Sunday 04 de December de 2016

Nos dejarán peor que antes

J. Luis Medina Lizalde      29 Oct 2014 19:59:35

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Nadie nos puede dar la certeza de que la depuración de la policía mediante los dichosos exámenes de control de confianza no resulte un aparatoso garrotazo de ciego más y que al final resulte peor el remedio que la enfermedad.

La labor de limpieza no empezó por donde debía; es decir, por garantizar que los encargados de hacer la tarea no tengan las manos sucias, por el contrario, los equipos gobernantes de municipios y estados responsables están infiltrados en grado desconocido, pero por el crimen organizado, no por algo el régimen mexicano es calificado como altamente permeado por la corrupción por todos los estándares internacionales conocidos.

En México las policías dependen 100% de la clase política que gobierna; a diferencia de otros países, el control social sobre las mismas es inexistente. Si la clase gobernante es corrupta es imposible que las policías a su cargo sean moralmente confiables a pesar de que muchos integrantes individuales, tanto de la clase política como de los cuerpos policíacos, sí lo sean.

Los exámenes de confianza son falibles, la evidencia empírica es la frecuente captura de policías previamente aprobados cometiendo delitos. En contraste, muchos elementos reputados como elementos confiables se van al desempleo por no aprobarlo.

Zacatecas queda peor que como estaba al prescindir obligadamente de un enorme porcentaje de sus elementos, dándose casos tan extremos como el del municipio de Guadalupe en donde 80% de sus policías reprobaron, las mermas de la Policía Estatal Preventiva, la Ministerial y las de cada municipio agravarán la indefensión ante delitos del orden común.

Según lo denunciado por policías despedidos de la capital, a la torpe política federal se le añadió la torpeza local y la corrupción.

La subjetividad de la prueba psicométrica, el polígrafo y el antidoping son herramientas falibles, la primera es altamente subjetiva a decir de los expertos, el polígrafo registra el nerviosismo de alguien que puede estarlo por la perspectiva de quedarse en el desempleo simplemente y si el consumo de drogas es factor de reprobación, ¿por qué no aplicarlo a los meros jefes; es decir, a los presidentes municipales y gobernadores y, ya entrados, en gastos a los legisladores locales y federales, así como a procuradores y jueces?

No debemos ignorar la fama pública de no pocos políticos de élite respecto a su adicción a las drogas.

PURO TEATRO DE LA CALLE
Hay maneras de hacer las cosas que inducen a la sospecha de que los nexos del crimen organizado se cocinan a los más altos niveles, una de ellas es el inverosímil modo de capturar a sujetos presentados como de una ferocidad inusitada, que caen como sorprendidos por su mujer conviviendo con su segundo frente, como le sucedió a Héctor Beltrán Leyva en el momento en que comía con su cuate el empresario queretano, o tan solitarios como políticos en la banca, como el dizque temible Vicente Carrillo Fuentes, aprehendido acompañado nada más que por un sujeto con toda la finta del clásico chofer buena onda y no con temible cuerpo de sicarios resguardándolo.

Lo mismo con el jefe de jefes, El Chapo Guzmán, al que agarraron en brazos de su joven esposa y sus cuatitas en la otra recámara, sin nadie de sus temibles pistoleros que hasta corridos tienen.


Ninguno de ellos contó en el momento de su captura con el poder de fuego que acompaña los movimientos en vehículos blindados, de algunos de nuestros presidentes municipales.

Otra fuente de sospecha reside en las cacareadas Unirse. Retenes fijos mediante instalaciones vistosas para alojar a soldados y policías de diversas corporaciones de manera tal que ni por despistados caigan los criminales, a los que se les dejan despejadas las terracerías aledañas sin más molestia que tener que mandar lavar los vehículos.

Otra razón para pensar que solo simulan es el Mando Único, esquema burocrático que queda exhibido cuando hace usted un inventario mental de patrullas, elementos, armamento, habilidades y destrezas que, sumadas, nos recuerdan aquella carabina que en tanto aprecio tenía un tal Ambrosio.

DESDE ABAJO Y HORIZONTAL
Simular que se atiende un problema es una forma de corrupción tan grave como el problema mismo, en eso participan los tres niveles de gobierno junto con esa porción de la prensa al servicio del engaño bien remunerado, como en La Dictadura Perfecta.

Para los apetitos trasnacionales no hay mal que por bien no venga, mientras Tlatlaya y Ayotzinapa concentran nuestra atención, la Suprema Corte se encamina a negar la consulta sobre el petróleo.

Dice Buscaglia que no tenemos de otra: Salimos a las calles a derrotar la corrupción o nos aguantamos.

Nos encontramos el lunes en El recreo.

Twitter: @luismedinalizalde




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