Monday 05 de December de 2016

Mi delito... separarme de él

Historia de vida

Ivonne Nava García      19 Oct 2013 21:30:05

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En la actualidad, la tasa de divorcios ha aumentado considerablemente. Aunado a lo doloroso que es la separación por sí sola, los involucrados en muchos casos se “esmeran” por dificultarse la vida mutuamente, sin darse cuenta de que los más dañados son los hijos.
En este caso, una mujer solicita el divorcio necesario debido a que su vida conyugal es muy complicada. Después de lograr el divorcio es sometida al constante acoso de su exesposo. Un grave incidente hizo necesaria la intervención judicial para evitar un delito aún más grave.

La historia
“Cuando uno se casa no se imagina que las cosas cambien tanto. Pareciera que uno se casa con el que será su peor enemigo. Después de convivir con amor, eso se transformó en una historia donde existía miedo y mucha tristeza.
“Me educaron en la religión católica y mis abuelos me decían que ya me había casado y era por siempre. Por eso me callaba muchas cosas que vivía. Cuando estábamos casados, casi diario teníamos discusiones de todo tipo, la verdad ya todo lo que me decía me molestaba porque siempre lo hacía de manera burlona o sarcástica.
“Frente a las amistades me hacía menos. Me decía cosas sobre mi cuerpo y siempre me decía ‘vieja panzona’ y ‘mugre chancluda’. Me decía que cocinaba puras porquerías y dejó de darme dinero para el gasto. Yo me hacía cargo de los gastos de mis niños.
“En la noche a mí se me quitaban las ganas de estar con él. Me obligaba diciéndome que para eso era su vieja. Pero ya sabía que me insultaría diciéndome cosas muy feas.
“Me decía que no servía como vieja, que estaba mejor irse con las golfas de la zona, que le daba asco con mi panzota, que si yo me fuera de prostituta tendría que pagar para que algún borracho me hiciera el favor.

Abandono
“Tuvimos dos hijos, fueron cuates. Engordé mucho en el embarazo y me costó mucho trabajo recuperarme. Por eso me insultaba así. No me importaba porque yo sabía que eso era por haber dado a luz a mis bebitos. En cambio él estaba panzón de tanta cerveza que tomaba.
“Un día de esos que le comento que yo no quería estar con él me dijo que mejor le cumpliera o me mataba. Yo me juré que sería la última vez. Al día siguiente que se fue a trabajar agarré mis cosas y a mis hijos y me fui de ahí.
“Los niños tenían 2 años. Me puso una denuncia por abandono de hogar. No me interesó porque desde antes ya había solicitado el divorcio necesario”.

Desalojo
“Esa casa donde vivíamos es mía. Mi padre me la regaló. Era una casa pequeña de interés social. Cuando nos casamos y nacieron los hijos la ampliamos. Él decía que por eso era su casa, que le había metido mucho dinero y que ya era de él.
“Yo le pedí muchas veces que se fuera, que nos dejara en paz, si no nos quería. Él me decía que ni loco que estuviera, que ahí era su casa. Como esa casa era mía desde antes de casarnos, un juez dijo que se tenía que salir de ahí.
“Cuando le llevaron la orden de salirse, dijo que me iba a arrepentir. Pasaron casi dos años para lograr el divorcio necesario. Su abogado lo hizo muy largo y más doloroso aún. Metía cosas que no tenían razón de ser. Pruebas de toda clase. Pero no pudo hacer nada”.

Calma aparente
“Durante seis meses no hizo nada. Me refiero a que no cumplía con la pensión porque se salió de trabajar para que no le descontaran nada. Tampoco iba a visitar a los niños, de hecho no sabíamos de él.
“En ese tiempo yo me dediqué a hacer ejercicio y estuve en un grupo de ayuda que me sirvió mucho. A los niños los llevaba a clases de piano y eso les sirvió también para relajarse”.

Enfrentar la realidad
“Un día en la escuela de mis hijos hicieron un ejercicio de valores. Tenían que hablar del perdón. Para eso tenían que hacer una lista de las cosas que tuvieran que perdonar a alguien. Me llamaron de la escuela para que yo viera el daño que mi esposo y yo le habíamos causado a los niños.
“Era una lista interminable de cosas. Yo no pensé que ellos se hubieran dado cuenta de tantas cosas. Eso a mis hijos les movió muchas cosas internas y tuve que llevarlos a terapia. Se me ocurrió buscar a mi ex para que él se diera cuenta de lo que sucedía”.

Cambió
“Por un tiempo él estuvo al pendiente de los niños. Los buscaba cada semana. Empezó a ir a terapia también. Se mostraba un hombre diferente. En verdad creí que había cambiado. Podíamos salir juntos en familia. Yo estaba convencida de que si había cambiado, ya habían pasado casi tres años de que nos habíamos divorciado.
“Empezó a ir casi diario a la casa. En ocasiones le decía que se quedara a comer y luego se quedaba a ayudar a mis hijos con la tarea. Mis hijos estaban muy contentos, le decían ‘papá’ de nuevo”.

¿Regreso?
“Los niños me decían que querían que su papá viviera de nuevo con nosotros. Yo les decía que no, que él ya tenía su casa y cosas así. Mi ex sí quería regresar y me insistía en que ya había cambiado. La verdad no confiaba. Le decía que siguiéramos así para ver cómo se iban dando las cosas.
“Lo notaba molesto y muy insistente. Yo no podía confiar de nuevo en él. Me di cuenta de que les decía a los niños que me insistieran en que regresáramos. Luego ellos me decían y como les decía que no, se ponían en contra mía.
“Me decían que yo era mala, que no los quería, que mejor se querían ir a vivir con su papá y cosas así. Yo no quería, no me imaginaba una vida de nuevo con él. Necesitaba más tiempo, no creía que hubiera cambiado. No me equivoqué”.

Problemas
“Ese día fui por mis hijos a la casa de mi mamá. Yo había conseguido trabajo en la SEC. Salía a las 4. Un compañero me pidió un rait al Seguro Social y le dije que sí, que sólo pasaría por mis niños. Llevé a mi compañero al seguro. Nunca me esperé encontrarme a mi ex ahí.
“Se nos dejó ir como un monstruo. Bajó a mi compañero y me dijo que si por ese tal por cual no regresaba con él. Lo golpeó contra la calle. Yo me bajé a quitárselo, pero ya lo traía a patadas. Mi ex agarró una piedra que estaba ahí, comenzó a golpear el parabrisas del carro hasta que lo rompió.
“Estaba como loco. Los niños lloraban porque estaban muy asustados. Los bajé del carro. Me empezó a jalonear para llevárselo. El niño lloraba horrible y gritaba que lo dejara. En eso llegó una patrulla de la preventiva. Fue muy traumante que mis hijos vieran cómo se llevaban a su papá detenido.
“Las cosas no se calmaron ahí. Aunque hubo denuncia, él salió. Nos sigue molestando. Nos acosa, en la escuela de los niños saben que no pueden irse con su papá. Es tan cínico que les lleva regalos a la escuela y se los da en la dirección”.

Nueva vida
“Pretendo irme de aquí, quiero empezar de nuevo, lejos, en un lugar que él no conozca. Dicen que no puedo alejar a mis hijos de su padre. Pero así, para qué lo quieren cerca. Me llama para insultarme, luego para decirme que me ama. Si toma, se para afuera de la casa horas con la música a todo volumen. Le tengo miedo. Ya no quiero vivir así”.

Consecuencias del divorcio
Las consecuencias de un divorcio son devastadoras y de larga duración, sin tomar en cuenta la calidad de vida que se tuvo durante ese matrimonio.
Si el matrimonio se caracterizó por ser inestable, con muchos malos entendidos y discordias que hicieron la vida insoportable, dejará mucho dolor y resentimiento por haber confiado en alguien que no llenó las expectativas.
Para los hijos es una tarea imposible tener que digerir la amarga realidad de que uno de sus padres ya no está más en casa y que el único tiempo que tienen para compartir con el padre ausente es limitado y en un lugar neutral, porque el padre que se fue ya no pertenece a esa casa a la cual entraba y salía con toda libertad durante todos los años que vivieron juntos como una familia.
En todo divorcio siempre los más afectados son los hijos, no importa la edad que tengan, porque para todo hijo es vital la unidad entre sus padres. Ningún divorcio es justificable cuando hay hijos de por medio, a menos que exista violencia doméstica.
En ese caso, la víctima tiene que armarse de valor y abandonar el hogar inmediatamente después del primer incidente de abuso y regresar si lo desea una vez que el victimario dé señales convincentes y permanentes de una total recuperación.
La unidad matrimonial es algo que debiera cultivarse y mantenerse tan saludable como sea posible, con tal de evitar su vulnerabilidad, sabiendo que su deterioro envuelve a muchas personas en un dolor innecesario y que puede evitarse si el círculo familiar se atiende a tiempo y a plenitud.




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