Tuesday 28 de February de 2017

Mi delito... forzarla 

Ivonne Nava García      1 Mar 2014 20:43:22

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Dos jóvenes mantienen una relación de noviazgo. Todo parece estar muy bien y la relación avanza con el ímpetu de su juventud. Sin embargo, la inmadurez de ambos, sobre todo la falta de control de los impulsos de él y la falta de seguridad en sí mismo provocan una situación de consecuencias muy dolorosas.

Amor de juventud
“Empezamos a ser novios en la prepa, ya casi para terminar. De ahí nos fuimos enamorando más. Me encantaba estar todo el día con ella. La quería solo para mí. Me gustaba cuidarla y que siempre que necesitara algo me llamara a mí.

“La mayor parte del tiempo lo pasábamos juntos. De la escuela a su casa y ahí me quedaba. Luego la acompañaba a hacer la tarea y ella me ayudaba y yo a ella. Cuando estábamos en quinto semestre empezamos a hacer planes para seguir estudiando.

“Yo quería que se casara conmigo y que siguiéramos estudiando. La verdad, me daba mucho miedo que ya en la universidad ella conociera más chavos y me dejara por otro. Ella tenía que ser mía para siempre”.

Ella vivía engañada
“Era muy lindo conmigo siempre. A veces no me gustaba porque era muy celoso y ya de que se ponía a hacer sus ‘panchos’ era muy denso. Pero ya luego se le pasaba, otra vez era lindo. Hacíamos muchos planes para estar juntos siempre, pero yo no me quería casar tan chica. Yo quería estudiar enfermería y luego trabajar en el seguro o así en un hospital.

“Me sacó de onda cuando mi novio me dijo que él también se iba a meter a enfermería. Le dije que si ya no iba a estudiar ingeniería y me dijo que no. Cuando estábamos en sexto semestre él se empezó a poner cada vez más denso. Yo le decía a veces que no quería salir con él porque también tenía ganas de estar con mis amigas y se enojaba muchísimo, me decía que se sentía mal, que estaba enfermo, que su mamá no estaba y que estaba solo.

“Él estaba enfermo de asma y eso lo usaba para chantajearme. Me decía que sentía que se ahogaba y empezaba a hacer ruidos raros por el teléfono. Yo me la creía y dejaba de ver a mis amigas por irlo a cuidar. Fueron muchas veces y luego me enteré que ni estaba enfermo”.

Más chantajes
“A veces por cosas de la escuela no podíamos estar en la tarde juntos por las tareas en equipos y eso. Me empezaba a decir que tenía broncas para química o de otras materias y que solo yo lo podía ayudar, porque yo me sacaba buenas calificaciones y él no.

“Yo le decía que no podía y él seguía insistiendo y me decía que por mi culpa iba a reprobar y que a lo mejor no pasaba el semestre y así.

Yo me sentía mal y hacía muy rápido mis trabajos para poderlo ir a ayudar. Cuando llegaba ya estaba enojado o de plano me iba a presionar a la casa de mis amigos o me estaba mande y mande mensajes”.

Gritos y amenazas
“Cuando le decía que por algo no podía salir con él, me gritaba muchas cosas por el teléfono. Me decía que mandara a la fregada a mis papás y que me saliera. Mi mamá me llegó a ver a veces que me hacía llorar por sus gritos. Me asustaba. Una vez me dijo que si no iba a salir, entonces para irme a ‘aplacar’. Yo no sé qué me quería decir con eso.

“A veces ya no me sentía feliz a su lado. Sí lo quería y todo eso. Me hacía mucho reír con sus ocurrencias, pero luego le fui cachando muchas mentiras. Una vez vi cómo se peleó con su mamá y de ahí me empezó a dar miedo. Cuando pasó eso le dije que yo estaba pasando por problemas en mi casa y que quería que me diera tiempo para que no nos afectara. Me quiso interrogar y yo ya no sabía ni qué decirle”.

Estaba sola
“Escogí un día que mi papá había ido a llevar al pediatra a mi hermanita. Fui muy tonta, lo sé. Nunca me di cuenta de todas las señales de que él me podía hacer mucho daño. Siguió con su interrogatorio. Me decía ‘entonces vete conmigo, manda a la fregada a tus papás’. Yo le decía que no, que yo los quería mucho.

“Me dijo que nos casaríamos y le dije que no me quería casar con él. Se puso como un loco. Me empezó a besar muy fuerte. Hasta me sacó sangre de mi boca. Lo quería quitar, pero no podía, le decía que parara y me decía que no, que yo sería de él, que nadie más iba a ser el primero en mi vida.

“Me tenía contra la pared. Yo luché con todas mis fuerzas. Quiso abusar de mí. Me mordió, me golpeó en la cara y me agarraba de las manos para forzarme. Pero yo luchaba con todas mis fuerzas. Sentía mucho dolor, pero aun así no me dejé. Tuve suerte porque una vecina escuchó mis gritos y su esposo tumbó la puerta. Me lo quitaron de encima. Me fracturó una muñeca y quedé con muchos golpes. Lo metieron a la cárcel”.

Violencia en el noviazgo
Algunas señales de aviso de que existe la violencia en el noviazgo son los golpes físicos, amenazas, sometimiento, persecuciones, violación sexual, aislamiento y controles psicológicos.

Para solucionar la situación, los especialistas recomiendan tener una adecuada comunicación con personas de confianza (padres, hermanos, amigos), evitar estar sola en casa, en la escuela o el trabajo y nunca permitir la agresión física. De ser necesario, se debe acudir con las autoridades para que tomen cartas en el asunto.




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