Sunday 11 de December de 2016

Los curas del pueblo

Javier Torres Valdez      20 Nov 2013 23:00:05

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De todos mis recuerdos y vivencias, durante muchas semanas he escrito, de personas, lugares, anécdotas de padres e hijos, pero nunca de espíritus santos.

Esta frase viene en relación a los recuerdos que de varios curas y sacerdotes he tenido en la vida.

Y no puedo menos que empezar con Carlos Uriel Argüelles Aldana, cura que fue de la Parroquia de la Inmaculada en la ciudad de Jerez, por muchísimos años.

Este personaje tuvo ideas avanzadas que combinaba con otras muy conservadoras.

Tuvo iniciativas excelentes, como lo fué la creación del Colegio Daniel Márquez Medina. También creó La Casa de Jesús, refugio para muchachas que habían caído en el vicio o en el abandono de quien debía cuidarlas y protegerlas; esta casa funcionaba, donde hoy se encuentra la Parroquia de San Francisco, en la colonia del mismo nombre.

Cierta vez, que me distinguió con la invitación a desayunar, me contaba que tenía la idea de crear una granja para jóvenes huérfanos o abandonados, que estaría instalad, en terrenos de la huerta de la exhacienda de Ciénega.

Planeaba sembrar hortalizas, instalar un establo, una zahurda, colmenas y aprovechar los árboles frutales injertando con mejores variedades, esa granja debería funcionar de manera autónoma, consiguiendo recursos de su misma producción, por azares del destino, no pudo concretar su proyecto, pero en cambio dejó un colegio para las generaciones venideras.

Entre sus ideas muy conservadoras tenía la de no permitir que las mujeres asistieran a los servicios religiosos en pantalones.

Eran los tiempos en que la población católica acostumbraba a besar la mano a sus párrocos cuando estos hacían la señal de la cruz a modo de bendición.

Las peregrinaciones que organizaba el cura Argüelles eran multitudinarias y él siempre las encabezaba invitando a los “mirones”, con enérgica cortesía a que se incoporaran a la columna.

En compañía de los hombres de negocios jerezanos inició una colecta para solventar el costo de una nueva campana mayor para el templo parroquial, pues la que estaba en uso tenía unas enormes grietas y eso producía un defectuoso sonido.

El padre Argüelles decía que las campanas debían tener un sonido alegre para invitar a los feligreses a los servicios religiosos o para festejar las fechas importantes.

Se adquirió la campana y fueron los mismos fabricantes quienes hicieron los preparativos para subirla. Fue todo un acontecimiento, pues cientos de curiosos pudieron observar como ocho hombres, utilizando la fuerza de sus brazos, la subieron a la torre y la colocaron en su sitio.

Destacaron en la colecta y aportación de fondos, Rafael Alcalde Ávila y Felipe Ceballos, sin dejar de mencionar a todos los rotarios de aquella época, como el doctor Medina, Isidro de Santiago, Juanito Santoyo, Porfirio Carlos, Carlos Acevedo, Aurelio Valdez, Jesús Valdez y hasta don Salvador Sabag.

En otra ocasión escribiremos de otros curas y sacerdotes a los que Jerez debe mucho por su singular entrega a su ministerio, entre ellos se encuentra, el padre Panchito, en el Santuario de la Soledad.
 




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