Wednesday 07 de December de 2016

Mondragón, el eslabón roto

Édgar Félix      17 Mar 2014 21:10:05

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El abuelo de Manuel Mondragón asesinó a Francisco I. Madero y a José María Pino Suárez. Es un hombre con historia familiar, con un pasado que lo coloca del lado de los traidores, como Victoriano Huerta.

Desconozco la carga genética, el peso del pasado o los fantasmas que rondan la vida de un ser humano procedente de hechos vergonzosos, no realizados por él, sino por sus seres queridos, porque ahora la salida de Mondragón -oficialmente desde ayer excomisionado de Seguridad del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto- representa un cambio de rumbo de las autoridades federales frente a las mafias que controlan este país.

Manuel Mondragón llegó al gabinete de Peña Nieto con el propósito de unificar las dispersas policías del país. Es decir, crear un frente común de la desorganizada policía mexicana contra la delincuencia organizada. No pudo o “no lo pudieron”, como se dice en la jerga política.

La renuncia de este funcionario que dependía, de acuerdo al organigrama, del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, pero que en la práctica acordaba directamente con el presidente Peña Nieto, representa un eslabón roto de una cadena que podría haber frenado el avance del poder del narcotráfico en el país. Alguien lo rompió.

Este funcionario, que realizó una buena labor al frente de la Secretaría de Seguridad Pública del Gobierno del Distrito Federal en la época de Marcelo Ebrard, había sido considerado como un eslabón importante en la administración de Peña Nieto, aun y su pasado “perredista” -sin conocer el familiar de orígenes huertistas- como una carta muy fuerte para ganar el juego de póquer a los narcos que controlan el poder político y económico de México.

Su pasado está cargado de posiciones contradictorias: por un lado, la simpatía del líder de la izquierda mexicana, Andrés Manuel López Obrador hacia él y, por otra parte, la imagen represora contra manifestantes, como ocurrió en las acciones policiacas en la ceremonia de la toma de posesión del priista Peña Nieto, principal contrincante político de López Obrador.

Cuando fue incorporado como el timonel de las acciones del Gobierno Federal contra el narcotráfico muchos le auguraron un futuro corto porque se veía más su nombramiento como imagen de inclusión que de eficacia. Y no se equivocaron, ya que fue ignorado para diseñar las estrategias de combate a la delincuencia en Michoacán y ni estuvo informado de la detención y aprehensión del temido capo El Chapo Guzmán; sus días estaban contados.

Un ser contradictorio el de Mondragón. Un funcionario que sirvió de imagen de “gabinete incluyente” porque estuvo siempre acotado por el secretario de Gobernación a pesar de los “acuerdos” con el presidente Peña Nieto.

Nunca tuvo una buena relación dentro, ni con Osorio Chong ni con Francisco Galindo, comisionado general de la Policía Federal. La pregunta que debería responder Mondragón es por qué aceptó un cargo en un gobierno priista. La respuesta seguramente debe tener un pasado de traición, como lo fue el de su abuelo.




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