Sunday 11 de December de 2016

 Los silencios energéticos

Miguel G. Ochoa Santos      10 Nov 2013 21:10:06

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Muy fácilmente el lenguaje en boca de burócratas y políticos se pudre porque la caducidad de las mentiras es casi instantánea. Utilizan dispositivos retóricos orgánicamente conectados con los intereses materiales que estimulan y defienden, pero que pretenden ocultar con la ayuda de las palabras. La simple recaudación fiscal se transforma en justicia social; las nuevas relaciones políticas entre magisterio y gobierno son presentadas como mecanismos de evaluación y superación educativa.

Algo similar está pasado con el proyecto de reforma energética que ha comenzado a discutirse. Ni la izquierda ni la derecha explican el fondo real del asunto, emplean el lenguaje para exaltar sentimientos a favor o en contra de las distintas propuestas. Pero en realidad ocultan aspectos esenciales para la comprensión cabal del cuestionable proyecto.

Los ciudadanos estamos ante un juego cruzado de descalificaciones superficiales que enrarecen el ambiente y contribuyen a inflamar pasiones nacionalistas o ánimos privatizadores. Desde el gobierno federal y el sector empresarial hacen malabares para convencernos de que, por una parte, el Estado ha sido ineficiente, corrupto y falto de recursos para explotar la riqueza que Natura nos dio.

Más, por otra parte, persisten en la idea de que ese mismo Estado, al que han denostado, puede mantener la rectoría general de los energéticos si la iniciativa privada ayuda en la tarea de producir mercas y excedentes que un futuro indeterminado beneficiaría a la población. De cercenar el cáncer sindical y los trapicheos vergonzosos con los dineros de Pemex, nada, cero políticas públicas. Ya sabemos que cualquier cambio propuesto sería mero artilugio retórico si la corrupción imperante y la grosera impunidad persisten. México no es Noruega.

El panorama de la siniestra es aún más triste, regresa al rancio melodrama nacional revolucionario sin aportar información más relevante para el ciudadano. Mantiene el dogma de seguirle dando al Estado el monopolio de los precios altos, la ineficiencia, el mal servicio, el despilfarro y la utilización discrecional de los ingresos. La opinión del votante es lo de menos, la evaluación del modelo cardenista no está a discusión.

Recomiendo a nuestros amables lectores que vean el extraordinario documental de Josh Fox, titulado Gasland, el cual actualmente se difunde por HBO. Allí podrán apreciar el lado oscuro de la exploración de los hidrocarburos y el gas “shale”: contaminación de mantos acuíferos y escasez de agua, incremento masivo de las emisiones de metano a la atmósfera, indefensión jurídica de los pobladores que son afectados directamente, desarraigo forzado, generación de sismos, envenenamiento de personas, animales y cultivos. Sobre estas consecuencias terroríficas, la izquierda redentora nada dice, sigue en lo suyo, luchando por llevar recursos a su molino.

 




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