Thursday 08 de December de 2016

Mi delito... tener esquizofrenia

Ivonne Nava García      4 Oct 2014 23:00:05

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Las personas que padecen enfermedades mentales graves, como la psicosis y la esquizofrenia, generalmente son “excluidos de los excluidos”. Es difícil, comprender, atender, manejar y hasta convivir con alguien que padece de esta manera.

Cuando una persona enferma de sus facultades mentales comete un delito, esa “exclusión” se acentúa aún más. Lo cierto es que no tenemos un centro psiquiátrico que permita la reclusión de personas infractoras de la ley. Asimismo, el tratamiento hacia una víctima de un delito bajo tales circunstancias es aún más difícil.

Esta historia cuenta cómo una menor de edad es agredida por un hombre que padece de esquizofrenia. La madre de la menor busca justicia, una reparación del daño, pero la enfermedad de este hombre dificulta mucho ese fin.

Lo veían raro
“El viejo ese tiene ya tiempo viviendo ahí solo. Esos corrales eran de sus papás, cuando ellos estaban en vida cuidaban todo y tenían hasta animales. El viejo este se veía desde chiquillo como que no era normal.
Estaba como mensillo.

“Cuando estaba más joven, se dejó de ver en el rancho. La gente comentaba que se lo habían llevado para el otro lado a que le dieran medicamentos. Así pasó mucho tiempo sin que se supiera del viejo ese. Hace como 10 años regresó. Para esto ya se había muerto su papá y regresó porque su mamá ya estaba muy enferma y decían que se iba morir.

“De los otros hermanos casi no se sabía nada ni venían a verla. Él se hizo cargo de la señora, la cuidaba y le daba sus medicinas. No se le conoció nunca una mujer y tampoco se sabía que tuviera hijos por ahí.
“Con los otros hombres del rancho no hacía ronda ni para la parranda. Decían otros hombres que a veces se lo encontraban en ‘las láminas’ en Fresnillo. También decían que sí levantaba viejas de ahí. Yo me enteraba de oídas que sí se iba seguido”.

Todo empeoró
“Cuando se murió su madrecita, que en vida se llamaba doña Zoila, sí le hablaba a uno, pero de cuando se murió su mamá se veía hablando solo muy seguido, casi del diario. Andaba por los corrales hablando como si estuviera alguien con él.

“Era muy feo y a los niños si les daba miedo. Los hombres también platicaban que casi del diario se iba con las muchachas a Fresnillo.

“Para esto se veía que vendía los animales que dejaron sus papás. A mí me daba ‘cosa’ el viejo ese, se veía que era muy cochino de sucio y cochino de viejo. A mis hijos les decía que tuvieran cuidado con él”.
Como penumbras

“Tengo cuatro hijos, la más chica tenía 11 años para ese tiempo. Para ir a cualquier lado teníamos que pasar por la casa del viejo. Yo le decía que no hablara con él, pero a veces los hijos no le hacen caso a uno. Le gustaba sacarle plática porque me decía que le daba mucha risa todo lo que decía.

“Un día que la niña venía de la escuela, noté que se tardó poquito. Cuando llegó, la miré rara y le dije que si le había pasado algo. Nomás se echó a llorar. Me empezó a decir que el viejo ese la había metido a su casa y que le atrancó la puerta con unos palos.

“Me dijo que la había aventado en la tierra de un traspatio y que le decía que le gustaba mucho para que fuera su mujer. Ese viejo tiene más o menos mis años, 52 o quizá unos más. Ya se ve viejo.

“Mi hija estaba muy asustada y no dejaba de llorar cuando me dijo todo. Dice que le pegó en su cara y que le decía cosas muy feas. Todo se me puso como en penumbras”.

Sin saber qué hacer

“De esas veces que uno no sabe qué se debe hacer. Tenía miedo de decirle al papá de mi hija por miedo de que me la fuera a rechazar. No sabía si decirle al comisario o irme a Fresnillo. Lo único que atiné fue a guardar en una bolsa la ropa que traía ese día mi hija.

“Le hice una preparación de hierbas que yo sabía de mi abuela que servían para que los viejos no les pegaran enfermedades a las mujeres, le dije a mi hija que se la pusiera. Fui con el comisario ejidal y me dijo que la niña tenía la culpa, que para qué se andaba metiendo en la tierra de ese viejo, si ya sabíamos todos que estaba mal de la cabeza.

“De ahí se corrió el chisme. Como a los 10 días junté dinero para llevar a la niña a Fresnillo y me llevé la ropa. Los preventivos de Fresnillo se portaron muy bien con nosotras y hasta me llevaron con los licenciados para que metieran a la cárcel al viejo. La revisó un doctor y dijo que sí me la habían violado.

“Yo les di lo que tenía de ropa y me regresé para el rancho en Rincón de la Florida. Los policías me hicieron el favor de trasladarnos. Como a los cinco días llegaron unas camionetas blancas por el viejo ese.

“Mi hija no se me enfermó de nada. La he cuidado para que supere eso que le pasó. A ella le ha servido saber que sí lo metieron a la cárcel, pero sí quisiera poder llevarla a Fresnillo con los doctores para que la ayuden más rápido, pero no tenemos dinero para eso”.

Voz del agresor
“En Guaymas asistía allá con las muchachas en cantina y las veía bailar y sí copulaba con ellas, nunca con los hombres, aquí también voy a ‘las láminas’ (en referencia a la zona de tolerancia).

“En Guaymas trabajaba en la pizca de pepino. Nunca me pegaban ni me hicieron nada malo, de repente salía un sol en la casa, adentro como un rayito de poquito de ese sol. De a luego me dieron el jale de los postes de luz y se veía como sus ojitos así.

“A los ocho meses descubrí el pozo de agua porque Zenón sembró ese ojo de agua, porque mi mamá sembró un jarro de agua de siete pozos y daba 400 litros de agua diarios, yo ya sabía que ese ojo de agua iba a nacer ahí junto a la puerta de mi casa de media hectárea.

“Yo nomás creo en Dios, soy pentecostista. Enfermedades no hay de esas marcas químicas, por eso este reloj se adelanta o se atrasa según, por eso de la presión, con este reloj me controlo.

“Me trajeron aquí, me echan la culpa de una chavalilla de 11 años y medio, pero una señorita de esa edad yo no pienso que lo hubiera hecho. Pos es de esas chavalillas de la sierra y estuvo conmigo dos minutos. Si se hizo eso que dicen sería en 2 minutos.

“Yo no estaba seguro porque no denunció ese día, sino a las dos semanas, fue por el 27, ya para morir el mes de febrero. Pasaron como dos semanas, ya es tarde, la piensa uno y ya cuando comete el error no puede uno pararlo.

“Se arrepiente por la edad una persona mayor que ya sabe lo que quiere, pos queriendo ellas sí le da a uno vergüenza. Aquí hay mucha gente de esa y aquí le dicen a uno violín y de esas cosas. ¿Sí sabe que es un terrorista? Usté sabe que hay gente que lo hace a uno hacer cosas, brujerías y no es intención, pero esa gente son gente que hacen no sé exactamente.

“Yo no conocía los delitos, no pasaba, pero no sabía que eran. Yo no estoy tan al corriente. Pos estuvo un día pura gente borracha ahí en ‘las láminas’, fui porque quería bailar, 10 pesos por abrazar a una muchacha.

“Por ejemplo, este año que me fui lo están rectificando que este año tenía tres días y estaban sacando otras cosas. También vi que hay días con más horas.

“Ya estaba queriendo falsificar un libro americano de brujería negra. No soy científico y yo quería hacer un libro de brujería gris. Yo no soy científico. No, no. Sí sé leer y escribir”.




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