Friday 09 de December de 2016

Mi delito... hacerles caso

Historias de vida

Ivonne Nava García      5 Oct 2013 22:00:05

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Un joven cambió el rumbo de su vida en pocos días. De estar estudiando pasó a estar procesado por robo. Sus padres deberán pagar una fuerte cantidad de dinero para que su hijo termine ese problema en el que se involucró por andar en malas compañías.

Los hechos
“Mi esposo salía constantemente de viaje. Para los días que él se iba yo me quedaba a dormir con mis papás porque me daba miedo quedarme sola. En esa ocasión regresé temprano a mi casa y me di cuenta de que desconocidos se habían metido a mi casa.
“Dejaron la puerta trasera descompuesta, se veía que la forzaron con algo porque estaba como doblada y la pintura estaba toda descarapelada. Me puse a buscar para ver si faltaba algo y solamente noté que me faltaba una maleta que tenía ropa para vender y una botella de tequila.
“Lo que hice fue llamar a mi esposo para decirle lo que había pasado. Me dijo que fuera a la Ministerial. Ahí me dijeron que tenía que levantar un acta, que no iba a proceder nada porque se habían robado muy poquito. Entonces mi esposo me dijo que mejor reforzáramos la puerta.
“Contraté a un herrero y le puso protecciones y otras chapas a la puerta. De lo que yo había invertido para la ropa de la venta eran 5 mil pesos. Pasaron como ocho días de que arreglaron la puerta. Nuevamente regresé a mi casa y me di cuenta de que se habían vuelto a meter los delincuentes a saquear mi casa.
“Estaba toda esculcada. Aun cuando ya habíamos reforzado la puerta, los canijos se metieron por otro lado. Va a creer que por la ventanita del baño. Pero esta vez se llevaron más cosas. Aparatos electrónicos, otras botellas de tequila, joyas y poquito dinero que tenía en un cajón.
“Le volví a hablar a mi esposo, le dije que yo tenía mucho miedo y que no me hacían caso las autoridades. Entonces él se dejó venir para arreglar la situación. Esto hasta parece de la novela, porque pasaron exactamente ocho días, mi esposo ya había llegado, entonces ya me quedaba en la casa con él.
“Cuál va siendo mi asombro que por tercera vez al parecer las mismas personas se meten a mi casa. Me da hasta risa platicarle porque se necesita estar muy menso para hacer eso.
“Siempre dejaba prendida la luz de la calle y de la cochera. Lo hacíamos porque la calle sí esta oscurilla, cuando me iba para con mis papás dejaba también prendida la de la cocina, según yo para que pensaran que ahí estábamos.
“Esa vez nos fuimos a dormir, pero por algo se me olvidó apagar la luz de la cocina. Ya estaba dormida y mi esposo estaba viendo la televisión. En eso me dice que se habían escuchado ruidos y voces. Nos levantamos sin hacer ruido y los delincuentes le bajaron al switch.
“Esta vez se habían metido por la cochera, pero en eso que estaban forzando la puerta de la sala para meterse mi esposo les salió al paso. Sí teníamos miedo porque no sabíamos qué enfrentaríamos.
“Sólo gritaron ‘ya nos agarraron, wey. ¡Vete!’. Me dice mi esposo ‘asómate que ha de haber otros afuera’. Sólo alcancé a ver a otro que se iba en una bicicleta. Le llamamos a las patrullas y se los llevaron”.

El botín
“Me dedico a vender fayuca y ropa. Vendo estéreos para carros y cosas así. La última vez no se llevaron nada, pero las otras dos sí. Fueron dos cajas con bocinas, tres estéreos de marca, tres bocinas color negro, tres amplificadores.
“También, una caja para discos compactos, dos botellas de tequila de 1 litro, un anillo de 14 kilates con piedras azules, tres ecualizadores, una fuente de poder, dos lociones para caballero nuevas, una lámpara de mano chica, una computadora laptop, la maleta llena de ropa y como 3 mil pesos que tenía en un cajón.

Detenido
“Nos llamaron de la Policía Preventiva para decirnos que tenían detenido a mi hijo. Nos fuimos rápido porque ya estábamos preocupados de que no llegaba y él siempre llega temprano. Yo estaba seguro de que estaban en un error, mi hijo es buen muchacho.
“Nos pasaron con el juez para decirnos que se lo iban a llevar a la Ministerial porque lo habían agarrado robando en una casa. Mi esposa y yo no lo podíamos creer. Le dije que de seguro lo estaban confundiendo. Nos dijeron que no y que ya nos explicarían en la Ministerial”.


Indiciado
“Se llevaron a mi hijo. Cuando llegamos nos dijeron que ya había declarado. Yo les decía que nada de eso era verdad. Pero así son las cosas. Me dijeron que iban a ir a mi casa porque el muchacho dijo que en su cuarto les había guardado unas cosas a los otros.
“Yo pensé que había valido todo. Nos fuimos para la casa y yo le suplicaba a Dios que no fueran a estar esas cosas ahí. Para nuestra mala fortuna debajo de la cama estaba una mochila desconocida con unos mugreros de estéreos usados adentro.
“Cómo era posible, en un ratillo se involucró con unos lacras. Cuando ya pudimos hablar con él nos dijo que esos compas eran sus amigos. Que la casa a donde se habían metido era la casa de un cuñado de ellos.
“Que ese día habían ido a la unidad a jugar futbol y que de regreso ellos le dijeron que los esperara en una calle. Que sólo chiflara si llegaban en una camioneta negra.
“Esos nada más lo querían para que echara ‘aguas’. Lo malo fue que le dieron a guardar las cosas esas. No fueron las únicas que sacaron. Nos dijo mi hijo que ellos fueron en otra ocasión a sacar cosas de la casa.
“Que sacaron tres mochilas y que una se la dieron a él para que se la guardara. Le contaron que el dueño de esa casa les debía mucho dinero porque lo ayudaban a hacerle trabajos de albañilería y que no les quería pagar que porque eran cuñados.
“Y para acabar de arruinar todo, los lacras esos que involucraron a mi hijo dijeron que todo lo que se habían robado se lo habían dado a guardar a mi hijo. No sé por qué nunca fueron a buscar a la casa de ellos a ver si se encontraban las cosas.
“Se agarraron a mi hijo de su burro. Pretendían que pagáramos todo solos. Logré que le bajaran lo que habíamos entregado y con eso aún se debían como 40 mil pesos. No sé de dónde sacaron que de esas mugres eran casi 50 mil pesos.
“Y de lo que estaba en mi casa sólo eran 6 mil. Yo creo en la palabra de mi hijo. Sé que lo usaron. Deberían de castigar a los que involucran a los jóvenes en los delitos. En la escuela de mi hijo todo se supo. Ahora lo tachan de ratero.
“Pagué como 18 mil pesos. Mi hijo ya no sale, nada, va de la escuela a su casa y ya. Yo digo que tuvo suerte también de que no lo metieran en otras cosas y de que pudiera salir rápido”.

Sociedad educadora
Se dice que hay tres tipos de educación: la de la familia, la de la escuela y la del mundo; y que ésta última puede destruir a las otras dos si no son sólidas.
Sin caer en el determinismo del ambiente y utilizar éste para explicar los comportamientos criminales o violentos, hay evidencia de que las ideas, los valores y creencias que suele aportar el grupo, entendiendo por grupo los compañeros de escuela, de barrio, los amigos, los medios de comunicación, centros culturales, es decir, todas las circunstancias ambientales sumadas y entretejidas, son otro factor poderoso que no podemos olvidar a la hora de intentar comprender el porqué de las conductas violentas de cada adolescente o joven conflictivo.
Un adolescente en proceso de construcción de su personalidad necesita de la ayuda de la sociedad y no sólo de sus padres, maestros y profesores para adquirir la capacidad de renunciar a la violencia y controlar sus impulsos más primitivos.
Es verdad que en el seno de la familia se establecen los primeros vínculos sociales y es en ella donde se genera la identidad. Sin embargo, si un joven se encuentra vulnerable es muy fácil que caiga en situaciones negativas que pueden poner en riesgo su identidad.





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