Friday 09 de December de 2016
» Historia de vida 

Mi delito... dejarme llevar

Ivonne Nava García      18 Jan 2014 21:10:06

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(Archivo)
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Cerca del municipio de Calera, dos grupos de jóvenes se volvieron antagonistas por cosas que parecieran irrelevantes. Se suscitó una pelea en la que dos de ellos perdieron la vida.

Uno de ellos sufre aún las consecuencias por las heridas sufridas. Cinco más se encuentran privados de su libertad, destruyendo su presente y futuro.

Los hechos
“Ese día nos reunimos porque siempre, un día antes del Año Nuevo, nos juntamos para echar chelas. Nos la amanecemos y de ahí ya la seguimos con la familia. Éramos como seis y estábamos parados en la tiendita porque uno se bajó a comprar cigarros.

“En eso ya venía mi amigo y nos dijo ‘vámonos porque ahí viene Pedro con los cholos’, por lo que mejor nos retiramos de ahí porque ya los conocemos cómo son de conflictivos y buscapleitos.

“En eso ya íbamos en camino cuando Pedro y aproximadamente unas 11 personas más nos comenzaron a apedrear la troca en la que andábamos dando la vuelta. Como no queríamos que le quebraran los vidrios, mejor nos bajamos. De con ellos también se bajaron todos.

“Se nos dejaron ir y todos le entramos a pelearnos con Pedro y los cholos. Yo me fijé clarito cuando Pedro le sacó una navaja al Julián. Era una daga cortita como de 17 centímetros. Pedro se le dejó ir a Julián apuntándolo con la navaja, pero no vi que tuviera sangre ni nada.

“Ya en eso estábamos cuando vi a Julián lesionado y otro cuate nos decía que lo lleváramos a curar. Cuando volteo a ver, sí miré que tenía sangre de su abdomen. Todo fue muy rápido, no nos dimos cuenta bien ni qué pasó, pero acabamos en el hospital. Yo solo conocía al Pedro, los cholos no sé de dónde son”.

Hospital
“Nos fuimos al hospital porque recogimos al Julián que traía sangre en su abdomen y otro amigo que le decimos El Lechón traía una descalabrada muy fea en su cabeza. Al principio sí nos hablaba, pero ya para cuando llegamos a Calera El Lechón no hablaba.

De ahí le hablé a mi papá para que fuera y les avisara a las familias de mis compas porque sí estaban muy mal.

“A mi amigo Julián le habían encajado un cuchillo pata de gallo. Ahí comentamos que a El Lechón le habían dado con una cruceta. Los otros también andábamos madriados pero no así. Sentí mucha compasión de mis amigos porque sus familias se iban a poner mal.

“Mi amigo El Lechón era el que ayudaba a su jefecita y si le pasaba algo a él, la señora se iba a poner muy mal. Cuando los revisaron nos dijeron que a mi amigo Julián se lo iban a llevar a Zacatecas para operarlo, pero que mi amigo El Lechón ya estaba muerto”.

Pedro
“Ese día nos dirigimos a buscar a los de Las Ánimas. Ya sabíamos dónde se juntaban. Fuimos porque ya nos traían pleito. Yo no los conozco de nombre, nomás a uno de ellos sé que le dicen Julián y a otro le dicen El Tigre, a los otros no los conozco. Los andábamos buscando y cuando nos dimos el topón, ellos iban en dirección contraria a nosotros.

“Nosotros andábamos ‘a pata’, ellos andaban en una troca. Los divisamos y les dijimos que se bajaran. No se bajaron y salieron en la troquilla ‘hechos madre’. Se fueron a dar vuelta porque fueron por todos los de su banda, yo creo que los primos de ellos.

“Se fueron para un lugar que le dicen ‘Cochinillas’ y nosotros nos dirigíamos a ese lugar cuando en eso ellos ya venían en nuestra dirección y nos echaron la troca encima. Agarramos piedras y les tiramos, pero ellos también nos tiraron botellazos y pedradas. Yo andaba ahí en medio, pa’ qué me hago que no.

“Nos traían a pedradas y andábamos ahí a fregazos con ellos. Yo andaba acá en otro lado de donde estaba la otra bolilla porque andábamos unos por un lado y otros por otro lado. Como a unos 50 metros de distancia mis amigos andaban en una bola y otros en otra bola. Nos hicimos de fregazos y uno de los que andaban conmigo, o sea en mi bola, que es de Calera, le dieron con una cruceta en la cabeza y fue al que le dicen El Lechón.


“Yo me arrimé ahí para verlo porque le botó la sangre y los que andaban conmigo corrieron. Me dejaron a mí solo. Se me dejaron ir todos a mí y luego dos de mis compas me los quitaron. Quisieron meter a otros, pero ellos no andaban en el pleito, pero ellos fueron los que me los quitaron. Ya me retiré de ese lugar, pero me venían persiguiendo y uno me dio con una varilla y otro con una piedra, pero no sé quiénes hayan sido.

“Luego me encaminaron a la casa de mis tíos porque sí iba golpeado de la cabeza. Ahí pues ya me miraron el cuchillo y me lo quitó mi prima. Yo no sé si lavó mi cuchillo, estaba limpiecito. Los cinco de Calera se arrimaron ahí donde estábamos con mis tíos y un compa me dijo: ‘lo bueno que yo enfierré a uno’ y me enseñó un cuchillo con sangre.

“Después pasó una troquilla y vimos que llevaban a El Lechón muy malo porque le dieron con la cruceta, lo llevaban agarrado entre dos. En eso venía pasando una troca que era un amigo de nosotros, él vive en Pánuco. Él fue el que le dio rait a todos ellos. En eso ya venía mi jefa y mi hermana por mí y me llevaron y no supe más.

“Cuando este compa sacó el cuchillo y me lo enseñó, no recuerdo quién estaba porque nos hicimos para un lado de la casa de mis tíos, aunque estábamos los que nos peleamos, pero no sé quién se fijaría.

"Este compa traía el cuchillo en una fundita como de cartón, enredado con cinta y era una daga grande, como de 24 centímetros, no me acuerdo del color, ya no supe dónde se lo guardó porque fue cuando venía pasando la camionetilla.

“Yo me enteré el lunes que El Lechón ya se había muerto. Del Julián me dijeron después. A mí me quería echar la culpa de que yo le di a Julián, pero no fui yo.

"Aclaro que el cuchillo yo lo saqué cuando corretié a otro compa que me pegó con una varilla en la cabeza, pero a ese compa no le pasó nada. Solo a otro que corrió, que luego dijeron que los de la troquilla lo habían machucado y ese compa se lo llevaron a Fresnillo, pero dijeron que ya no iba a caminar.

“Yo no usé con nadie ese cuchillo, no piqué a nadie con él, ese cuchillo es una pata de gallo que trae la cacha de colores, no tiene funda y cuando me lo guardo, solo me lo meto en la bolsa de mi pantalón.

"Dijeron que yo lo maté y me echaron 18 años. Cuando salga voy a tener 45. A mis otros compas también les echaron 18. Todo fue un pleito nomás y en la bola ni se sabe ni qué”.

Es más fácil delinquir en grupo
Le Bon piensa que en una multitud se borran las adquisiciones individuales, desapareciendo así la personalidad de cada uno de los que la integran.

El individuo integrado en una multitud adquiere, por el simple hecho del número, un sentimiento de potencia invencible, merced al cual puede permitirse ceder a instintos que, antes, como individuo aislado, hubiera refrenado forzosamente.

Y se abandonará más gustoso a tales instintos debido a que por ser la multitud anónima y, en consecuencia, irresponsable, desaparecerá para él el sentimiento de la responsabilidad, poderoso y constante freno de los impulsos individuales.

Dentro de una multitud, todo sentimiento y todo acto son contagiosos, hasta el punto en que el individuo sacrifica muy fácilmente su interés personal al interés colectivo, actitud contraria a su naturaleza y de la que el hombre solo se hace susceptible cuando forma parte de una multitud.

El estado del individuo integrado en una multitud no tiene ya consciencia de sus actos. En él quedan abolidas ciertas facultades y pueden ser llevadas otras a un grado extremo de exaltación. La influencia de una sugestión le lanzará con ímpetu irresistible a la ejecución de ciertos actos.




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