Tuesday 06 de December de 2016

Miércoles de ceniza

Juan Carlos Ramos León      9 Mar 2014 21:30:04

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El miércoles que recién pasó, los cristianos que practicamos la fe católica acudimos por multitudes a los distintos templos de la ciudad a recibir un manchón de ceniza en la frente acompañado de las palabras: “arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

El miércoles de ceniza marca el inicio de la cuaresma, tiempo de preparación espiritual para la pascua de resurrección de Jesucristo. Para muchos esto significa que falta más o menos un mes para salir de vacaciones; para los que somos creyentes inicia un período muy importante.

Quienes hayan acudido a la celebración de la eucaristía en las semanas previas a la Navidad -tiempo que litúrgicamente se denomina “adviento”- o durante la cuaresma, habrán notado que los ornamentos que visten los sacerdotes son de color morado en un tiempo y el otro. Esto es debido a que ambos sucesos -el nacimiento y la resurrección de Cristo- nos ponen a los fieles en una condición de espera.

Esperamos a Jesús que nace a la vida y esperamos a Jesús que regresa glorificado de la muerte. Ese es el sentido de espera que tienen el adviento y la cuaresma.

Los que somos creyentes acudimos a “tomar” la ceniza como un signo de nuestra disposición a prepararnos, durante este tiempo de espera, para una conversión de nuestras vidas, de nuestras conductas y comportamientos hacia los demás. Por eso el ministro que nos la coloca nos dice “arrepiéntete y cree en el Evangelio”; arrepentirnos de todas aquellas cosas que hayamos hecho en perjuicio de los demás y, en consecuencia, de Dios mismo, ya sea intencionadamente, inintencionadamente o por omisión; creer en el Evangelio como aquella enseñanza que nos ha sido dada por Dios para caminar por esta vida con la mirada puesta en la vida eterna.

Un factor inseparable de este propósito de conversión es el sacrificio. Tantos problemas podríamos ahorrarnos los seres humanos en nuestras relaciones interpersonales si tuviéramos un poquito más de disposición al sacrificio. Por esta razón es que se incorporan a nuestras costumbres en tiempos de cuaresma los sacrificios denominados “ayuno y abstinencia”; ayuno el miércoles de ceniza y el viernes santo y abstinencia durante todos los viernes de cuaresma, consistente en no comer carne.

El sacrificio es, en su sentido más estricto, un desapego de aquellas cosas que, sin dejar de ser lícitas, dan un confort o gusto a nuestro cuerpo. Por eso es que, quienes no tienen más convicción que criticar todo y a todos, nos señalan -con cierta razón- que nos “sacrificamos” dejando de comer carne, pero nos pegamos unos banquetazos con otras delicias que Dios guarde la hora.

De eso se trata, de dejar en claro que este camino que comenzamos a andar es una oportunidad para reivindicarnos con nuestro Creador atreviéndonos a preguntarle por medio de la oración y del sacrificio qué cosas quiere que cambiemos para ser gratos a sus ojos.




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