Thursday 08 de December de 2016

Los corruptos de ayer, superados por los de hoy

J. Luis Medina Lizalde      23 Jul 2014 20:55:44

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Después de 32 años de privatizaciones, el saldo es muy negativo. El crecimiento económico registrado en ese prolongado ciclo desnacionalizador es inferior en más de dos terceras partes al que México logró durante los más de 40 años que siguieron a la expropiación petrolera.

En ese entonces la empresa pública facilitó el surgimiento y expansión constante del sector privado, en contraste con lo sucedido en la etapa privatizadora en la que se desploma la actividad industrial propiamente mexicana y se colapsa el aparato productivo agropecuario.

Impresiona la similitud de la estrategia de persuasión de la opinión pública a favor de las privatizaciones de entonces con las que ahora se ponen en práctica, como si no existieran ya a estas alturas sobradas evidencias de la falsedad de las expectativas.

Piénsese si no en el caso de las tarifas telefónicas, cuando se orquestó la costosa campaña propagandística con Televisa a la cabeza para persuadirnos de lo benéfico que era para todos los mexicanos entregar la muy rentable empresa pública que era Teléfonos de México a Carlos Slim.

El argumento más repetido fue que bajarían las tarifas de los servicios telefónicos. Ahora resulta que, según las argumentaciones oficiales a favor de la reforma de las telecomunicaciones, tenemos los servicios telefónicos más caros del mundo y que la gran bondad de la reforma hecha a la medida de Televisa es que a partir del primero de enero del 2015 ya no habrá cobros de larga distancia.

El comportamiento de la clase política mayoritaria es tan indigno ahora como lo fue entonces. Hoy como ayer, lo que aprueban los diputados y senadores bajo control del presidente les es dictado desde afuera de los recintos legislativos. Hoy como ayer las declaraciones que esparcen por doquier les es indicada desde la cima del poder del que debieran ser contrapeso.

Tropezando con lo mismo
La diferencia es que ya transcurrió el tiempo suficiente para apreciar lo correcto o equivocado del camino privatizador y el saldo es catastrófico. Ahí están las veces que los impuestos que pagan los gobernados se ha utilizado para salvar a los beneficiarios de las privatizaciones de lo público.

El rescate carretero es tan solo uno de los casos. También está el de los ingenios azucareros, o la costosísima operación de salvación de los bancos, ahora bajo control de extranjeros en su mayoría.

Cuando el mundo ya va de regreso de la euforia privatizadora, nuestra corrupta clase gobernante sigue enajenando a la nación. Entrega playas, yacimientos de oro y plata, petróleo y gas, industria eléctrica, espacio radioeléctrico, riqueza marítima y todo lo que los mexicanos poseemos capaz de inspirar la codicia de las trasnacionales.


La prensa mundial especializada en temas económicos ha coincidido en señalar que en México fracasó la política privatizadora que en Salinas de Gortari tiene a su político emblemático debido a la enorme corrupción de la clase gobernante.

Las empresas públicas puestas a la venta fueron entregadas al círculo de allegados. Ellos mismos se han exhibido en memorables documentos audiovisuales. Recordemos la difusión de una conversación del atribulado Raúl Salinas de Gortari con su hermana Adriana cuando, desde la dureza de la prisión, amenazaba con delatar a su hermano Carlos.

No menos memorable es la frustración que queda videograbada en el momento en que Miguel de la Madrid refiere los vínculos del salinismo con el narcotráfico, o la animada charla con sus cuates donde Luis Téllez se refiere a su exjefe Carlos Salinas de Gortari como un ratero que “se robó la mitad de la partida secreta”.

Los alumnos, superando a los maestros
¿Ha cambiado para bien la moral de la clase gobernante de entonces a la fecha? Evidentemente no es el caso. Peña Nieto accedió a la primera magistratura con el más cuestionable uso de recursos procedentes del erario del estado de México para proyectar su imagen personal. Las tarjetas Monex hablan por sí solas.

Lo peor está por venir. Desde que Zedillo renunció al mínimo decoro cuando, después de cumplido su gestión presidencial, se convirtió en empleado de una empresa extranjera adquiriente de Ferrocarriles Nacionales, empezó la cooptación de trasnacionales de exfuncionarios públicos con información de alta confidencialidad por razones de interés público y con relaciones idóneas, con segmentos de la alta burocracia, para ponerlos al servicio de sus intereses.

Son los cabilderos de las reformas que antes fueron secretarios de hacienda, de Energía directores de Pémex, etcétera. Los privatizadores de ayer se corrompieron en el camino, los privatizadores de hoy corrompieron el camino. Las mochadas son inocentadas frente a lo que se vislumbra.

Nos encontramos el lunes en El recreo.




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