeres, discriminación y enfermedad

Antonio Sánchez González      6 Feb 2014 21:00:06

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No existe forma de discriminación más bestial que la condicionada por el género. La encuesta de 2010 del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación, muestra que las mujeres en México tienen mayores dificultades que los varones para acceder al mercado laboral, obtener educación o ejercer puestos políticos; además, a las mujeres se les condiciona el disponer de su propio tiempo o de su cuerpo: 4 de cada 10 mujeres piden permiso al esposo para salir de casa o para usar anticonceptivos, y la mayoría de la población está de acuerdo en que deben ser castigadas penalmente en caso de que decidan abortar.

Sin embargo, hay formas más sutiles para medir las consecuencias de las prácticas de exclusión hacia las mujeres. Se pueden medir en muertes prematuras y en años de sufrimiento por enfermedad, con frecuencia ligados a la pobreza que proporcionalmente padecen más mujeres en el mundo; por ejemplo, las labores de la cocina que tradicionalmente son exclusivas de ellas, provocan un exceso cercano al millón de muertes consecuencia de enfermedad pulmonar por inhalación de humo de leña, con síntomas crónicos e incapacidad física que se prolongan por años; además, la exposición durante el embarazo puede provocar productos con bajo peso y déficit intelectual.

Aunque la esperanza de vida de las mujeres es mayor a la de los hombres en la mayoría de los países, hay prácticas sociales que limitan el acceso de las enfermas a los servicios sanitarios. El riesgo de ceguera es significativamente mayor en las mujeres a cualquier edad, y los clínicos sabemos que el factor que incide en la peor evolución de las enfermedades oculares en ellas es la limitación social para viajar sin compañía para recibir atención médica. También, hay diferencias culturales que le dan menor valor a los tratamientos quirúrgicos cuando las pacientes son mujeres.

Tristemente, las escuelas de medicina dejan de lado remarcar las diferencias en la presentación clínica de las enfermedades cuando ocurren en mujeres. Olvidamos que, aunque la primera causa de muerte en la población en general de los países occidentales son las enfermedades del corazón y una de cada tres mujeres muere por cardiopatía, cuando ellas se infartan llegan más tarde a los hospitales porque tardamos en diagnosticarlas; y aunque se sabe que sufren más de insuficiencia cardíaca, con significativa menor frecuencia reciben tratamiento ajustado a las normas que los médicos debemos seguir para prevenir reingresos hospitalarios y muertes.

Los infartos cerebrales son la tercera causa de muerte en la población general. El riesgo de morir por infartos cerebrales es 60% mayor en mujeres que en hombres de cualquier edad y, además, ellas tienen más factores condicionantes de embolias, como migraña, diabetes, arritmias y presión alta, incluida, obviamente, la hipertensión ligada al embarazo.

Parece de mera justicia que la Sociedad Americana del Corazón haya publicado apenas un documento que guía los esfuerzos para disminuir la incidencia y los procedimientos terapéuticos en las mujeres con infartos cerebrales.




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