Thursday 08 de December de 2016
»Manuel Benítez Valle comparte sus anécdotas  

Los músicos de la división a cargo de Francisco Murguía 

Conrado Briseño Guzmán      30 Aug 2014 20:40:56

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  • Manuel Benítez Valle relata lo vivido en la banda de la Sexta Brigada, perteneciente a la división a cargo de Francisco Murguía. (Colección particular del cronista de la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas).  (Cortesía) Manuel Benítez Valle relata lo vivido en la banda de la Sexta Brigada, perteneciente a la división a cargo de Francisco Murguía. (Colección particular del cronista de la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas). (Cortesía)
  • Manuel Benítez Valle, el primero de la segunda fila de arriba hacia abajo, fue uno de los fundadores de la Banda de Música del Estado.  Esta imagen es de 1933, en el actual Jardín Juárez. (Colección particular del Cronista de la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas).  (Cortesía) Manuel Benítez Valle, el primero de la segunda fila de arriba hacia abajo, fue uno de los fundadores de la Banda de Música del Estado. Esta imagen es de 1933, en el actual Jardín Juárez. (Colección particular del Cronista de la Banda Sinfónica del Estado de Zacatecas). (Cortesía)
  • En Fresnillo se alojaron en el Teatro Echeverría, donde permanecieron dos meses. (Foto: Centro de Investigaciones Históricas de Fresnillo AC).  (Cortesía) En Fresnillo se alojaron en el Teatro Echeverría, donde permanecieron dos meses. (Foto: Centro de Investigaciones Históricas de Fresnillo AC). (Cortesía)
  • La banda de música se integró en Sombrerete, a petición del general de brigada, Eduardo Hernández.  (Cortesía) La banda de música se integró en Sombrerete, a petición del general de brigada, Eduardo Hernández. (Cortesía)
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A finales de 1913 y a principios  de 1914, arribó al estado de Zacatecas el ejército carrancista, comandado por el zacatecano, general de división, Francisco Murguía.

Él había designado jefe de las armas en Sombrerete al general de brigada Eduardo Hernández.
Este jefe fue muy afecto a la buena música, pues entre los oficiales de su Estado Mayor, había algunos buenos músicos como el teniente coronel Abelardo Ábrego que tocaba el violoncello, así como el cantante y guitarrista Crisóforo Castañeda y Sánchez de la Vega,  pianista y compositor.

El regiomontano Eduardo Hernández se dio  cuenta, al poco tiempo de residir en Sombrerete,  de que había algunos músicos, por lo que solicitó el permiso correspondiente para organizar la Banda de Música de la Sexta Brigada.  

La División del general Francisco Murguía  se componía de 11 brigadas,  algunas de ellas ya tenían banda de guerra.

Un día los convocó en su cuartel, que por cierto estuvo donde hoy es el Banco Mercantil de Zacatecas, en la calle Hidalgo, antes calle Real, en Sombrerete. 

Ya reunidos, les habló del proyecto de organizar una banda y preguntó si estaban dispuestos a ingresar al ejército con carácter de músicos.

Los presentes le indicaron que no podían, pues al salir la brigada a otra parte, tendrían que dejar sus familias, aunado al peligro que había entonces.

El general Murguía, por órdenes de Venustiano Carranza, entonces presidente de la República, combatiría a los villistas hasta exterminarlos, como lo logró al llegar con su división a Chihuahua en 1915.

El ofrecimiento para los músicos fue quedarse en un solo sito para así poder darse de alta como miembros de la banda de guerra.

La mayor parte del personal era de Sombrerete, 20 en total y la agrupación se completó con músicos de Durango.

Trajeron un  director de Uruapan, Michoacán, llamado Clemente Madrigal, quien preparó a unos 30 o 40 ejecutantes y al poco tiempo la banda daba funciones en público y en el cuartel.

Según narra Manuel Benítez Valle, miembro de la agrupación,  en el libro Dichas y Desdichas de un Músico Zacatecano, se les pagaba con billetes carrancistas, pues habían quedado fuera los villistas.

“Así pasamos unos meses, pero un buen día nos dijo el director: mañana festejará el general su onomástico y quiere pasar el día en Chalchihuites, un florido y alegre pueblo cercano a Sombrerete, y que muy cerca pasa el tren para Durango. Debemos estar hoy a las 6 de  la tarde por orden del general.

“No maliciamos nada de dicha orden y nos reunimos en la estación de donde salimos como a las 7 de la noche. “Llegamos a las 8 a una estación que se llama Gualterio, faltando solo otra estación para estar más cerca de Chalchihuites; en dicha  estación se  detuvo el tren y ahí  nos quedamos.

“Pasaron las horas y llegaron las 10 y las 11 de la noche y  nos acostamos unos en el piso del carro y otros en los asientos,  pues el carro era de pasajeros. 

“Como  a las 3 de la mañana, sentimos que el tren se puso en movimiento. Y creímos que  ya saldríamos hacia Chalchihuites, pero no nos levantamos, pues como estaba muy obscuro, no se veía nada.

“Al amanecer el día siguiente: fue la sorpresa más grande al ver que estábamos en la estación de Durango. “Intentamos bajar del carro y  ya teníamos centinelas en  la puerta y nos impidieron salir”.

Al ver lo que pasaba, Manuel Benítez Valle dijo que un músico que era de ese lugar, saltó por las ventanillas y huyó.

Cuando el general se enteró, dio la orden de que si lo aprehendían, lo fusilaran.

De Durango, los llevaron a Torreón; de ahí se dirigieron a Zacatecas y en seguida salieron a Fresnillo.
En ese municipio estuvieron unos dos meses; “nos alojaron en el entonces abandonado Teatro Echeverría, que aún existe”.

La miseria en Fresnillo
Benítez Valle, que tocaba el flautín, describe en su libro la miseria que se vivía en Fresnillo cuando estuvieron ahí; eran los estragos de la Revolución.

“Vimos cómo la gente de clase menesterosa, imploraba la caridad pública sin conseguir ayuda y morían en la vía pública.

“Al personal de la banda de música nos daban provisiones cada tercer día, consistía en carne de carnero que sacrificaban en el interior del mismo teatro, además harina, frijol y a veces maíz;  muchas  mujeres se reunían frente al teatro y al salir nos ofrecían sus servicios para condimentar la  provisión y que les quedara algo a ellas para alimentarse; todos les dábamos.

“Nos hacían los alimentos.  Esto pasaba solo a la hora de comer, pero para la noche no se conseguía nada de cenar.

“Frente al jardín principal existe un edificio colonial  que en ese tiempo fue mesón. Allí íbamos  a lavar nuestra ropa.  Se daban los domingos, matiné y serenata y los jueves solo serenata.

“El motivo  de habernos tenido en Fresnillo fue que el general Hernández trató de someter al orden a los rebeldes que solo trataban de alterar el orden robando y asaltando pueblos y que en un combate que tuvieron en la sierra de Valparaíso murió un coronel muy ameritado y valiente de apellido Garza, originario de Monterrey y paisano del general Hernández,  que por no haber podido traerlo lo sepultaron en la sierra en la ocasión a que me refiero.

“Fueron a buscar la fosa para exhumar el cadáver y llevarlo a Monterrey; en dos meses se entretuvo en encontrar lo que buscaban y por fin lo consiguieron.

“Al regresar al  pueblo de Fresnillo, el general nos dijo: ahora sí muchachos, vamos para Sombrerete”.

La historia de amor
Al explicar lo que ocurría, el músico aprovechó el espacio para contar entre paréntesis que el general Hernández “tuvo mucha estimación” por el pueblo de Sombrerete, donde se enamoró de una bella dama.
Por su belleza la llamaban Virgen, pero su nombre era Sofía Flores, con quien Hernández finalmente se casó en su terruño.

Benítez Valle explica que la banda asistió a la celebración, por lo que estuvieron cuatro días en Monterrey, a principios de 1915.

Regresan a Sombrerete
El músico retoma el tema sobre su estancia en Fresnillo, y explica: 
“La  noche anterior del día para regresar a Sombrerete nos dijo el general: esta noche, una noche de serenata (gallo) como despedida.

“El general supo que  los músicos de Sombrerete formábamos una orquesta, por la que había escuchado la bellísima melodía de un vals titulado: Tu Mirada, obra de un inspirado compositor zacatecano, originario del municipio de Ojocaliente,  Zacatecas, que se llamó  D. Filomeno Escobedo, maestro que después de muchos años,  tuve el honor de tratar y apreciar su amistad.

“En el personal de la orquesta tuvimos un excelente violoncelista que se llamó Pascual Mata, que ejecutaba maravillosamente la citada melodía que al general, nuestro jefe, le  agradó  mucho y la hacía repetir varias veces”.

Una nueva orden de salida
“Regresamos a Sombrerete,  donde nuestra familia nos recibió con júbilo, así como la gente  del pueblo.

“El amanecer de un nuevo día, una partida  de facinerosos  rebeldes sin  bandera intentó atacar la plaza  de improviso, pero la guarnición que defendía la plaza y el general en persona, los combatieron y  derrotaron capturando algunos prisioneros que por orden del general fueron ahorcados y expuestos en la calle principal, o  sea en la calle Real, hoy calle Hidalgo.

“Ahí permanecieron cuatro días, teniendo yo que pasar por las noches en las que terminaba de tocar algún baile. “Imagínese el lector el miedo y horror de ver aquellos cadáveres meciéndose en los árboles y otros en los postes de la luz.

“Con objeto de dar un descanso  a la tropa, se recibió la orden de que la Sexta Brigada saliera de la ciudad al estado de Guanajuato,  estableciendo el cuartel en el pueblo de Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia.

“Temeroso yo, por tantos acontecimientos trágicos, solicité al director de la banda que me dejara;  y él accedió, pues le convenía,  ya que yo seguía figurando en  la nómina de pago como con permiso y él recibía  mis haberes.

“Se fue la brigada y la banda y el primordial motivo de haberme quedado,  fue que no se sabía si regresaría la brigada a Sombrerete y no quise dejar a mi madre sola por mucho tiempo,  y como lo pensé, sucedió.

“La brigada la unieron (sic.) a la división, así como a todas las brigadas que fueron  11 y se reconcentraron en Torreón.




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