Monday 16 de January de 2017

Las cuentas de San Pedro

Sigifredo Noriega Barceló      16 Sep 2014 21:30:06

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Escuchamos el Evangelio del perdón desde los acontecimientos y eventos que vivimos.

Ha sido y es una semana de peregrinaciones, fiestas, informes de gobierno, vacaciones cortas, malas y buenas noticias.

Como cristiano, nativo del Estado de Sonora, me indigna que las luchas de y por el poder estén lucrando, política y económicamente, con la tragedia ecológica humana de hace un mes como se hizo hace cinco años con la horrible tragedia de la guardería ABC.

El perdón de Dios aplica siempre, necesita de la humildad, supone la justicia, potencia la verdad, expande la vida en la caridad.

No creo que Pedro haya tenido una calculadora (de cualquier tipo) en sus manos. Tampoco que haya lanzado al ciberespacio sus limitadas y elementales matemáticas. Sí creo que se quedó muy corto en su generosidad: siete veces = plenitud y abundancia.

Lo normal en su tiempo era perdonar tres veces; a la cuarta, como dice el dicho, “nadie tenía perdón de Dios”, mucho menos de los ofendidos, descendientes y vecinos del barrio. Sigue resonando muy fuerte, este domingo (puente patrio en México), la pregunta de Pedro, de los cristianos digitales de hoy y de los mediáticamente informados (escandalizados) de ese nuestro tiempo: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar?” ¡Vaya que hay material abundante para aplicar la cuestión!

Escuchar la respuesta del maestro Jesucristo “te digo que hasta 70 veces siete”, nos invita a repasar los asuntos/efemérides/eventos/escándalos/acontecimientos que los días de septiembre nos ofrecen y los medios de comunicación nos recetan cada día. Tal vez, las palabras de Jesús puedan sonar exageradas. Para que no parezcan, nos regala una historia, como solía y suele hacerlo, para que no caigamos en la tentación de usar nuestras matemáticas (electorales y no) en las cuestiones del amor cristiano. Ni cuentas, ni cuentos en el campo humano y divino del perdón. No hay pretextos que valgan. Se trata de perdonar y buscar el perdón siempre, siempre, siempre. En cualquier circunstancia, la grandeza del corazón, del hombre y de Dios, deben prevalecer.

¿Por qué la invitación a perdonar siempre? Porque el amor de Dios es misericordioso y no tiene límites. El nuestro tiene los límites de nuestras pasiones. Por eso necesitamos la gracia de Dios, permanentemente en nosotros. Orar con el Padre nuestro, todos los días y varias veces al día, nos pone ante un reto tremendo: “Perdónanos como nosotros perdonamos”, afirmamos y pedimos. ¿Es así? Que yo sepa, aprendemos la oración del Padre nuestro desde que empezamos a hablar; a nadie se prohíbe orar con las palabras que Jesús nos enseñó. Entonces, ¿qué nos pasa? El perdón, dado y recibido, debe ser patrimonio inmaterial y material de todo cristiano. Nuestra Iglesia debe manifestar, en cualquier circunstancia, el rostro compasivo y misericordioso de Dios. El Papa Francisco nos enseña que “la Iglesia debe ser el lugar de la misericordia, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio” (cfr. EG, 120).
¡Felices y responsables fiestas de septiembre!

Obispo de la Diócesis de Zacatecas




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