Thursday 08 de December de 2016

Neoporfirismo 

Ricardo Gómez Moreno      29 Jul 2014 21:20:04

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Enrique Peña Nieto está en el más bajo nivel de aprobación que haya registrado algún presidente mexicano en tiempos recientes, dijo el 25 de julio un artículo del diario estadounidense The New York Times.

Comenzó su administración con 54% de aprobación y ahora cayó al 37%.

Según el influyente diario, el descenso se debe principalmente a las reformas legislativas estructurales, y a que las clases media y baja no ven mejoría en la situación económica personal ni del país.

A pesar de intensas campañas mediáticas, los mercadólogos de Peña Nieto son incapaces de endulzar los amargos remedios que a la economía y la política nacionales le han recetado el Presidente y un Poder Legislativo mayoritariamente dócil.

El desplome del descrédito de Peña Nieto es extensivo a diputados y senadores del PRI, PAN, PVEM y Panal, quienes sin siquiera respetar los reglamentos que rigen las respectivas cámaras, han optado por el desmantelamiento de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, mediante reformas elaboradas para satisfacer única y exclusivamente a las grandes empresas nacionales y las todopoderosas trasnacionales.

Nacionalismo, soberanía, bienestar de la mayorías, independencia económica, democracia, son conceptos que nada importan a esos legisladores.

Aunque llegaron a la representación popular mediante el voto, hoy traicionan de la forma más vil y cínica a quienes los eligieron.

Esto explica por qué Enrique Peña Nieto tiene un raquítico nivel de aprobación de 37%. Y eso que sus reformas todavía no tienen vigencia. ¿Llegarán a tenerla?

Es cierto que convertidos en ejército de demolición, los legisladores al servicio del Poder Ejecutivo son capaces de pulverizar en minutos cualquier fuerza argumental de los pocos diputados y senadores de oposición, pero cuesta trabajo creer que los mexicanos seguirán pasivos ante tanta arbitrariedad.

Una “megamarcha” de 30 mil campesinos efectuada la semana pasada en la Ciudad de México poco representa ante la magnitud del daño que habrá si las petroleras trasnacionales comienzan a apoderarse del agua y la tierra. Seguramente estallarían verdaderos brotes de rebeldía.

Ahora no se trata de simpatías ni de niveles de aprobación. La situación de enfrentamiento ya la impusieron los dueños del poder y sus vocingleros.

¿Pero los obreros, los empleados, los profesionistas, los maestros y estudiantes, la clase media en general, qué esperarán para rebelarse ante un Estado depredador, corrupto, represivo, autoritario, mentiroso y antinacionalista?

No es fácil creer que se concreten las reformas, por más que sean clavadas por el mazo del Poder Legislativo y por un gran aparato mediático apabullante y embustero.

Son tan salvajes, rapaces y monstruosas, que parece imposible que las nuevas leyes puedan aplicarse.
México no podría tolerar el surgimiento de un neoporfirismo, ahora peor que el de 1910. ¿O sí?




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