Friday 20 de January de 2017

¿Pacto “por México” segunda parte?

J. Luis Medina Lizalde      5 Nov 2014 21:29:24

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La profundidad de la crisis mexicana hace lucir a la cúpula gobernante totalmente perdida, sin imaginación ni siquiera para el engaño. Proponer otro Pacto “por México” como salida describe una desconexión con la realidad frecuente en fases agónicas de un régimen cuando se le ha agotado la capacidad de auto-regeneración.

Le sucedió a Porfirio Díaz y allegados, como a los países de Europa Oriental cuando el derrumbe soviético. La razón es muy simple: toman tantas medidas para que los pueblos no conozcan la verdad que las cúpulas terminan alimentándose de las distorsiones consagradas como verdades oficiales difundidas con cargo al erario y a controles autoritarios diversos.

Pactar reformas es un ejercicio saludable cuando lo que se acuerda no es contrario al sentir mayoritario y cuando se dispone de capacidad de interlocución con quienes resultan sacrificados en aras del interés general.

Cuando Jesús Reyes Heroles y Arnoldo Martínez Verdugo pactaron la reforma que introduciría a la institucionalidad electoral a los que desde el clandestinaje enfrentaban al régimen operaron concientes de que los sectores más intransigentes se volvieron vulnerables a las acciones más radicales de la oposición.

Lo mismo se secuestraba al suegro de un Presidente de la República en funciones (Guadalupe Zuno, padre de la esposa de Luis Echeverría) que se atentaba contra la integridad de la hermana del presidente electo (intento de secuestro de Margarita López Portillo, evitado a sangre y fuego).

Abundaban las acciones que tenían como blanco a prominentes acaudalados (perdieron la vida Eugenio Garza Sada en Monterrey y Fernando Aranguren en Guadalajara).

Los promotores del Pacto “por México” segunda parte pueden argumentar que en Colombia se produjo un pacto entre las élites políticas para reducir los niveles de violencia, logrando recuperar la tranquilidad de las élites, pero no la del pueblo.

Este sigue padeciendo los efectos de que Colombia siga siendo el principal proveedor de la cocaína.

¿Eso quiere Enrique Peña Nieto, un pacto que reduzca los niveles de violencia para circunscribirla a los simples mortales y sin que se perturbe la tranquilidad de las élites?

Las aterrorizadas élites colombianas, ablandadas por la inmisericorde ofensiva de “los extraditables”, cercenaron sus partes gangrenadas y mandaron a prisión a centenares de políticos en pleno poder.

Entre ellos hay un senador primo hermano de Álvaro Uribe, su caudillo derechista, y un ministro de las fuerzas armadas de nombre Fernando Botero, hijo y homónimo del artista plástico más reconocido en la historia de Colombia. ¿Se atreverán los pactistas de Peña Nieto a serruchar sus partes gangrenadas? Es difícil imaginarlo.

Nada será igual después del crimen de Iguala

Ayotzinapa está cambiando el rostro de México. La horrible tragedia tocó las fibras sensibles de jóvenes que, estupefactos, descubren la pesadilla nacional de las fosas clandestinas, las desapariciones forzadas y la mentira oficial.

Hasta ahora nada puede desplazar la demanda que amalgama voluntades: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, pero en el tiempo transcurrido desde aquel fatídico 26 de septiembre se ha gestado la conciencia de las zonas gangrenadas de la realidad nacional.

Las impresionantes movilizaciones muestran en improvisadas mantas y cartulinas el rechazo a las reformas estructurales verticalmente implantadas, el asco por la impunidad reinante, la reivindicación de la educación pública y el compromiso con las libertades.

Se confirman los peores temores de la minoría apoderada del país: la conciencia es contagiosa. El ejemplo de madurez ciudadana que ofrecen los jóvenes que protagonizan el paro nacional es secundado por sectores que han callado sus propios agravios hasta ahora.

Cuidemos a nuestros jóvenes, lo mejor que tenemos
El martes, en la plazuela Goitia, la concurrencia escuchó conmovida el testimonio de la comisión de Ayotzinapa, conformada por padres de desaparecidos y por un estudiante sobreviviente del horrendo episodio.

Narraron lo inenarrable y al final, una zacatecana valerosa, madre doliente, micrófono en mano, les dijo a los presentes que su hijo no era normalista, que era trabajador universitario desaparecido desde hace cuatro meses y que nadie la escucha, como a tantas y tantas madres de aquí, de allá y de más allá.

Una apreciable virtud de la globalización es la fijación de límites a los autoritarios; sin embargo, la represión es tentación de desesperados.

Repuestos de la sorpresa, se advierte la operación controladora desde las burocracias educativas que, como siempre, se parapetan en una hipócrita preocupación por no perder clases para debilitar la respuesta a la emergencia nacional desde la movilización social, pero por más que se afanan es insuficiente. ¿Si no lo logran, reprimirán?

Pactos sí, pero no entre élites corrompidas. Reformas sí, pero las que la ciudadanía decida.

Nos encontramos el lunes en El recreo.




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