Thursday 23 de February de 2017

No se permite sonreír 

Juan Carlos Ramos León      19 Jan 2014 21:00:07

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Tuve que atravesar por la muy desagradable experiencia de acudir a las oficinas de los Servicios de Administración Tributaria (SAT) a realizar un trámite.

Desde que llegas se siente una atmósfera de tensa calma. Mucha gente y todo muy sombrío.

La organización de los turnos, preparación técnica del personal a cargo y el trato del mismo son -hay que reconocerlo- de muy alto nivel. Las instalaciones, además, pulcras, bien estructuradas y funcionales –claro, con dinero todo es posible-.

En la amplia sala de espera hay una televisión en la que en ese momento estaban proyectando el programa Hoy, así como para que los que allí nos encontrábamos nos diéramos cuenta de que puede llegar a haber peores cosas que pagar impuestos.

Tienen organizados los turnos para los que hacen cita y para los que no; de todas maneras hay una especie de sub clasificaciones y se puede notar claramente que, dependiendo del tipo de trámite que se va a realizar, unos avanzan más rápido que otros. Cabe señalar que los que avanzan más lentamente son aquellos que se van a declarar en suspensión de actividades –qué curioso, ¿no?-.

El caso es que, para el trámite que yo iba a realizar tuve que pasar a que me tomaran una fotografía, me escanearan las huellas digitales de los diez dedos de las manos –me empecé a quitar los zapatos, pero me dijeron que no era necesario- y me escanearan, también, los iris de los ojos. Para romper un poco el hielo le pregunté a la funcionaria si de pronto, cuando fuera caminando por la calle, llegaría a escuchar una voz en el cielo que me dijera “ciudadano de a pie, pasa a pagar tus impuestos”, un poco como en la película “Vengador del Futuro”, y logré con ello que se riera un poco –sin ganas, como dicen-.

Pregunté, también, si me iban a hacer examen antidoping y tomar muestra de sangre, pero nadie me contestó y afortunadamente no fue necesario ya que ese día ya había desayunado y la noche anterior me había tomado unas cervezas.

El meollo del asunto y lo que más me sorprendió fue que tuvieron que tomarme la foto dos veces ya que la primera cometí el error de sonreír: “le voy a tomar la foto otra vez, sólo que por favor no sonría porque aquí no les gusta que lo haga”.

Ok, sé que esta nota ha estado llena de exageraciones y puntadas cómicas, pero juro que esto último es cierto: En el SAT no les gusta que sonrías. Bueno, eso no es ninguna novedad, ya lo sabíamos, pero nunca me lo habían hecho saber de forma tan directa.

Así que no lo olvide, querido ciudadano de a pie, la próxima vez que vaya a las oficinas del SAT no se le ocurra sonreír, le podrían cobrar un impuesto por ello.
 




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