Friday 09 de December de 2016

No hay medicina, solo hay médicos

Antonio Sánchez González      10 Jul 2014 21:00:10

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Hace unos días me preguntaste “¿Cuándo supiste que querías ser médico?”
Es una pregunta de respuesta difícil. En el momento decidí contestarte con una historia que involucraba a mi abuela, su cardiólogo y recetas que contenían Lanoxin: menjurje con nombre misterioso que veía como medicina asombrosa, capaz de curar todos los males posibles de imaginar por mi cabeza de niño de pueblo. Si juntas todo, escoger estudiar Medicina es fácil.

Tu pregunta me ha dado tantas vueltas en la cabeza como el Lanoxin en su momento. Es fácil saber que quieres estudiar Medicina, pero toma tiempo darse cuenta que alguna vez debes decidir si ansías ser médico. Necesitas tiempo. Necesitas pacientes.

La tarea intelectual diaria del médico debe ser dual: entender la enfermedad y al paciente.

Seguramente existe un método eficaz para lo primero, pero no hay uno infalible para lo segun
do. Es un desafío que cada paciente te presenta y cada encuentro con un enfermo constituye un reto.

La enfermedad se manifiesta con signos y síntomas, pero éstos no son elocuentes; corresponde al médico darles sentido y esta facultad es un proceso subjetivo, emocionante, limitado por el conocimiento técnico, dedicación, la experiencia y la inteligencia del doctor.

Los signos pueden ser mentirosos, caprichosos, tienen alma: si quieres, alguna vez sabrás que un moretón en un pie no produce el mismo efecto en la mente de una muchacha pretenciosa que en el ánimo de un diabético.

Para saber si quieres ser médico, aprender directamente del enfermo tiene valor porque produce satisfacciones intelectuales irreemplazables e imparte enseñanzas de humildad con valor moral inmenso.

Además, no hay emoción similar a la del proceso de formular el entramado de un problema médico acopiando indicios a través de un proceso deductivo riguroso, normado por la ciencia.

En esta época tecnológica, en la que el contacto piel a piel con un enfermo parece dificultarse por la intromisión de pantallas, internet, facturas, tomografías, publicidad y ultrasonidos, sigue existiendo una razón por la que el examen del paciente es recomendable.

Dicho procedimiento es un ritual, con todo el valor simbólico de las ceremonias más solemnes: a través del mismo el paciente se da cuenta de quién es la persona que se acerca sin rehuir el contacto y está genuinamente interesado en ofrecerle alivio.

La cama del enfermo es territorio sagrado: el espacio donde un ser humano puede tocar, palpar, oler, manipular la piel desnuda de otro con fines puramente altruistas, sin posibilidad de crimen o maldad.

Se establece así un vínculo entre seres humanos en la forma más excelsa. Eso no se aprende, se siente. Se ve en los ojos del otro. Cuando lo veas, lo sabrás.

Estudiando Medicina escucharás que Claude Bernard escribió “no hay enfermedades sino enfermos”, con el tiempo, de la misma manera podrías pensar que no hay medicina, solo hay médicos. Con el tiempo sabrás si quieres serlo.




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