Sunday 04 de December de 2016

Mi pequeña provincia, ¡cuánto has cambiado!

Javier Torres Valdez      16 Jun 2014 21:40:08

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En mis recuerdos aún existen aquellas amplias calles empedradas, con banquetas de cemento, donde por las tardes los niños jugaban alegremente al bebeleche, a los encantados, pájaros azules y otras muchas rondas infantiles, propias de aquella época.

Tus mañanas impregnadas de olor a tierra mojada, tu alameda fresca y perfumada engalanaban con sus majestuosos árboles y abundantes rosas de castilla y cientos de árboles cantores.

Alegre y cantarina corría el agua por las acequias regando todos aquellos árboles de ricos frutos que impregnaban el ambiente un aroma delicioso.

Tu hermoso santuario, tu amplia parroquia y el llamado de campanas a muy temprana hora invitando al rezo y aquel extenso río, que de orilla a orilla corría permanentemente almacenando grandes cantidades de agua, que siempre cristalina limpiaba miles de prendas multicolores, de todas aquellas mujeres que muy tempranito bajaban a él con sus artesas al hombro para lavar prendas que luego eran extendidas sobre los jarales para que las secaran los rayos del sol, mientras los niños jugaban alegremente arrojándose agua.

El jardín, tan original, siempre engalanado con hermosas flores que eran el orgullo de propios y sorpresa de extraños y aquellas románticas tardes de provincia, cuando los domingos se reunían los jóvenes, mientras que las muchachas en sus casas se atareaban en su arreglo personal para luego más tarde dar un paseo.

En este paseo, giraban en círculos al contrario de los hombres; las más coquetas buscaban con una sonrisa a aquel joven que les llenaba el pensamiento, y estos galantemente obsequiaban bellos ramos de gardenias en señal de cortejo, arrojando sobre todas esas chicas serpentinas y confeti de colores. El piso de este jardín quedaba con un tapizado multicolor.

Todo este cortejo se daba dentro de un ambiente de sano amor y coquetería. ¡Qué bellos paseos de tardes de domingo provincianos!, de los cuales ya solo van quedando recuerdos que como fantasmas se van diluyendo en la mente de todos.

Ahora, el tiempo ha transcurrido y, abatidas por los años, siguen conservándose muchísimas casas de estructura antigua, unas muy humilladas por los años. Actualmente por todas las calles de Jerez destacan hermosas construcciones de arquitectura moderna que ocupan grandes extensiones de terreno, ostentando algunas grande señorío, con amplios ventanales y hermosas cortinas.

Hay fachadas de estructura moderna que han ido transformando totalmente el frente de aquellos antiguos zaguanes, cuyas puertas siempre permanecían abiertas y por las cuales se podían apreciar aquellos amplios patios llenos de macetas de flores multicolores.

De todo aquel paisaje de antaño quedan solo recuerdos gratos, que en algunos, el polvo del olvido se va encargando de cubrirlos. Esa bella época ha dado paso a otra realidad un poco más amarga. El Jerez de antaño se ha convertido en un pueblo en el que se reflejan los vicios y la prostitución.

El escándalo reina por todos lados: los vicios del alcohol, drogas y prostitución están a la orden del día. La violencia se va apoderando poco a poco de este tranquilo lugar, toda aquella paz de antaño ahora se ve perturbada por crímenes, asaltos y robos.

Toda clase de vicios van haciendo presa a nuestros jóvenes, quienes empezando a vivir ya se tropiezan con la muerte en cada momento, porque sin oponer ninguna resistencia se abandonan completamente a los vicios, dejando que su juventud hermosa se hunda plácidamente en el fango, sin oponerse a ello. Su actitud resulta contradictoria por su manera de vivir y de pensar, pues en realidad pareciera que lo único que desean es terminar prontamente con sus vidas.

Ahora ya no existen aquellas huertas ni ese hermoso río que llevaba agua cristalina; los paseos por el jardín han sido reemplazados por los antros; a nuestro jardín lo han privado de aquella alegría de jóvenes que nos deleitaban con sus sonrisas.




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