Thursday 08 de December de 2016

Los médicos, en su legítima defensa

J. Luis Medina Lizalde      25 Jun 2014 20:40:08

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El gremio médico adscrito a las instituciones de salud es sometido al mismo tratamiento que el que recibe el magisterio nacional.

Enviado a la guerra sin fusil, es culpado de todas las fallas que tantas insatisfacciones genera entre la población la falta de medicamentos, el cada vez más reducido tiempo dedicado a cada paciente, lo dilatado de los tiempos para ser intervenido o al menos para ser auscultado por un especialista.

Han quedado atrás los tiempos en que el prestigio social de la figura del médico se saboreaba desde que se era apenas un estudiante de medicina humana, cuando por ese simple hecho se era socialmente considerado “un buen partido”.

Tal circunstancia a quienes estudiamos otra carrera universitaria nos producía envidia de la buena y a veces de la mala. Ahora, el médico permanece inserto en el universo laboral en creciente proceso de precarización, al grado que ahora se desgarran entre su plaza en el ISSSTE, la del IMSS, la consulta privada y algunos también en la docencia.

Nos forjamos la idea de que para ser médico se requiere una dedicación mayor a la exigida en otras carreras, así lo resentíamos los activistas estudiantiles cuando los correligionarios que estudiaban medicina se apartaban del mundanal ruido obligados por una elevada carga de responsabilidades.

Cuando los que estudiamos carreras más compadecidas de los simples mortales nos volcamos al ejercicio profesional en cualquiera de sus variantes, los médicos se incorporan a un opresivo esquema de “residencia”, primero y servicio social, después, mediante el cual la medicina institucional abarata el cumplimiento de su cometido amparándose en la coartada de que las precarias condiciones son parte sustancial de su formación profesional.

Medio siglo después
El pasado domingo 22 de junio, hombres y mujeres dedicados al ejercicio de la medicina en instituciones públicas salieron a las calles de varias ciudades asumiendo la identidad de Yo Soy #17 y proclamando que “no somos dioses, no somos criminales”.

La gota que derramó el vaso de agua es la orden de aprehensión dictada contra 16 médicos del Centro Mexicano de Occidente de Guadalajara, Jalisco, con motivo de la muerte de un menor ocasionada, según su señor padre, por negligencia médica.

La inconformidad del gremio médico la motivó la falta de preparación especializada de los autores del peritaje médico incriminatorio que sirve de fundamento al juez para obsequiar las órdenes de aprehensión, inconformidad avalada por otro peritaje, este sí, a cargo de especialistas que desmiente que en el caso concreto que desató las movilizaciones hubiera negligencia.


Los médicos que desfilaron por el Centro Histórico de Zacatecas el domingo en la mañana lo hicieron en número suficiente para acreditar fortaleza.

Aunque solo acudieron los que no estaban en horario de servicio, fueron varios cientos los que recorrieron las calles hasta culminar en la sede del Congreso local, donde fueron atendidos por la presidenta de la Comisión de Salud de la actual Legislatura y quien, en brevísimo mensaje, manifestó la voluntad de la representación popular de darle a las demandas de los profesionales de la medicina la atención debida.

El movimiento médico no daba señales de vida desde hace medio siglo, cuando el represivo régimen reprimió sus justas demandas. Ahora apenas enseñó el músculo, pero lo hizo con tal contundencia que no es de dudarse que el gobierno federal encuentre el camino de desistimiento legal de los cargos enderezados contra los 16 galenos y que inclusive dé curso a las modificaciones legales reclamadas por el movimiento con tal de que ahí quede todo, que eliminen los síntomas sin atacar la enfermedad.

Publicitar el diagnóstico correcto
También es posible que con la movilización del pasado domingo los médicos descubran su enorme potencial de presión a favor de sus legítimos intereses, que le hagan frente a la entrega de la salud a la deshumanizada lógica del mercado que los mantiene indebidamente confrontados con los pacientes y sus familias, que no conocen el trasfondo de las ineficiencias que tanta inconformidad suscitan.

La gente no es informada de la insuficiencia de personal, de la saturación de hospitales, de las claves autorizadas, es decir, los medicamentos disponibles, reducidas a menos de la mitad, especialistas con agenda saturada hasta medio año, remuneración baja, burocracia políticamente viciada que los organiza periódicamente como estructura electoral al servicio del partido en el gobierno.

La satanización de los médicos aprovecha casos individuales de mala práctica profesional para hacer del personal el chivo expiatorio de las culpas de un régimen que mercantiliza aceleradamente la salud de idéntica manera que lo hace con la educación. Que su lucha no sea flor de un día.

Nos encontramos el lunes en El Recreo.




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