Thursday 08 de December de 2016

Perseverar en los ensayos

Huberto Meléndez Martínez      10 Mar 2014 21:00:07

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Con dedicatoria para estudiantes que asumen sus propósitos con determinación.

Maestro, yo quiero entrar al grupo de danza de la escuela, ¿me acepta?”, dijo un estudiante de primero de secundaria. Era un muchacho virtuoso en las actividades intelectuales. Había obtenido la más alta calificación en el examen de admisión y desde pequeño adquirió habilidad jugar ajedrez.

Su complexión física era cercana a la obesidad, de andar desgarbado y con cierto aire de pesadumbre.

Sus compañeros hacían bromas por su manera de caminar arrastrando los pies. En casa le reprendían por gastar los zapatos de un mismo lado.

¿Cómo voy a aceptar a alguien así?, pensaba el maestro. Lo que necesita el grupo de danza son muchachos con porte gallardo, dinámicos, de carácter alegre, expresivos corporal y socialmente, jóvenes con personalidad desenvuelta y extrovertida.

Usualmente hay pocos varones que desean participar, contrastante con el número, la emoción y disponibilidad de las chicas, por ser parte del club de danza folclórica. Al inicio del año el maestro había recorrido todos los grupos, convocándoles a comenzar los ensayos. La indiferencia y apatía de los muchachos era desesperante. Sus prejuicios se sobreponían a la oportunidad de aprendizaje, creyendo que la actividad se relacionaba con los chicos amanerados.

La mayoría de los aspirantes tenían bajas calificaciones o problemáticas conductuales, según la opinión de los demás maestros. El instructor le aceptó diciéndole que se presentara al lugar convenido para realizar los ensayos, quedándose con grandes dudas e incertidumbre.

Este joven desentonaba en su personalidad con el resto del grupo, pero llegó puntual al citatorio, su cara reflejaba una emoción jubilosa y optimista. Su emoción fue disminuyendo cuando a ese ensayo llegaron sus demás compañeros. Ellos se portaron burlones y sarcásticos. Las chicas emitieron sonrisas irónicas al verle presente, aunque se mostraron discretas por el respeto que él tenía ganado por su desempeño escolar. Tiempo después le dijo al maestro que creía que le iba a negar la oportunidad.

El instructor expuso las reglas básicas, les explicó el panorama de trabajo de los subsiguientes meses, condicionándoles a mejorar sus calificaciones si deseaban permanecer en el club de bailarines.

El maestro decidió citarle media hora antes a los siguientes ensayos, para ponerlo al nivel de los demás. Pacientemente le acompañaba paso a paso, en los movimientos básicos y en la evolución de las rutinas. Cuando llegaban el resto, les veían sudando abundantemente. Noé Israel estaba muy cansado al iniciar los ensayos grupales

Con una determinación ejemplar asistió tres meses de actividad intensa, previos a la primera presentación en público. El maestro advirtió la tenacidad. Su personalidad responsable y dedicación ejemplar rindió resultados. Poco a poco fue realizando las rutinas armonizando con el grupo. Se convirtió en el preferido de las chicas. Querían bailar con él por su desenvoltura y habilidad.

Permaneció en el grupo los tres años de secundaria. En la preparatoria asumió el liderazgo del club. Fue ejemplo a seguir en el bachillerato, con la alegre complacencia del director. Los frutos siempre llegan cuando se siembra con ahínco. La juventud necesita inculcación del amor al deber.
 




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