Saturday 03 de December de 2016
»Nietos de Puebla comparten vivencias memorables 

Los últimos días de Pánfilo Natera

Erika Flores      28 Dec 2014 00:10:34

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  • (Cortesía) (Cortesía)
  • Pánfilo Natera García con su esposa, Aurora Sánchez. (Cortesía) Pánfilo Natera García con su esposa, Aurora Sánchez. (Cortesía)
  • Juana Gallo fue una de las amistades del general que hizo guardia de honor, cuando su cuerpo llegó a Zacatecas. (Cortesía) Juana Gallo fue una de las amistades del general que hizo guardia de honor, cuando su cuerpo llegó a Zacatecas. (Cortesía)
  • Mucha gente asistió al sepelio de quien fuera gobernador de Zacatecas por segunda vez, de 1940 a 1944. (Cortesía) Mucha gente asistió al sepelio de quien fuera gobernador de Zacatecas por segunda vez, de 1940 a 1944. (Cortesía)
  • En su testamento declara que es de Norias, del municipio de Nieves, Zacatecas. (Cortesía) En su testamento declara que es de Norias, del municipio de Nieves, Zacatecas. (Cortesía)
  • Con su madre. (Cortesía) Con su madre. (Cortesía)
  • Martha Herrejón Natera. (Erika Flores) Martha Herrejón Natera. (Erika Flores)
  • Salvador convivió mucho con él. (Erika Flores) Salvador convivió mucho con él. (Erika Flores)
  • María Patricia no pudo conocerlo. (Erika Flores) María Patricia no pudo conocerlo. (Erika Flores)
  • La casa donde el general murió es ahora el Café de la Parroquia, en San Miguel de Allende. (Erika Flores) La casa donde el general murió es ahora el Café de la Parroquia, en San Miguel de Allende. (Erika Flores)
  • Esta era la habitación del jefe revolucionario. (Erika Flores) Esta era la habitación del jefe revolucionario. (Erika Flores)
  • María Patricia, Martha, Gilberto, Salvador y Gloria Herrejón Natera. (Erika Flores) María Patricia, Martha, Gilberto, Salvador y Gloria Herrejón Natera. (Erika Flores)
Imagen de


La salud del general Pánfilo Natera se había deteriorado lentamente.

Apenas habían pasado cuatro días después de la Nochebuena de 1951.

Solo resistirá unos días más, había dicho el doctor Nava, así que Martha Natera Sánchez y su esposo Francisco Herrejón Ocampo decidieron llamar a la familia de Zacatecas.

Hacía dos años que el exgobernador vivía en su casa, debido a su estado de salud, ya que le recomendaron un lugar a una distancia más corta del nivel del mar.

Aunque sus padres no querían que lo vieran en ese estado, el jefe de la División del Centro pidió que todos sus nietos pasaran a la recámara donde permaneció en la casa que hoy lleva el número 11 de la calle De Jesús, en San Miguel de Allende, Guanajuato.

Entraron casi en formación y uno a uno les fue tocando la cabeza a manera de despedida.

“Sí nos llegó a tocar la cabeza, pero ya como muy burda su mano”, dice Martha Herrejón Natera, su nieta.

En 1951, ella tenía poco más de 3 años de edad, mientras que su hermano Salvador ya había alcanzado los 8.

Para los más de 20 nietos que el 28 de diciembre rodearon la cama del general, ese fue un momento muy emotivo.

Salvador recuerda muy bien las palabras que dio cuando todos estaban presentes:
“Ya me voy, le dejo para que se lo reparta a mis hijos, es para mis Pinacates y volteaba con todos barriendo la mirada, para mis pinacates, ¿quedó claro?”

Una bala alojada en el pecho impedía que Natera estuviera recostado, pues podría lastimar su corazón, así que le fue acondicionada una mecedora para que pudiera descansar.

“Lo recuerdo sentado todo el día en cama. Decía que la muerte no lo iba a agarrar sentado, había sido un hombre valiente y quería morir de pie”, dice Salvador.

A eso del mediodía le acomodaban la mecedora en el patio para que pudiera tomar el sol.

“A mí se me quedó grabado que decían que murió en los brazos de mi papá, porque con mi papá llevó siempre muy buena relación”, platica María Patricia, la penúltima hija de los Herrejón Natera.

Ella tenía 1 año cuando murió el general, pero lo conserva en su memoria por todo lo que su madre y hermanos le han contado sobre él.

De esa manera supo “que era un hombre de mucho carácter, de mucha decisión, era una persona que no se doblegaba, por eso llegó a donde llegó”.

Los hermanos Herrejón Natera ahora radican en Puebla.

Tiempo de calidad
Pese a su estado de salud, Pánfilo Natera tuvo las fuerzas para pasar momentos inolvidables con su nieto Salvador.

Era el que más lo seguía, pues los demás le tenían algo de temor. De cariño le decía Papá abuelito.
“El porte que tenía, el tamaño, era impresionante. Mis primos no se le acercaban, yo era el único que me le acercaba”, relata.

En las tardes, después de comer, jugaban en una mesita con monedas de 20 centavos de cobre. 

El general le decía que todas las monedas que lograra parar serían suyas, pero ya cuando llevaba 20 o 25,  le pegaba a la pata de la mesa sin que se diera cuenta y se caían.

“Chiiin”, comenta sonriendo tras llevarse las manos a la cabeza. Y su abuelo le decía, ‘otra vez, otra vez’.

En otras ocasiones el pequeño era llamado para que le rascara la espalda, que tenía más de dos heridas de  bala.

“M’ijo, tráigase el rascacielos”, le decía.

En cuanto escuchaba la orden, Salvador iba por el cepillo y comenzaba a rascarle.

“Ya Papá abuelito?”- preguntaba. “No, ya mero. Usté échele”, respondía

Salvador fue de los pocos que un día vieron desaparecer el gesto recio y serio de su abuelo.

Tenía 4 años y le gustaba acompañarlo a cabalgar en su rancho Pardillo, en Fresnillo.

Esa mañana,  él y su primo Jorge Inguanzo esperaban que saliera el general, montados en el caballo que llamaba “El Mariguano”.

Un perro pastor alemán asustó al caballo y se puso en dos patas. Los niños cayeron de inmediato. Salvador se partió la cabeza.

Nunca había visto llorar a su Papá abuelito como ese día.

El médico le había dicho que el pequeño no sobreviviría, así que Natera lo tomó en sus brazos y se lo llevó al Santuario del Santo Niño de Atocha para pedir por su vida. Esa fue la única vez que lo vio rezar.

Lo imborrable
La nobleza y calidad humana de Pánfilo Natera han sido virtudes que sus nietos siempre recordarán.

María Patricia tiene muy presente la ocasión en que conoció al recién nombrado director del Banco de Oriente, en Puebla, que se sorprendió al saber que era nieta del general.

“Ella es Patricia Herrejón Natera y dijo, ¿Natera? ¿Qué es usted del general? Es mi abuelo.

“Fíjese que yo nací en Zacatecas y no sabe el gusto que me da conocer a alguien de la familia del general, porque déjeme platicarle que yo fui de una familia muy humilde y el general me regaló mi primera bicilceta y unos zapatos por eso me da mucho orgullo haberla conocido”, platica con emoción.
Varias son las anécdotas en que Pánfilo Natera demostró su generosidad.

A Blas Chumacero, quien llegó a ser un importante líder en la Confederación de Trabajadores de México (CTM), le perdonó la vida.

“Me perdonó la vida porque nosotros nos robamos sus guajolotes”, les había platicado personalmente, recuerda Arturo Ramírez y López, esposo de Martha Herrejón Natera. 

“En ese entonces el general estaba como jefe de operaciones creo en Querétaro”, añade.

Valores como estos son los que la familia desea que se sigan pasando generación por generación.

Y fue precisamente de esa forma que Martha, hija mayor del Natera, compartió con sus hijos las hazañas de su padre, para que continuara el legado.

“Yo lo presumía mucho en la escuela, inclusive con las maestras, que empezaban a hablar de la Revolución y hablaban de Villa y yo dije bueno por qué mi abuelo no, porque antes los libros no te ponían toda la historia, hasta ahora es cuando están sacando a mi abuelo verdaderamente.

“Y yo le decía, yo soy nieta del general Pánfilo Natera y él tomó Zacatecas en unión con Felipe Ángeles y con Francisco Villa, pues todo lo que me decía mi mamá, y tomó otras ciudades de Zacatecas y otros municipios, y él inició la Revolución en Zacatecas, porque mi mamá nos lo decía”, recuerda Martha Herrejón Natera.

“Esto tiene que seguir, cómo, inclulcándole nosotros como nietas, inculcando a nuestros hijos los valores que tenía mi abuelo, sus ideales, por qué luchó”, dice.

Puro orgullo zacatecano
Por primera vez, con documentos en mano, fue demostrado que Pánfilo Natera nació en territorio del hoy municipio de Francisco R. Murguía y no en San Juan de Guadalupe, Durango, como muchos historiadores han manejado.

María Socorro Campa Mares, sobrina nieta, mostró a Imagen el testamento del general en el que declara haber nacido en “la Hacienda de Norias, del municipio de Nieves, Estado de Zacatecas”.

El documento fue expedido un día antes de su muerte, en San Miguel de Allende, Guanajuato, por el notario público Leobino Zavala.

Y para que no quepa duda alguna, facilitó una copia del apartado de su último informe de gobierno, en 1944, en el que explica que construyó una escuela en Norias, “como donativo personal a mi tierra natal, para que los campesinos de aquel lugar tuvieran un refugio que les permitiera palpar una de las promesas de la Revolución”.

El cortejo
El cuerpo de Pánfilo Natera regresó a su tierra natal, acompañado de decenas de elementos del Ejército Mexicano.

Los militares representaron a su estado según el tramo que recorría, por lo que fue custodiado por miembros de León, Jalisco y Aguascalientes, recuerda Salvador.

Al llegar a Zacatecas recibió honores en el Congreso del Estado y el Palacio de Gobierno.
Recuerda muy bien la foto en la que aparece su amiga Ángela Ramos Aguilar, conocida como Juana Gallo.

Traía una canasta en la mano, quizá era de las gorditas que vendía.

Años después, en el gobierno de José Isabel Rodríguez Elías (1962-1968) se exhumaron los restos del general para depositarlos en el Mausoleo de La Bufa.

Salvador platica que el espacio que le habían destinado era del tamaño promedio de una persona y que cuando los albañiles se dieron cuenta de que Natera medía casi 2 metros, tuvieron que abrir otro.

Su cuerpo había sido embalsamado con las técnicas que se manejan en Guanajuato, por lo que cuando sus familiares lo vieron por última vez, el general aún no había perdido la entereza que siempre lo había caracterizado. 

“A mi abuelo lo embalsamaron, inclusive cuando lo sacaron de la caja para ponerlo en la rotonda ya que había llegado a Zacatecas y le hicieron los honores correspondientes, encontraron su cuerpo intacto", dice orgullosa a Imagen Martha Herrejón Natera.




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