Sunday 11 de December de 2016

Lograda la foto, que ruede el mundo

J. Luis Medina Lizalde      1 Jun 2014 21:20:07

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Parece hecho adrede: el pasado viernes, mientras tenía lugar un acto enmarcado en la visita de Raúl Plascencia, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, una patrulla retiró con prepotentemente a una humilde mujer huichola para sacarla de la ciudad, dejándola tirada con su modesta mercancía por el rumbo del Mercado de Abastos.

El incidente tuvo lugar en la parte del callejón de La Palma, que desemboca en la avenida Hidalgo, a escasos 50 metros del edificio que durante muchos años fue la Tesorería, sitio donde se pronunciaban encendidos discursos en pro de los derechos humanos y se firmaba un convenio de conmovedora colaboración entre los ayuntamientos y la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Zacatecas.

Es difícil adivinar a quién le afea el panorama la humilde huichola, si al alcalde Carlos Peña o al gobernador Miguel Alonso o al propio Raúl Plascencia o a los tres.

El caso es que alguien con poder y muy delicado de olfato comparte valores con “los auténticos coletos”, esa minoría racista (a sí misma se llama “gente de razón”) que desde San Cristóbal de las Casas obligaba a los indígenas (hasta que surgió el EZLN) a instalarse en las afueras de la ciudad a vender sus productos, dado que su refinada idea de la belleza del entorno es incompatible con los sucios y harapientos “indios pata rajada”.

El incidente lo conocimos en voz de Roberto Sánchez Reyes, comerciante de refacciones y emprendedor librero singularmente comprometido con la preservación de la cultura huichola a la que promueve con ahínco vistiendo traje huichol cada 7 de junio, día de su cumpleaños.

En esa fecha luce orgulloso su traje en los sitios de reunión del Centro Histórico, con la misma sonrisa divertida que le provoca la reacción de quien lo mira, tal como lo hace cuando se pasea por París, Roma, Moscú y demás polos de turismo mundial, para lucir con orgullo la indumentaria huichola.

He de decir que supo, con su relato, contagiar de indignación a todos los que lo escuchamos.

Con tanta tela de dónde cortar
La presencia de Raúl Plascencia, de obedecer a motivaciones genuinas, era la ocasión ideal para ocuparse de una brutal y masiva violación de los derechos humanos que en distintas ocasiones ha sido abordada por diversos medios, algo que no es frecuente en nuestro Zacatecas.

Era ocasión para hablar de la brutal explotación y el cruel hacinamiento de las que son víctimas los indígenas y mestizos pobres que año con año son contratados para cosechar tomate y otros productos por empresarios del medio rural, que tienen en la comunidad de Florida, municipio de Fresnillo, su más conocido lugar de operación.

La simulación es recurso de no pocos políticos. Es tan generalizada su práctica que ya no suscita el rechazo que sí encuentra en sociedades más fincadas en el respeto a la verdad pública. Mentir y ocultar verdades es considerado signo de astucia, de inteligencia.

La tolerancia colectiva con semejante antivalor diluye las responsabilidades concretas de individuos concretos por faltas concretas, dando lugar a la impune repetición de conductas lesivas para el interés general.

Catálogo inevitablemente incompleto
Al amparo de la simulación sobrevive la nefasta extorsión de quienes están en posición de decidir a quién se la asigna una obra y a quién no, a quién se le compra y a quién no. El “maiceo” a los diputados es una práctica sabida cuya permanencia se debe a la simulación. El celebérrimo chayote sin el cual muchas cosas se sabrían a tiempo de ser corregidas es imbatible por obra y gracia de la simulación.

Poco ha cambiado en este México nuestro. Porfirio Díaz decía burlón que para que un problema no se solucione hay que nombrar una comisión.

Ahora podemos decir que para que una realidad no cambie hay que hacer una ley; de ese modo, se establecen 140 años para los secuestradores cuando sabemos que el atorón está en que no agarran a los delincuentes y si de casualidad los agarran, se integran mal las averiguaciones para que un juez a modo no tenga problemas al soltarlos.

Las auditorías para “taparle el ojo al macho”, las comparecencias en las que el que comparece redacta las preguntas que formularán diputados, los opositores de “mentiritas”, los críticos de nimiedades para darse credibilidad a la hora de avalar lo realmente importante para el poder, son parte del catálogo de engaños ampliamente detectados y a pesar de eso reiterados.

La inercia que se ha impuesto es gobernar para “dar la nota”, prevalece el criterio de “lograda la foto, que ruede el mundo”; es más práctico financiar la opinión publicada que ganarse con hechos la opinión pública.

Nos encontramos el jueves en El recreo.




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