Saturday 03 de December de 2016

Mi delito... ser mujer

Ivonne Nava García      13 Sep 2014 20:00:06

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La violencia contra las mujeres es un tema que, sin duda, siempre da de qué hablar. La incógnita del porqué una mujer que es violentada gravemente por su pareja permanece en esa relación a costa de su integridad y con el peligro de perder la vida siempre genera polémica.

Es muy sencillo juzgar y, más aún, etiquetar como tontas a aquellas mujeres que no pueden salir de una relación altamente violenta. En esta historia narro la experiencia devastadora de una mujer vecina de una comunidad de Guadalupe.

Ella, por el temor fundado de que su esposo privara de la vida a sus dos hijos, soportó toda clase de vejaciones hasta estar a punto de perder la vida.

Me espiaba
“Todo empezó el día que nos casamos. Fue por la Iglesia y por el civil. Yo era muchacha de mi casa, a mí me sacó de la casa de mis papás y virgen, porque nunca había tenido otro novio más que él.

“La boda duró dos días y hasta el tercer día nos fuimos ya a los cuartitos que mi suegro nos había regalado para cuando nos casáramos. Debo decir que desde esa primera vez fue muy violento conmigo. Me mordía desesperado, sufrí mucho, pero yo creí que eso así era, así que me aguanté.

“Yo me fijaba que él me espiaba, por, ejemplo cuando me estaba cambiando o me estaba bañando, se escondía y se asomaba por la ventana o por la rendija de la puerta. Un día lo enfrenté y le dije que por qué estaba de fisgón. Me dijo que era para evitar que lo fuera a engañar con sus amigos, que para darse cuenta de que no tenía un amante.

“Me empezó a decir que las viejas así éramos de mulas y que los hombres se tenían que estar cuidando. Le dije que eso no me gustaba, que yo nomás lo quería a él. Me respondió que él era mi marido y que me aguantara”.

Todo empeoró
“Para cuando nació mi primer hijo él seguía espiándome en la ventanita del baño. Se subía al techo y desde atrás del tinaco me espiaba. Un día lo miré que estaba masturbándose ahí. Me dio mucho asco y le dije que se bajara, que si no le daba vergüenza de que lo fueran a ver porque la casa está muy bajita y desde la calle sí se puede ver bien el techo.

“Me dijo que él sabía lo que hacía y que le valía que lo vieran. Se enojó mucho y me pegó de cachetadas en la cara. Me dio dos, yo traía al niño cargado. Me empezó a decir que de seguro yo me estaba lavando de que había estado con mi querido y que por eso no quería que me estuviera viendo. Me empezó a acusar de cosas muy feas que yo no había hecho y me dijo que si eso me gustaba, lo iba a hacer con quien él mandara”.

Las apuestas
“Empezó a llevar a unos amigos a la casa. Para eso ya había nacido mi otro hijo. El más grandecillo tenía 3 años y el chiquito 1 año. Les agarraba la carita y se los quedaba viendo muy fijo y me decía: ‘voy que ni son mis hijos, sabe de qué bastardo serán’. Yo le decía que eran sus hijos de su sangre y nada más se reía.
“Los sábados era cuando llevaba a sus amigos a la casa. Empezaban a tomar desde las 2 de la tarde y así le seguían sin parar. Tenía un amigo que en el rancho decían que le gustaba la marihuana y ese se me quedaba viendo muy feo.

“Aparte de tomar, jugaban cartas y apostaban cosas y dinero. A veces apostaban borregas o botellas, pero ese día no podía creer lo que escuché. ‘Te apuesto a mi vieja’, ‘no te la puedes llevar, nomás para que te la tires, pero enfrente de mí’, le dijo a uno”.

Al matadero
“Como a eso de las 3 de la madrugada fue por mí al cuarto, me dijo que me levantara y que me lavara, que iba a entrar un amigo. Le dije que para qué, me dijo ‘para qué crees’. Agarró una silla y la puso frente a la cama y me dijo ‘tírate ahí, más te vale que no digas nada porque si haces algo te mato a tus hijos’.


“Entró un viejo al cuarto. Todavía volteó a verlo y le preguntó que si era en serio y él dijo que sí, pero que él veía. Fue algo horrible, yo tenía mucho miedo porque solo escuchaba las burlas de los otros que estaban afuera. Me sentí como si estuviera en un matadero, solo quería que eso acabara pronto”.

Sus caritas
“Los días pasaban y mis hijos crecían. Yo les dije a mis papás que ya no quería estar ahí, que me dejaran regresar con ellos. Mi papá me dijo ‘usted escogió ese marido y es su cruz. No lo hagas enojar para que no te pegue’. Pero los golpes eran lo de menos. Me agarró de la prostituta de sus amigos y de él.

“Estaba tan enfermo que después de que me acostaba con sus amigos y que me tenía que meter con alguno de ellos, él también quería que le cumpliera como esposa. Aguanté eso, porque me tenía bien amenazada con matarme a mis hijos. Se les acercaba y les agarraba el cuello o sus caritas y se me quedaba mirando, burlándose. Luego se me acercaba y me decía ‘te los mato’”.

5 años
“Mi hijo el mayorcito tenía 8 años y el que sigue 6. Ese día no me di cuenta, pero se los llevó muy temprano. Yo andaba como loca buscándolos por todos lados. Yo solo pensaba que los fuera a matar o hacerles algo muy malo.

“Regresó por ahí de las 6 de la tarde, era sábado. Cuando regresó, corrí a ver a mis hijos. Me dijeron que fueron a arrear borregas al monte. El solo se estaba burlando. Me dijo ‘ya ve lo que sería que no estuvieran’. Se rió más y me dijo ‘cómo cree que les haría algo si son mis hijos’. Los metí a bañar y les di de cenar”.

El peor día de su vida
“Ese día en la noche no llegaron sus amigos. Me dijo que me pusiera un vestido que porque íbamos a salir a una fiesta. Le dije que yo no podía dejar a mis hijos solos y me dijo que no nos íbamos a tardar. Yo no quería ir y me dijo que me acordara qué les podía pasar a mis niños.

“Llegamos a un motel que está en la carretera. Ahí llegaron unos viejos. Me dijo que tomara, pero yo no quería. Me abrió la boca y me echaba el chorro de vino y luego me apretaba para que lo pasara. Me puso muy borracha. Cuando desperté, ya estaba amaneciendo. Me dolía todo mi cuerpo. Estaba ensangrentada, sucia, sin mi ropa. Estaban todos los viejos ahí.

“Me acuerdo de cosas y solo puedo decir que lo único que quería era morirme. Pensaba en mis hijos y creía que ya estaban muertos. Me salí de ahí como estaba y llegué a la carretera. Me ayudaron unos policías de la preventiva.

“Uno se quitó la camisa para cubrirme. Estaba entre borracha y como muerta. Les dije que me habían violado unos hombres en ese motel. Agradezco a Dios estar viva y que a mis hijos no les haya hecho nada”.

Presos
A los sujetos se les sentenció por el delito de violación. Aún con todas las pruebas, el marido de la víctima declaró que ella estaba de acuerdo. Esta mujer se fue a vivir a Estados Unidos con unos parientes porque su tranquilidad se vio profundamente afectada, aparte de su estabilidad emocional y de su integridad física.

La violación dentro del matrimonio es tan violenta como degradante y muchas veces más traumatizante que la violación por un extraño. Algunas veces es perpetrada a punta de cuchillos o de pistola, repetida y brutalmente, y enfrente de otras personas. Por lo general, es el acto violento final después de una serie de abusos físicos y puede terminar con la muerte de la víctima.




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