Tuesday 06 de December de 2016

¿Ni Dios lo mande…?

Mara Muñoz Galván      10 Jun 2014 22:00:14

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Algunas buenas conciencias casi se persignan cuando escuchan la palabra "feminismo". Reaccionan de forma inmediata para decir que no son feministas, como para aclarar que no están en contra de los hombres, que no se sienten superiores.

El problema radica en la confusión que hay frente al vocablo, pues se equipara feminismo a machismo, nada más equivocado.

Decirse machista sería lo mismo que asumirse como hembrista; no tiene que ver con el término feminista.

Sin embargo, el feminismo tiene que cargar, otra vez, con el mal uso del lenguaje que no solo condena a las mujeres a asumirse dentro del género masculino, sino que además da una carga negativa al término, asignándole una categoría igualmente retrógrada que el machismo.

El feminismo es un movimiento político y una posición política frente a las desigualdades históricas entre hombres y mujeres.

El feminismo ha logrado remontar graves desigualdades para que la mujer acceda a derechos políticos, civiles y sociales igual que los hombres.

Ejemplos sobran, basta mencionar que hasta la década de los 50 las mujeres no podían votar en México o que hasta hace menos de dos décadas existía la obligación de tener relaciones sexuales entre cónyuges, el llamado débito carnal.

Otro ejemplo es que hace menos de una década las mujeres necesitaban la autorización de su esposo para recibir créditos gubernamentales para el fomento productivo.

Estos cambios fundamentales en la vida pública y privada de millones de mujeres han sido gracias al movimiento político llamado feminismo, el cual ha estado representado en instituciones públicas a través de hombres y mujeres que se asumen y actúan como aliados a favor de la igualdad sustantiva.

El feminismo no es privativo de un género, es una bandera política que puede tomarse por hombres y mujeres, para impactar en diversos campos de acción.

Las personas feministas se han integrado a diversos mecanismos institucionales creados con el fin de lograr el adelanto de las mujeres.

Es fundamental que quienes trabajamos en instituciones que buscan la equidad entre los géneros nos asumamos como feministas pues es nuestra responsabilidad llevar a la práctica tratados internacionales y leyes en la materia.

Como movimiento político el feminismo ha derivado en las ciencias sociales a través de los estudios de género, y en el campo de la política pública a través de los mecanismos institucionales.

Así, los institutos para las mujeres, las secretarías de las mujeres o los centros de justicia para las mujeres no son mandato divino, sino un logro del movimiento feminista en México y el mundo.

Quienes trabajamos por la igualdad entre los géneros tendríamos que dejar de bajar santos del cielo por ignorancia de la historia y los conceptos para simplemente asumirnos como feministas en obra, para la creación de una sociedad más justa y equitativa.




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