Thursday 08 de December de 2016

Oro, seda, sangre y sol

Javier Torres Valdez      30 Dec 2013 21:00:10

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La primera corrida de toros a la que asistí, fue cuando tenía seis años y si mal no recuerdo (dados los años transcurridos), fue en la administración municipal de José Manuel Rodarte, el cartel estaba encabezado por el matador Luis Procuna, anunciado como El Berrendo de San Juan, quien en uno de sus toros fue grande, pero en el segundo lo desamparó el ángel de su guarda.

Fue una corrida con cuatro toros, pues lo pequeño de la plaza de Don Isidro de Santiago, no permitía gastos mayores, tuvieron que pasar algunos años para que se diera la primer corrida con seis bureles.

Sin entenderla, me gustó la fiesta, pues se me hacía increíble que un hombre se enfrentara a tan temible bestia, la primera vez, fuí llevado por mi madre, a quien acompañaba su comadre de toda la vida, Jesusita Navarro.

El siguiente año, pude colarme por la puerta principal, pues por mi edad todavía no me cobraban boleto, el tercer año, le ayude a don Rafael Jiménez con sus banderillas, pues su hijo La Mona, traía una borrachera de “agarrapollos” que le impedía caminar en línea recta.

Pasó el tiempo y cada vez tenía que ingeniármelas para entrar a la plaza. Cierto día se me ocurrió comprar una soda, en la fábrica de don Melesio Berúmen y mientras me la bebía, fuí adentrándome en la finca, donde tenía su fábrica de hielo, luego entré a un pequeño patio que colindaba con el corral de los caballos de pica, contiguo al corral de los toros y el ingresar por ahí no presentaba ningún riesgo, puesto que los toros ya estaban “encosados”, es decir, estaban por salir al ruedo; de los corrales me fuí a sombra y sin pagar boleto.

Fui sorprendido en mi viaje por Isidro de Santiago, quien me dijo que no lo anduviera haciendo, que cuando quisiera entrar le dijera y de ahí en adelante y hasta mi mayoría de edad, pude presenciar gratis las corridas que se daban en el ruedo de la calle Reforma.

Sucedió que un día, las inquietudes juveniles, nos hicieron,participar en la organización de una “charlotada”, pero ¿Cómo hacerlo? pues ni siquiera tenía la más remota idea de cómo se agarra un capote.

En esa fechas, me encontraba trabajando en taller de imprenta que había adquirido mi padre, para que yo pudiera sentar cabeza, ya que mi negativa de inscribirme en el colegio militar era rotunda, contradiciendo así sus deseos; a ese lugar llegó El Rondeño, ordenó una publicidad para una novillada que se iba a dar en Villanueva, le propuse regalarle dicha publicidad si me enseñaba como tomar un capote y darle la salida al toro o mejor dicho a la vacas, que se habían conseguido en Huejúcar.

Así me vi metido en el capote que el mismo Rondeño nos facilitó y a los pocos días ya éramos no menos de media docena de paisanos entrenando para la charlotada que presentaríamos.

En aquella ocasión, se anunció como matador a Memín Varela y a Chilano Correa, los demás participamos como sobresalientes, banderilleros y peones de brega, yo sin saber ni como, me ví anunciado como banderillero, cuando de lo único que podía presumir era de conocerlas.

En ese festival participó también La Ticha Correa, Sixto Correa, El Gorupo Landeros (padre), El Judas Landeros, Rutilio Rompenubes Guzmán y varios paisanos más.
 




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