Saturday 03 de December de 2016
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Mi delito... perdonarlo

Ivonne Nava García      12 Jul 2014 19:40:06

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Hay relaciones de pareja insanas que solo generan una serie de conflictos violentos. Si bien es cierto que la violencia en contra de la mujer es algo de dimensiones muy dramáticas, también es cierto que en muchas ocasiones la misma dinámica de la pareja ocasiona esa explosión de violencia.

Esta historia estuvo a punto de terminar en tragedia. En ella se gestó una serie de dinámicas violentas entre la pareja. Desgraciadamente en la mayor parte de las ocasiones la mujer fue quien llevó las de perder.

Constante enfrentamiento
“Al principio no fue así. Todo cambió porque él me empezó a engañar. Lo descubrí cuando apenas estaba en esa etapa de coquetear. Sinceramente, nunca pude estar tranquila, aunque él me dijo que no pasó de mandarse mensajes al celular o salir a tomar un café.

“Siempre existió en mí la duda. Me dijo que todo fue porque se le hacía muy aburrido ya nuestro matrimonio y que él buscaba nuevas sensaciones y experiencias. Yo le decía que por qué no me decía a mí. Yo no sé. Me empezó a ver como una cualquiera o qué, pero cambió mucho conmigo.

“En el día me trataba mal. Yo sentía mucha presión de su parte. Siempre estaba mal encarado y molesto. Llegaba muy tarde a la casa y de malas. Por su trabajo tenía la facilidad de viajar y por lo tanto de no asistir a la casa, lo que a mí me llenaba de dudas, además de que las discusiones eran constantes.

“Él es agente viajero y trabaja para empresas y tiene toda la zona del bajío. Tenía que viajar constantemente. Desde que me engañó yo me volví como posesiva y muy celosa y él se volvió como irresponsable.

“Cada vez que regresaba de viaje eran pleitos. Empezábamos por el dinero. Yo le reclamaba que no me daba lo suficiente. Le reclamaba también que no me contestaba los mensajes y de ahí salía que si andaba con otras. Él se enojaba mucho y me gritaba. Se salía muy enojado y regresaba muy tarde a seguir peleando. De ahí las cosas se salían de control muy feo, al grado que terminábamos golpeándonos.

“Luego se sentía arrepentido porque me moretoneaba y a veces hasta me salía sangre de la nariz.

Entonces él se arrepentía y me pedía perdón. Terminábamos en unos reencuentros y reconciliaciones muy fogosas. Había ocasiones que yo no quería, pero me obligaba, me sometía, me decía que yo era de su propiedad y que podía hacerme cualquier cosa. Yo terminaba por complacerlo”.

Se sentía mal
“Muchas veces, al día siguiente, yo me sentía muy mal. Me sentía disminuida como si fuera un objeto de burla para él. Me dejaba 500 pesos en el buró o en la mesa del comedor y se iba a trabajar. Siempre sentí que era como si me pagara. Solo cuando sucedía eso me daba voluntariamente dinero. Si el pleito se prolongaba y yo me rebelaba en contra de su placer, a veces se iba hasta por 15 días y ni siquiera me llamaba para saber cómo estaban nuestros hijos.

Un día me armé de valor y pensé que lo mejor era darle celos para que él me respetara y viera lo que tenía y que me podía perder. Me metí al zumba y baje como 10 kilos con la dieta. Procuraba siempre estar arreglada porque no sabía cuándo llegaba. Él empezó a notar y yo lo veía que le gustaba más. Me le negaba para darle más celos, eso lo provocaba más.

Le exigía que me diera dinero para los niños y sus gastos, pero era como ahuyentarlo. Como me veía mejor se agarraba de ahí para decirme que yo andaba de piruja con otros, que aprovechaba cuando él no estaba y así. A mí me daba gusto porque así me daba cuenta de que sí le importaba. Lo malo es que de ahí se armaban los pleitos muy feo. Nos agarrábamos otra vez. Me golpeaba, me aventaba contra la pared. Yo terminaba llorando y a veces con la ropa toda desagarrada. Él se arrepentía otra vez y terminábamos con la reconciliación”.

Desengaño
“Yo sabía que todo eso no estaba bien. Cuando él se iba me sentía tan miserable y tan mal. Sentía que no valía nada. Muchas personas me decían que el andaba con otras mujeres y me decían que hasta traía a una embarazada. Yo no les creía, pero sí lo enfrentaba y eso era motivo de más problemas. Yo quería terminar con él.

“Hablé con una amiga que es abogada y me dijo que si no me daba el dinero para los niños se los quitara de su sueldo con una demanda de alimentos. Se la promovimos y lo mandaron citar. Cuando fue yo lo veía como estaba de enojado. Le ardía la cara de la rabia y entre dientes me dijo que me iba a arrepentir.

Ahí sacó el acta de nacimiento de otros dos hijos que yo no sabía que existían. También le descontaban pensión de ellos.

“Para mí eso era una prueba de adulterio y podía divorciarme muy fácilmente. Le empezaron a llegar los descuentos a su nómina. Me llamaba por teléfono para amenazarme, me decía que mejor le quietara esa demanda o me iba a arrepentir. Me decía que me iba a quitar a mis hijos y que nunca los volvería a ver.

La última vez me dijo que me iba a violar hasta que me muriera porque para eso era para lo único que servía.

“Me empecé a dar cuenta de lo malvado que era. Aun así me sentía confundida porque para mí es el amor de mi vida, es mi esposo y yo lo amo. Yo sabía que los hombres así son que tienen sus aventuras, pero una sigue siendo la esposa. Pero él seguía molesto conmigo por lo de los alimentos.

“Le empecé a llamar y a buscarlo para que me perdonara. Me dijo que si quería volver a tener algo con él, le quitara la demanda. Le dije a mi licenciada y ella me dijo que eso ya no se podía porque es un derecho irrenunciable de mis hijos. Le mentí a mi esposo y le dije que ya estaba en trámite. El empezó a ir otra vez a la casa. Las cosas no cambiaron, seguíamos teniendo las mismas discusiones, pero cada más fuerte porque le seguían rebajando lo de la pensión”.

Golpiza
Ese día llegó muy enojado no sé porque. Empezó a insultarme y a reclamarme que no traía para nada por el dinero que le descontaban. Pero yo qué culpa tengo, es una responsabilidad y obligación mantener a sus hijos. Nos peleamos muy feo. Me agarró a punta pies en la cara y en donde cayera. Yo no sabía que estaba embarazada y aborté de un mes.

“Mi mamá lo denunció y lo detuvieron porque yo estaba internada en el hospital, pero yo estaba sufriendo mucho. No quería que él estuviera pasando eso. Pensé: pobrecito, el que culpa tenía, si hubiera sabido que estaba embarazada no me habría pegado así.

“Cuando salí del hospital tenía que ir a ratificar la denuncia para que el no saliera. Yo no fui, fui a verlo a la cárcel. Me pidió perdón llorando y me dijo que iba a cambiar. Que lo sacara de ahí. Vendí mi carro para pagarle al licenciado y la fianza para que el saliera. Poco tiempo después volvimos a lo mismo. Le pedí el divorcio, pero él no me lo quiere dar y yo sé que es porque me quiere”.

Vinculo co-dependiente de pareja
Las parejas se unen por distintas razones, algunas inconfesables, pero mayoritariamente por aquello que llaman amor y, en este vínculo, se supone que debieran emerger sentimientos tiernos; sin embargo, la pareja es el lugar donde habitualmente surgen sentimientos hostiles, por ello es que se demanda el control de la agresión en la convivencia, en un proceso de aprendizaje que nace desde la tolerancia hacia al otro, el cual debe ser admitido como un otro significativo y diferente.

Co-dependiente: el prefijo “co” se entiende como el “estar al lado”, se refiere a alguien que está junto, que está ayudando. Habría que destacar que la persona que está al lado “ayudando”, de hecho, a lo que ayuda es a prolongar el padecimiento del “dependiente” a sustancias tóxicas al organismo.

Según la literatura especializada sobresalen en las personas codependientes:

1.- La presencia de disturbios emocionales expresados en fragilidad yoica, dependencia emocional y sentimientos de ansiedad, enojo y tristeza.

2.- Daño narcisístico reflejado en baja autoestima, sentimiento persistente de vacío, temor al abandono y fuerte necesidad de reconocimiento externo.

3- Dificultades en las relaciones interpersonales por la dificultad en marcar límites, la aceptación de conductas destructivas y de maltrato físico y/o psicológico y por ser aferrados(as), celosos(as) y controladores(as). (Beattie, 1990; Cantú, 1995; Kalina, 1995; Crothers y Warren,1996).




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