Saturday 10 de December de 2016

Mochilas llenas, mochilas vacías 

Sigifredo Noriega Barceló      19 Aug 2014 22:00:03

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No hallaba cómo encabezar esta reflexión. Por una parte, pensaba en los restos del Mundial de Futbol Brasil 2014. Se me ocurría el título de "Bolsas llenas, bolsas vacías". Repasaba los años previos de publicidad y propaganda que saturaron los espacios y ciberespacios de la vida de casi todas las personas, con to’y y mascotas. ¿Quién ganó? ¿Quién perdió? ¿Quiénes salieron con las bolsas llenas? ¿Quiénes con las bolsas vacías? ¿Por qué es necesario que, para llenar las bolsas de unos, las de los demás queden vacías? ¿Es posible ganar todos? ¿Es posible perder todos? ¡Ay, Dios mío!, En qué enredos me estoy metiendo con eso de las “bolsas” de la felicidad…

Por otra parte, me acordé de que el lunes regresaron nuestros adolescentes y niños (incluyendo papás y maestros) a clases. Me imagino los millones de mochilas sobre sus espaldas (también al frente y a los lados). De seguro van llenas de esperanza y de herramientas antiguas y nuevas. Hace 50 años solo necesitábamos una hoja de papel de la tienda (tanichi, en Sonora) y un humilde lápiz, pero la bolsa del corazón estaba llena de esperanza. ¿Las dos mochilas estarán llenas al terminar el curso 2014-2015? Esperamos que el ambiente humano sea propicio y todos sigamos dando cumplimiento a nuestros anhelos y aspiraciones. En el indispensable campo de la educación no debería haber perdedores ni mochilas vacías.

Pudiéramos “estudiar” el Evangelio de este domingo teniendo como horizonte la educación y las escuelas de la vida. ¿Encontramos mochilas/ bolsas llenas? ¿Quién pierde? ¿Quién gana? ¿Para que unos ganen es necesario que otros pierdan? En el pasaje aparece una mujer no judía con la mochila llena. “Mujer, ¡qué grande es tu fe!”, le dice Jesús. Antes tuvo que ponerse en el camino de la humildad:

“¡Señor, ayúdame!” La fe de los sencillos siempre gana. Cuando Jesús habla con la gente sencilla, con la gente de fe, es vencido; hoy se rinde ante una mujer extranjera, no miembro del pueblo elegido. Allí donde Dios es reconocido como Señor y como Dios, Dios se obliga a intervenir, no se queda con los brazos cruzados. Sea donde sea, sea con quien sea, sin distinción de nación, de grado escolar, de escuela. Allí donde alguien pone toda su confianza en el Dios de Jesucristo (padre, hijo, espíritu santo = Trinidad), Dios da el veredicto a favor del pobre. La fe mueve montañas. Si creemos realmente en él, de seguro las mochilas estarán llenas. En el Evangelio siempre se trata de ganar, ganar; no hay perdedores. En otras palabras, la fe auténtica es la única escuela de plenitud, el kínder-universidad de la bienaventuranza.

Esperamos que no hagamos de las aulas escenarios de la razón (pura, pragmática, técnica) contra la fe. Las mochilas de la vida se vaciarían de sentido; el horizonte integral del ser humano se oscurecería. Todos seríamos perdedores.

Oremos ante el nuevo curso escolar:

Contigo, Señor, los ciegos veremos la belleza, los sordos escucharemos al hermano, los mudos y los tímidos nos comunicaremos, los fríos y los indiferentes, seremos misericordiosos, los tristes y los grises cantaremos cada día, los huérfanos y solos disfrutaremos de tu amor.

Con la bendición de la fe de la mujer cananea.




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