Saturday 25 de February de 2017

Muerte cerebral 

Antonio Sánchez González      6 Mar 2014 21:10:10

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Dos pacientes estadounidenses con criterios neurológicos de muerte cerebral recientemente removieron la conciencia pública mundial y, en particular, la de los médicos.

Uno de los casos es el de una niña cuyos padres se negaron a reconocer el hecho del cese de la actividad cerebral, diagnóstico que fue revisado de múltiples maneras, incluido un examen ordenado por los organismos de justicia del Estado de California, tras de lo cual el cuerpo les fue entregado.


La familia decidió continuar por su cuenta el soporte con nutrición y respiración artificiales, con el argumento de que lo contrario se oponía a sus creencias religiosas.

La otra paciente vivía en Texas: una mujer joven de ascendencia mexicana, embarazada de tres meses, a quien se diagnosticó con muerte cerebral causada por embolias pulmonares y se le mantuvo ocho semanas con ventilación mecánica contra la voluntad de su esposo, porque sus médicos pretendieron llevar a término la gestación; finalmente, un tribunal demandó el cese de la asistencia ventilatoria.

Llegar a un consenso para definir muerte cerebral ha sido difícil.

Largo camino, desde 1968, cuando la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard publicó un influyente artículo proponiendo el término de “coma irreversible” hasta 1981, cuando el presidente de un comité estadounidense organizado a propósito, enunció una definición filosófica de muerte cerebral en términos de “pérdida de las funciones críticas del organismo todo”. En las décadas siguientes la definición se enriqueció con atributos científicos y legales, que permiten tener estándares clínicos sólidos, base actual de la medicina de trasplantes de órganos.

De todos modos, el concepto ha sido periódicamente cuestionado. Las objeciones proceden del entorno religioso y del sentimiento de que a pesar de que se haya perdido la función cerebral, el resto del cuerpo puede mantenerse vivo, incluso por periodos largos: con tecnología y medicinas es posible mantener la temperatura corporal, las heridas pueden sanar, persiste la actividad hormonal y se ha reportado que los niños pueden crecer. Incluso, un embarazo se puede, teóricamente, llevar al término aunque la madre cumpla criterios de muerte cerebral. Morir, en sí, es un proceso: algunas partes del cuerpo mueren y después otras, finalmente lo hace cada célula.

Este intrincado escenario científico tiene como actores principales a la familia y al resto de la sociedad. Un concepto sólido de muerte cerebral basado en la cesación irreversible de la actividad cortical y del tallo cerebral permite al entorno familiar de quien lo sufre reconocer que hay un punto donde no hay retorno, además de que permite determinar cuando una persona posee beneficios legales y cuando un testamento tiene validez.

La ley y la ética no han tenido alternativa a la hora de depositar en la ciencia el diagnóstico del proceso de morir.
 




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