Tuesday 06 de December de 2016

Mi delito... tener 16 años

Ivonne Nava García      15 Nov 2014 19:29:10

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Los jovencitos en esa edad están hambrientos de experiencias en búsqueda de madurez. Sin embargo, en esta rebeldía, muchas veces arriesgan su integridad de forma innecesaria, en ocasiones con consecuencias lamentables.

Yo me pregunto, ¿qué hace una jovencita de en un antro, en la madrugada, ingiriendo bebidas embriagantes?, ¿dónde están sus padres?, ¿saben lo que su hija está haciendo y con quién?

En esta historia, ellos no lo sabían. En toda la noche no hubo siquiera una llamada al celular para saber de ella. Simplemente ellos dormían mientras a su hija aparentemente le robaban la inocencia.

Casado y de antro
“Tengo tres años de casado. Tengo planes con mi esposa de procrear familia. Estamos haciendo un patrimonio. Esto que me está pasando no es justo porque a esa chavilla ni la toqué. Mi familia es de Villa de Coss, nos gusta todo eso de la charrería y esa música.

“Ese día hubo charreada. Ahí estuvimos hasta la 1:30 o 2 de la madrugada. Nos decidimos a ir a un antro. Mi hermano y un amigo de él estaban con esa niña y una amiga de ella. Yo no las conozco, cuando dijimos que si nos íbamos de ahí, dijo que si la llevaba de una vez o le dábamos para el taxi.

“Pero ella ya no se despegó de con nosotros, más bien de con mi hermano. Entramos al antro y ahí estuvo ella, bailando con mi hermano. Ella se le arrimaba mucho, lo besaba en el cuello y tomaba de su cerveza y del vaso de mi hermano. Le vimos mucho interés por quedarse con nosotros.

“No sé qué intenciones tendría. Ya no le puse interés porque yo seguí con mis amigos, estábamos tomando. Ya de madrugada prácticamente nos corrieron del antro. Serían pasadas las 4 de la madrugada, no me fijé bien la hora, solo por noción. Yo no entiendo con qué intenciones se acercó a nosotros y tampoco entiendo cómo una persona puede escudarse y culpar a otros de algo que no hicieron y no pasó.

“No sé cómo me puede acusar de que la violé, nosotros actuamos de buena fe porque ella decía que estaba enferma del corazón y que no podía respirar. Eso fue saliendo del antro. Yo me asusté y por eso la quise llevar a un hospital. Ya la íbamos a llevar a su casa pero en eso se puso mal y parecía que no respiraba.

“Nos paramos ahí por el puente de Soriana porque no respiraba y le dije a mi hermano que buscara el teléfono de su mamá para avisarle que la llevaríamos al hospital. Pensé en llevarla a la Cruz Roja de Guadalupe, a la que está por la vialidad. Llegamos y salió un guardia, nos dijo que no había servicio, pero que más adelante había un hospital.

“Por eso la llevamos ahí. Llegando a ese hospital yo la baje cargándola en el hombro y la puse en el piso porque ahí me dijeron que la pusiera. Llegaron unas enfermeras y la trataban de despertar y en eso llegó una trabajadora social y me pidió mis datos. Ya le habíamos avisado a la mamá de la niña y yo hasta les di mi credencial de elector y mi teléfono. Nosotros estábamos actuando de buena fe.

“Ya no me dan ganas de confiar en nadie, siento mucha tristeza, desesperación y frustración, impotencia. Confío en mi familia. ¿Cómo alguien puede mentir así para zafarse de que la regañen?, ¿por qué dejan a las niñas andar metidas en el antro y tomando? Ahí está que luego le echan la culpa a la gente inocente si les pasa algo. Eso es culpa de los papás irresponsables.

Ella perdió el conocimiento
“Sí me dieron permiso de salir. Yo le avisaba a mi mamá. Me dejaron hasta las 2 de la madrugada. Ya sabía mi mamá que yo conseguía rait para irme a mi casa porque vivimos ahí por la Estrella de Oro. Ese día en la charreada entre mi amiga y yo nos tomamos como cuatro cervezas.

“En eso estábamos cuando se nos acercó un muchacho. Nos dijo ‘¿cómo se llaman?’. Yo le di un nombre falso, porque como no lo conocía no quise darle mi nombre correcto. Como ya se iba a terminar el baile de la charreada mi amiga y otros amigos dijeron que ya se iban a ir. Les dije que se quedaran, pero como los regañan mejor se fueron.

“Él me dio su nombre y les dije que me quería quedar. En eso dijo que si yo quería él me llevaba a mi casa y le dije que sí, pero solo si me llevaba él solo porque andaba con muchos amigos. Luego de rato sus amigos le dijeron que fuéramos al antro, me preguntó que si íbamos, yo dudé un poco y me dijo ‘al cabo después te llevo a tu casa’. Le dije ‘bueno, sí’.


“Para esto, entre sus amigos y yo nos tomamos un six de cervezas. Entramos al antro y me dijo que si quería una cerveza y le dije que sí. Nos fuimos a sentar, pero nos parábamos a bailar. Yo veía que mi amigo estaba tomando mucho en otra mesa de unos señores, creo que era champaña. Estaban festejando algo de la charreada.

“Me invitó también de eso. La probé, pero no me gustó. Me clavó la mirada y me dijo ‘me inspiras como ternura’ y me abrazó, pero no de manera sucia. Luego le di otro trago a la copa de vino que traía. Ahora sí me empecé a sentir muy mareada. Ya era muy tarde, le dije que me llevara a mi casa. Él siguió platicando con sus amigos, pasó más rato.

“Salimos del antro y luego ya no recuerdo nada, pero hay un pedacito que me acuerdo, que estábamos frente a la camioneta de él y vi cuando todos sus amigos se subieron. Pero de él ya no me acuerdo porque la última vez que lo vi fue cuando ya íbamos saliendo del antro.

“No recuerdo cómo me subí a la camioneta ni nada más. Solo recuerdo que desperté en un cuarto, en una cama, desnuda, me dolía mi espalda y todo. Yo como que me acordaba como en pedacitos que había un hombre que me lastimaba mucho, yo le gritaba ‘¡no, por favor!’, pero ese señor me tapaba la boca.

“Yo trataba de retirármelo, pero no podía. Estaba encima de mí. Era un cuarto más o menos grande, había un televisor en una bardita, tenía la alfombra roja. Busqué mi ropa y no estaba. Di vuelta como a otro cuartito, parecía como salita. Me puse mi ropa y traté de salir. El hombre se levantó y se recargó en la pared junto a la pared del mismo cuarto.

“Algo oprimió porque desde ahí se abrió un portón color crema, era eléctrico. Pero cuando yo iba a salir, él lo volvió a cerrar y no alcancé a salir. Sentí que me faltó la respiración y no sé si me caí, pero perdí el conocimiento. Yo creo fue momentáneo. Recuerdo que ese señor le hizo una llamada a alguien porque yo lo vi con el celular, pero no escuché qué dijo o a quién le habló.

“Lo que sí recuerdo es que en un momento que abrí mis ojos vi que él ya me llevaba en una camioneta.

En el asiento de atrás de la camioneta iba otro muchacho, no sé si era mi amigo, no lo vi bien. Es que de pronto yo no alcanzaba respiración y ya no sabía de mí. Ya no recuerdo más hasta que desperté en el hospital.

“Empecé a recobrar el conocimiento, el hombre de la camisa roja me bajó y me metió al hospital. Él me violó. De ahí llegó mi mamá y yo les dije que me habían violado. Me tomaron muestras, pero no encontraron nada.

“La doctora que me revisó dijo que no había lesiones en mis partes de que hubiera tenido relaciones sexuales, pero yo sí me acordaba que me hicieron eso. Sí siento muy feo que se los hayan llevado a la cárcel, pero yo qué puedo hacer si casi no me acuerdo qué pasó”.

Responsabilidad paterna
La falta de conciencia de nuestros jóvenes ha llevado a construir en estos tiempos una sociedad carente de todo principio y valores familiares.

Por ello es importante que los padres de familia tomen conciencia sobre la responsabilidad de ser “padres” y establezcan la debida disciplina que lleve a sus hijos a la superación personal, sobre todo a ser personas con sentido común, que actúen con valores y principios morales.

Es deber de todo padre recordar que un hijo es una responsabilidad para toda la vida y no solo significa un momento de placer, el cual mañana puede traer consigo consecuencias fatales como la vinculación de los jóvenes en las bandas, las drogas, la delincuencia y la prostitución.




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