Friday 09 de December de 2016

Las prohibiciones en la colonia

Carlos López Gámez      30 May 2014 22:20:54

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En tiempos de la inquisidora colonia, para evitar estafas, usura y otras iniquidades, tanto las autoridades virreinales como clericales, emitían bandos. En uno de tantos, se tipificaban las normas para sancionar a infractores que cometieran ilícitos atribuibles a la práctica de todo tiempo de juegos al azar.

El bando de referencia circuló profusamente en todo el Reino de Nueva Galicia en el año de 1771. Don Antonio María Bucareli, cuadragésimo sexto virrey de la Nueva España y don Juan Cruz Ruíz  de Cabañas, obispo de Guadalajara, sede de la Nueva Galicia, firmaron el documento.

Unas de las copias, como era natural, se fijó en aquellos lugares de mayor afluencia de personas en l Villa de Nuestra Señora de la Purificación del Real de Minas de Fresnillo, por ejemplo los templos y diversos espacios públicos.

El bando sobre juegos prohibidos, como era su título, establecía con claridad y rigidez el porque de su publicación y destacaba los castigos que se aplicaría a quienes no se sujetaran a lo que difundía el documento.

En sus primeras líneas se asentaba que: los juegos prohibidos son un vicio destructor de casas y familias. Además se asentaba que, fomentaba la ociosidad y holgazanería que eran el origen y progreso de muchos otros males, entre los que se mencionan: las estafas y usuras. Los llamados Alcaldes del Crimen serían los encargados de hacer cumplir la ley.

Entre los juegos condenados se enumeran, entre otros, los siguientes: albures, vaina, quince, veintiuna, treinta y una, cacho, flor y otros de los naipes. También se prohíbe el embute, biribús, oca, dados, tablas y bolillo. Había severas sanciones para los llamados monteros o dueños del monte. En conjunto se les identificaba como juegos de la plebe.

Las sanciones para los infractores iban desde 200 pesos hasta un año de destierro a una distancia de 10 leguas. Otras llegaban a los cinco años en un predio ultramarino.  Los llamados delincuentes de calidad distinguida se les desterraban a seis meses de destierros y un mes de cárcel. Estas penas se duplicaban en una segunda reincidencia, de llegar a una tercera el destierro era de dos años. Los dueños de las casas donde se efectuaban las jugadas también eran severamente castigados.

Puede ser contradictorio lo que enseguida citaré, porque en una parte se prohíbe y sanciona a quienes practiquen los juegos de azar, y por otra, pues viene la tolerancia. Yo diria el clásico y tradicional legado: el disimulo. Así es, porque en otras líneas se permiten juegos de carteo, pelota, trucos de billar y otros parecidos, siempre y cuando no haya apuestas, embute, suerte o azar.

Entre otras cosas se advertía que no se jueguen prendas, alhajas, muebles o raíces. Así mismo la prohibición alcanza las jornadas laborales, cuyo horario era de las seis de la mañana a las 12 del día y de las 2 de la tarde hasta la oración de la noche. Se entiende que en el horario laboral no se pueden realizar los detestables juegos.

El bando aclara que tampoco se pueden llevar a cabo los juegos prohibidos en tabernas, figones, hosterías, mesones, botellerías y otras casas semejantes.  Los mirones que no jueguen, pero que si se divierten, serán objeto de sanciones mínimas, lo anterior para que: no se aficiones a los juegos por ser perjudicial tanto para ellos como para sus familias.

Otros juegos que sí se permitían, según lo estipula el multicitado banda, eran: ajedrez. Damas y tablas reales, aunque se asienta una clara advertencia: que no se juegue después de las 10 de la noche.

Respecto al ajedrez, el laudo señala que solo se permitía en lugares privados y, sin concurrencia, y con moderación. Con absoluta claridad se anota que está prohibida la participación de las mujeres, ya sea en los juegos o como observadoras.

Se aseguraba que estas disposiciones eran medidas saludables para evitar la propagación de los detestables vicios.

Y, para terminar, entérese de cómo se identificaban a quienes firmaban el bando: Nos el señor don Juan Cruz Ruíz de Cabañas, por la gracias de Dios y de la santa sede Apostólica, obispo de Guadalajara, Nuevo Reino de Galicia, del Consejo de S.M a los curas, vicarios, jueces, eclesiásticos del derrotero del margen, salud y gracias en N.S. Jesucristo hacemos saber que el señor Virrey de Nueva España no ha dirigido el Bando del Tenor siguiente.

Otros de los firmantes era don Pedro Garibay, mariscal de campo de los Reales Ejércitos, virrey, gobernador y capitán general de esta Nueva España, presidente de su Real Audiencia, superintendente General, subdelegado de la Real Hacienda, minas, azogue y ramo de tabaco, juez conservador.




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