Thursday 08 de December de 2016
» Historia de vida 

Mi delito... dejarlo ir

Ivonne Nava García      19 Jul 2014 20:00:09

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Los jóvenes están ávidos de experiencias. No pierden oportunidad de asistir a fiestas, bailes y salir con sus amigos. Desgraciadamente muchos de ellos no controlan su ingesta de bebidas alcohólicas y tampoco su temperamento dejándose llevar por las emociones violentas.

Una madre pierde a su hijo adolescente. Él fue víctima de un golpe brutal en su cabeza que terminó con su existencia. Así como varios jóvenes fueron sometidos a procesos penales y privados de su libertad.

Muy amiguero
“Qué le puedo decir. Me dejaron sin hijo, me lo mataron. Cómo me iba a imaginar que ese día en la tarde sería la última vez que lo vería con vida. Me dijo que iban a ir varios de ahí del rancho a otra comunidad a un baile de quinceañera. Así se estila, se van todos en bola y se regresan ya entrada la noche. Una como madre se queda con el Jesús en la boca, nomás rezando para que regresen bien.

“Mi hijo nos ayudaba en la labor. Era muy bueno para cuidar los animales y diario hacía sus faenas con la engorda. Tenía poco tiempo de que se había robado a la novia y estábamos viendo lo de la boda para septiembre”.

Buen hijo
“Antes de esta muchacha tenía otra novia que lo dejó para irse al norte. De ahí nos fijamos que agarró por emborracharse cada fin de semana. Se iban al rebote o a jugar voleibol y de ahí a las caguamas. Cuando mi hijo se iba yo me quedaba a esperarlo hasta que llegaba para darle de cenar.

“Un día me dijo que no lo esperara para que no me desvelara por su culpa. Nunca debí agarrarle la palabra. Si lo hubiera esperado me hubiera fijado cómo llegó y a lo mejor se hubiera salvado. Pero como dicen, eso no existe y fue la voluntad de mi padre Dios. Yo solo digo que por qué así. Lo mataron cobardemente y me lo mandaron a la casa ya muriéndose.

Lo que sucedió
“Eran como las 7 de la tarde. Nos juntamos cinco ese día, además de mi amigo, el que se murió.

Salimos del rancho para Nueva Pastoría. Nos fuimos en la troca de un camarada. Ahí estuvimos tranquilos, bailando con las muchachas y nos tomamos unas cervezas.

“Nos estuvimos como hasta las 12 de la noche. Cuando ya nos íbamos para el rancho, justo donde comienza la carretera que conduce a la comunidad, se nos acercaron cuatro camionetas. Se bajaron dos hombres y se dirigieron con el dueño de la camioneta, diciéndole que se bajara.

“En eso nos aventaron un bote de cerveza y nos bajamos de la troca. Ahí me fijé que las otras camionetas no se habían retirado y vimos que se bajaron como 15 personas. Luego se armó la bronca porque se nos dejaron ir. Nos empezamos a golpear a guantadas y patadas. Yo vi como uno estaba peleando con mi amigo y luego llegó otro que fue el que le tiró el golpe a la cara y lo tumbó.

“Luego vi como entre los dos lo agarraron a patadas. Yo no podía hacer nada porque también estaba lidiando a golpes con los otros. También dijeron ya en la bola que otro de los del pleito jaló a mi amigo por la espalda y que lo tumbó, pero yo no me fijé. Lo agarraron a patadas y ahí lo dejaron. Todos nos subimos en la troca, menos mi amigo. También los otros se fueron en sus camionetas.

“Mi amigo se quedó tirado. Nos bajamos para ayudarlo a levantarse y a que se subiera. Yo nomás le vi un ojo golpeado porque tenía a simple vista un golpe en su ojo derecho y se quejaba de mucho dolor. Le dijimos que si lo llevábamos a un doctor, pero no quiso. De ahí nos fuimos a cenar, pero mi amigo ya andaba desganadillo y no quiso cenar. Solo se tomó un jugo.

Luego nos fuimos para el rancho y lo dejamos en su casa. Él se bajó por su propio pie y nos despedimos. Fue al día siguiente cuando nos enteramos que había muerto. Estábamos en el voleibol cuando empezaron a decir que había fallecido y de ahí a ver quiénes andaban en el pleito. Así salió quienes fueron los dos que lo habían golpeado.

“Para cuando se enteraron, luego luego se escondieron. Sabe si se fueron del rancho o qué, pero no los encontraban a pesar de que la policía los andaba buscando. A todos nos mandaron citar al Ministerio Público y como todos dijimos cosas que sí coincidían, fue como se supo bien quien lo mató”.

Graves lesiones
“Al amanecer nos dimos cuenta de que ya estaba muerto. No nos dimos cuenta de cómo llegó. Se acostó en su cama y amaneció tendido. Nos dijeron que tenía traumatismo craneoencefálico. Y que se le había sumido el hueso de la sien.

“Nos dijo el doctor que lo vio que aunque se lo hubieran llevado al hospital no habría sobrevivido. Le lesionaron muy gravemente su cabeza. Uno nunca sabe qué va a pasar. Todo esto fue por un pleito que ni era con mi hijo. Él por meterse y eso le pudo pasar no nada más a mi hijo, sino a los otros también. Era el más joven de los que andaban”.

Consecuencias en la familia por un homicidio
El delito, sea cual fuere, quiebra la vida de una familia antes y después del hecho violento, pero esa fractura existencial constituye una situación inimaginable en los casos de homicidios. Todos los miembros de la familia sufrirán las consecuencias.

La muerte de un miembro de la familia provocará cambios en la historia, estructura y en las relaciones familiares. Existe sentimiento de inseguridad, temor a nuevas pérdidas, miedo a vivenciar situaciones de violencia. La familia queda disociada en su interacción social en forma definitiva. El delito ha conmovido las raíces del núcleo familiar, así como los principios de afecto, seguridad, protección y educación.

Las consecuencias delictivas son altamente impactantes y desencadenan en la familia trastornos de diversa gravedad que se extiende a varias generaciones.

La pérdida de un familiar por una conducta de homicidio los obliga a elaborar un duelo sin una razón lógica-natural de la vida, porque la víctima ha perdido la vida por un hecho realizado intencionalmente.




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